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 La larga travesia. La Ira de los Dioses. Capitulo I

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Ankalagorn
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MensajeTema: La larga travesia. La Ira de los Dioses. Capitulo I   Mar Nov 29, 2016 3:07 pm

En la segunda mochila de la mesa habían unos libros. Angost tampoco le presto demasiada atención, ni ninguno de los demás, les iria bien para un viaje tan largo, como pasatiempo- Penso el príncipe.
Al salir dejaron la puerta abierta. Los soldados entraron en tromba, todos esperaban que se abriera la puerta y asi ocurrio. Los sastres no prestaron atención, tan solo se dedicaron a mirar imperturbables a los soldados que iban entrando y cruzándose con ellos, por ambos lados de la puerta.
Halaf vio a Steiner y Siete mas adelante. El Rubio negó con la cabeza. Entonces lo tuvieron claro, EL Brujo ya no estaba.

-No vamos a dejar que os llevéis nada de ese loco!- Dijo Siete. – Son poderosos objetos que pueden servir para defender Elendil.
Steiner miraba al suelo en silencio. Su tristeza era casi palpable.
-Ustedes verán- Decia Angost- Es la ultima voluntad de un muerto, por muy malvado que sea, en mi tierra despreciar la ultima voluntad de alguien que va a morir, trae desgracias, además de ser un deshonor.
-Me importa una mierda las desgracias, chico!- Dijo Siete agarrando de la pechera a Angost- Te parece poca desgracia la que ha causado tu amigo?- Siete apretó los dientes con rabia.
-Por favor- Dijo Angost sonriendo- Las manos fuera- Siete lo miro desafiante, el Principe le aguanto la mirada sin perder la sonrisa.
-Basta- Intervino Steiner- Sueltalo Siete- Dijo con voz abatida- Por mi que se lleven todo eso.
-Como?!!- Dijo sorprendido Siete.
-Que se lo lleven. Que se vayan de aquí. Si dejamos esto aquí lo mas que puede pasar es que esos objetos los coja el enemigo y aun se haga mas poderoso. Si escapa gente con vida, será mejor que no reforcemos mas a esas alimañas de lo necesario.
-Pero…- Siete quedo unos instatantes pensativo.
-Si alguien debe tener esos objetos, son ellos.
-Esta bien- Siete se relajo. Los Sastres también.
-Huid de aquí- Dijo Halaf de repente- Venid con nosotros. Volveremos preparados para luchar contra ellos. Aquí …vuestras muertes no servirán de nada.
-Mientras un ciudadano se quede en Elendil, defendiendo su hogar, aquí permaneceremos nosotros- dijo Steiner, mientras sus ojos brillaban.- Asi lo habría querido Dimmu, que en paz descanse.
Ojala pudiera descansar en paz- Penso mas de uno de la Banda.

Tras 2 dias de vieje llegaron al lugar indicado en el mapa. Noo les costo demasiado encontrarlo con el mapa. Si esperaban encontrar un viejo barco pesquero, pequeño y corroído por la sal y el tiempo, se equivocaron. El barco de Martin era bastante grande, para ser un pesquero, de unos 15 o 20 metros de largo, además de estar muy bien cuidado, y ser francamente nuevo.
-Si no hubiese sido ese oscuro personaje el que hizo el trato conmigo, sin duda ya me habría largado- Les confeso Martin- Mi casa. Esa que veis en aquella colina, esta prácticamente vacia de cosas necesarias, todas están en el barco. He pasado estos últimos días llenándolo de cosas imprescindibles. Disponemos de agua y provisiones para los 6, para 3 o 4 semanas. Después tendremos que hacer algunas paradas.

Martin era un hombre de unos 55 años. Pelo cano, y barba de un par de semanas. Ojos azules, casi blancos. Vestia informal, con ropa normal. Para sorpresa de Angost, cuando se acerco no olia a alcohol, esa era bueno, para la empresa que les acontecia, ni siquiera a pescado, que era su supuesta profesión, su olor era mas bien a sudor y a trabajo.
-Nadie me creyo hace meses, cuando decía que el fin del mundo estaba cerca. La gente se reia cuando me veian comprar provisiones para cargar mi barco. Ahora quien se rie de quien?! JAA!
Por mi se pueden pudrir ahora! Que los follen! JAJAAJA!

Cuando apareció aquí ese tipo…vuestro amigo por poco me cago en los pantalones al ver los 2 metros de tio! Creia que iba a matarme, pero solo quería hablar y hacer un trato. Eso me recuerda a que le falta una parte por pagar- Lothar le dio las 200 de oro- Supongo que el no vendrá…- De repente un terremoto sacudió el lugar por unos interminables segundos, el barco se balanceo de un lado a otro, tanto que pareciera que se fuera a hundir- Joder nunca había sentido uno igual- Miles de gritos se escucharon en la lejanía- Los dioses están cabreados con nosotros- Dijo sombríamente Martin.- Salgamos de aquí cuanto antes, de esta tierra condenada. Unas cosas antes de poner un pie en mi barco:
Se que sois tipos peligrosos, se os ve… y vais armados, por lo que no quiero tonterías a bordo. Vamos a llevarnos todos bien, porque se que en el fondo, todos somos tipos muy majos…asi que vayamos con las normas: una yo soy el capitán, en el barco mando yo. 2 si paramos en algún lugar al amanecer partimos. Si alguien no esta presente se quedara en tierra. 3 en el barco todos trabajan. Lo que yo ordeno va a misa. 4 Si en algún momento pensáis ,que cualquiera de vosotros o que otra persona, por muy marinero que se haga llamar, es capaz de gobernar esta nave… estais o estará muy equivocado. 5 cuando yo descanso, el barco descansa, por lo que si me ayudais bien, cumpliendo lo que os digo,estare mas descansado y el barco ira mas rapido
6. Cualquiera de las reglas se pueden cambiar si a mi me sale de los cojones, por eso soy el capitán… pero siempre os dire que regla va a cambiar, antes de que la cumpláis.
Si estais de acuerdo, podeis subir al Ira de los Dioses.
- A mi…me parece razonable- Dijo Angost.- Si alguien entiende de barcos es vos, caballero.
- Llamame Martin- Dijo el Capitan, sonriendo a Angost con su amarilla dentadura.
- Encantado Martin , Angost para servirle, al menos en el barco- Se sonrieron mutuamente.

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Tyrok
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MensajeTema: Re: La larga travesia. La Ira de los Dioses. Capitulo I   Mar Nov 29, 2016 6:16 pm

Tyrok sabía que no sería sencillo salir de rositas de aquel lugar con aquellos poderosos objetos, la capa era fácil de esconder y por eso la guardó en la mochila, pero… el mandoble, aquella puerta a la que llamaban escudo y la hermosa armadura, imposible. Es por ello que la serpiente decidió ser precavido y portar una daga bien escondida bajo su manga, si alguien trataba de interponerse en su camino y sus compañeros decidían hacerle frente, aquel pincho se encargaría de penetrar en el cuello de su adversario rápido como la picadura del animal que le daba su apodo.

- No vamos a dejar que os llevéis nada de ese loco!- Dijo Siete. – Son poderosos objetos que pueden servir para defender Elendil.

Steiner miraba al suelo en silencio. Su tristeza era casi palpable. Mientras Tyrok podía sentir con su dedo meñique el frío acero del pomo de la daga que estaba deseando deslizarse por su manga

- Ustedes verán - Decía Angost - Es la última voluntad de un muerto, por muy malvado que sea, en mi tierra despreciar la última voluntad de alguien que va a morir, trae desgracias, además de ser un deshonor. -

Grande, su compañero era grande, tenía labia de sobra para llevar a su terreno al más testarudo entre los testarudos en el momento de mayor nerviosismo. Su labia no tenía parangón en toda la Tierra Media.

- ¡Me importa una mierda las desgracias, chico!- Dijo Siete agarrando de la pechera a Angost - Te parece poca desgracia la que ha causado tu amigo? - Siete apretó los dientes con rabia.

Mientras esto ocurría La Serpiente se dedicó a observar cual era el mejor lugar para asestar su mordedura. Un golpe de abajo arriba por debajo justo de su mandíbula entraría en su cerebro como si se tratase mantequilla, ese era su punto débil, ese y cualquiera de sus ojos

- Por favor- Dijo Angost sonriendo - Las manos fuera - Siete lo miro desafiante, el Príncipe le aguantó la mirada sin perder la sonrisa.

Tiene un par de pelotas bien puestas este Angost, a veces su cortesía le hace parecer temerario, pero resulta adorable verlo actuar así.

- Basta - Intervino Steiner - Suéltalo Siete - Dijo con voz abatida - Por mi que se lleven todo eso. -

- ¡¡¿Cómo?!! - Dijo sorprendido Siete.

- Que se lo lleven. Que se vayan de aquí. Si dejamos esto aquí lo más que puede pasar es que esos objetos los coja el enemigo y aun se haga más poderoso. Si escapa gente con vida, será mejor que no reforcemos más a esas alimañas de lo necesario. -

- Pero… - Siete quedo unos instantes pensativo.

- Si alguien debe tener esos objetos, son ellos. -

- Está bien - Siete se relajó. Los Sastres también.

- Huid de aquí - Dijo Halaf de repente - Venid con nosotros. Volveremos preparados para luchar contra ellos. Aquí …vuestras muertes no servirán de nada. -

- Mientras un ciudadano se quede en Elendil, defendiendo su hogar, aquí permaneceremos nosotros - dijo Steiner, mientras sus ojos brillaban. - Así lo habría querido Dimmu, que en paz descanse.

Ojala pudiera descansar en paz - Pensó más de uno de la Banda.

Mientras se alejaban Tyrok volvió a guardar la daga en su sitio. Tanto Tarsil como Lothar se dieron cuenta. El Tahúr se limitó a sonreír, pues no esperaba nada menos de su compañero. Mientras el Jilgero preguntó:

- ¿Qué pensabas hacer con ese pincho?
- Clavarlo en el pescuezo de ese hijo de perra si se le hubiese ocurrido tocar un pelo de Angost – respondió Tyrok
- Estaba todo controlado compañero – sonrió Angost
- Es bueno saber que tenemos un guardaespaldas capaz de arriesgar su vida de esa manera por nosotros – replicó Tarsil
- ¿Por nosotros? Aún te faltan algunos méritos para que esté dispuesto a dar mi vida por la tuya. De momento se que cantas como los ángeles y te gustan las mujeres como a mi el olor de la sangre, poco más me has demostrado. - aquellas palabras sonaron a mofa a los oidos de La Serpiente
- ¡Tyrok…! – dijo Lothar – No es momento de enfrentarnos entre nosotros –
- Vale – dijo La Serpiente que ya había dejado clara su postura

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Ankalagorn
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MensajeTema: Re: La larga travesia. La Ira de los Dioses. Capitulo I   Jue Dic 01, 2016 11:33 am

Al principio vieron algunos barcos, pero pronto desaparecieron, tomando otras rutas.
-Por el Norte… Por que por el Norte? Esta todo congelado. La gente va hacia el sur.
-La gente es imbécil- Respondio Martin- Los orcos han dejado las tierras vacias de recursos. Los que vayan por el sur morirán a mitad de camino. Ademas no quedan civilizaciones. Por el Norte encontraremos con Lossoth y Loggatig, son un poco salvajes, pero podremos tratar con ellos si les damos lo que quieren.
-Y que quieren?
-Carne… y piel.

La primera parada fue antes de lo previsto: a las 2 semanas y unos pocos días tras partir.
Estaba todo congelado, pero Martin quería dar un paseo por tierra…o por hielo.
-Que vamos a encontrar aquí?- Pregunto Angost. Iba vestido con un atuendo de gruesas pieles, que Martin se había encargado de comprar en Elendil para sus pasajeros. No había nada que aportara mas calor en cuanto a ropa en Elendil, según le habían dicho Zorther el Curtidor
-Te acuerdas que os dije hace unos cuantos días?- Angost negó con la cabeza. Era el único, junto a Halaf que habían venido en el bote del Ira de los Dioses, con Martin.- carne y pieles. En esta Isla encontraremos unas focas muy apreciadas por Lossoth y Logatthig, que son los que mas me preocupan, están casi extinguidas. –Martin se quedo pensativo un instante- Una foca es eso que tenemos alla delante, como a unos 25 metros- Dijo señalando. Como veis llevo unos cuantos años preparado para este dia JAJAJA. Halaf! Coge los picos y los ganchos que hay en el bote.- halaf se quedo pasmado con los ojiplatico.- Que pasa chico? Has visto un fantasma?
-No… no le da pena matar a unos seres… no se…
-Pena? Por que?
- mírelos. Es casi como matar a un bebe.
-No lo había visto asi, pero gracias Sir Halaf, ya me ha jodido el dia. Si no esta preparado, vuélvase y que venga Tyrok o Lothar. Yo prefiero verlo de otra manera…si no le damos para abrigarse y para comer a esos salvajes Loggathig, tal vez seamos nosotros a los que nos coman.
-No… Puedo hacerlo. -Dijo Halaf
- Y vos? Sir Angost…
- si… si…claro, para eso he desembarcado, para matar bebes. Andando!

Los días pasaban y el hastio y el tedio eran las notas dominantes cada dia. Para colmo estaban parados ya un par de días. Según martin, el hielo no los dejaba avanzar y el barco corria serio riesgo. Las ultimas informaciones no eran muy halagüeñas, a la pregunta de cuanto tardarían en llegar a la civilización oriental, Martin les había respondido que con suerte 10 meses…10 meses! Con suerte! Angost hasta pensó en quedarse a vivir en alguna aldea Loggathig, mas tarde desecharía tan desafortunada idea. Angost recordó entonces que tenían unos libros que les había regalado el brujo, durante ese dia los estuvo hojeando- Son hechizos- Dijo para si- vaya…interesante… podrían aprovechar el viaje de una manera bastante didáctica. Corrio a decírselo a sus camaradas: - Por cortesía del brujo … quereis aprender magia?- Dijo, al estilo Angost. Martin se dedico a dedicarle una mirada de reojo algo enojada, no supo si por que no le gustaba ese tipo de bromas o de si se os ocurre os pateo el culo, pero la cosa quedo ahí.

Por fin el barco comenzó a navegar al tercer dia. La cosa parecía peor si se quedaban esperando que el hielo bajara, pues cada vez parecía hacer mas frio. Hubieron momentos de gran tensión, cuando el barco golpeo algún trozo de hielo, pero afortunadamente El Ira aguanto bien, al fin y al cabo Martin lo había preparado para ello. Para su orgullo confeso que estaba aguantando mejor de lo que el mismo pensaba.

Recibieron el cuarto dia tras el paron, con una importante ventisca. En muchos momentos martin tuvo que delegar el timon en varios de ellos, para que sus manos no terminasen congeladas y cayendoselas a trozos. Angost se mareo y estuvo todo el dia malísimo, le siguieron Lothar y Halaf.

- Buenos días! Nos ha amanecido un dia cojonudo!- Martin parecía feliz. La tormenta había pasado y el sol brillaba en el cielo- Vamos bebes foca, salid a tomar el sol con papi JAJAJA! Tal vez mas tarde no haya sol que tomar! – Martin era un perfecto anfitrión además de capitán. Sin duda era el que mas trabajaba en el barco y el que mejor se movia, lógicamente, ademas de no marearse nunca, era un tipo alegre y amigable, al menos con ellos, bastantante tosco en sus formas, aunque tambien entrañable... - Hemos vencido cabrones!- La voz de Martin se escucho desde cubierta, hasta los camarotes en los que estaban- Putos Dioses! Pensáis que vuestros soplidos y ventosidades pueden ahogarme, congelarme, hundir mi barco? Y una PUTA MIERDA!-... aunque estaba un poco loco. Angost se asomo por la escotilla o trampilla de cubierta justamente cuando Martin le dedicaba un corte de mangas al cielo- Jodeos!


OFF: Ya os dire lo que esconden los libros
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MensajeTema: Re: La larga travesia. La Ira de los Dioses. Capitulo I   Jue Dic 01, 2016 4:35 pm

Una sonrisa se le dibujo en la cara al jilguero, simplemente no esperaba mas de esa persona, meditandolo brevemente le contesto al momento.
- Tienes razon que a tus ojos no he hecho nada por ser como tu dices, tampoco lo pretendo, ni pretendia hace tiempo matar al Santo Padre, ni participar la exterminacion de millones de vidas por un trato en el cual yo no tenia alma en pena, pero si, esa fue mi decision, el unirme a un grupo de picaros truhanes y acabamos siendo exterminadores y asesinos, a decir verdad nunca me imagine asi, perseguia la fama de otra manera, esta no se la deseo ni a mis enemigos, pero que se le va a hacer, las decisiones son para asumirlas, y con esto solo quiero decirte que realmente me importa un pepino, tu vida, la mia y la de cualquier otro en este momento, pero lo extraño es que de mi hayan podido salir tales palabras como las que te acabo de mentar, pero en fin, un desliz lo puede tener cualquiera, asi que mejor nos apresuramos de salir de este infierno que hemos provocado y nos vamos al barco, pues creo que me encerrare en mis pensamientos hasta que mi prosa sea digna de ser pronunciada.

No espero contestacion de ninguno, ni la queria, solo deseaba salir de la ciudad rapidamente, partieron, raudos como el viento, hasta llegar a la casa de Martin, un tipo fiel a sus creencias y principios, que se reia de su propia vida a su manera, pero no era la mejor de las compañias para Tarsil, la verdad es que no deseaba su muerte, ni la de nadie de su alrededor, pero el jilguero habia entrado en una noche la cual le absorvia poco a poco su luz. Accedio a las directrices que el capitan puso antes de subir al barco, Tarsil era una tumba, hacia ya dos dias que no habia hablado con nadie, evadiendo al siempre alegre Angost, que era el que mas se interesaba por el animo del pajarillo.
Cuando Angost comento lo de los libros, fue el unico momento que mostro algo de presencia, pues se dedicaba a trabajar en lo que el capitan le ordenase y el resto tumbado en la cama, siempre de lado, mirando hacia las paredes del barco, y lo peor de todo no era ese clima en el barco, sino el que venia de fuera, el frio no le gustaba, los resfriados hacian que las voces sufrieran y en algunos casos que se perdiera la calidad de agudo a grave, y para su musica eso seria la muerte, por eso lo odiaba tanto, frio y eso solo tenia por doquier frio.
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Tyrok
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MensajeTema: Re: La larga travesia. La Ira de los Dioses. Capitulo I   Jue Dic 01, 2016 9:29 pm

- Supongo que cuando dices prosa querrás decir poesía Jilguero, tal vez los nervios te hayan traicionado - a Tyrok le extrañó aquel comentario, puesto que la prosa no era más que el lenguaje hablado y la lírica o posía el lenguaje musical con el que Tarsil trataba de deleitarnos - No me lo tomes a mal, creo que todos estamos más nerviosos de la cuenta ante lo que nos espera, incluso Angost que vive en un mundo de aparente eterna felicidad. Siempre hay que tener un motivo por el cual desear vivir, sino, todo es una mierda mucho más grande de lo que ya de por si es. Trato de no pensar nunca en lo que queda atrás, más bien de pensar en el camino que aún me queda por recorrer. Si mi consejo te sirve de algo, cuanto antes busques un motivo por el cual vivir, menos ganas de morirte tendrás, a mi estos cabrones me lo dieron. - si mi vida le importa una mierda a este capullo, ¿por qué mierda cojones le doy explicaciones? ¿Tal vez me estoy ablandando? Tyrok volvió a mirar el puño de su daga y recordó lo que hace unos instantes estuvo a punto de hacer, no... para nada, se dijo
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kang
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MensajeTema: Re: La larga travesia. La Ira de los Dioses. Capitulo I   Dom Dic 04, 2016 7:31 am

La ira de los dioses navegaba por el mar de los hielos. Con viento de cola y el capitán al timón partía el mar con suavidad. Lothar bajaba de las jarcias para acabar en la cubierta. Allí se encontró con el Jilguero que miraba al frente. Tan callado como de costumbre.
- Tarsil, no vendría mal que te cantases algo.
- No estoy de humor, Tahur.
Sonó con resquemor. En su cara se reflejó un atisbo de odio. Lothar no pudo reprochárselo. Como ellos lo había perdido todo, pero en cambio no había ganado nada.
- No vas a estar así siempre. Y nadie va a pedirte perdón por lo que ha ocurrido. Esto no funciona así.
- Déjame en paz.
- Si quieres podemos practicar con la espada, quizás así te saques algo de rabia de encima.
Lothar leyó perfectamente en su cara ese deje asesino que todo hombre posee cuando se le pincha adecuadamente. Su gesto lo decía todo, saca la espada si te atreves porque te voy a matar.
- Si quieres…- Fue la escueta respuesta del juglar.
La cubierta se llenó del ruido del acero. Tarsil golpeaba con todo su odio, dejándose llevar. Su estilo era diferente al de la banda. No por ello era peor, pero no era rival para Lothar que le dejó llevar todo el peso del combate. Lothar se dedicaba a aguantar los envites del Jilguero. Pero Tarsil era incapaz de abrir la guardia del Tahúr. Al rato largo, Lothar se cansó de aguantar la furia venida a menos del juglar. Bloqueó con su escudo, dio un paso lateral y empujó con el escudo sobre el hombro de Tarsil que caía sobre su rodilla. El plano de la hoja de Siniestra le levantó la barbilla a Tarsil, obligándole a mirar a Lothar.
- Luchas bien amigo. Pero esa rabia no es buena compañera en combate.
Lothar envainó su espada negra carbón y le tendió su mano enguantada. Tarsil no despreció el gesto.
- Te sienta bien entrenar. Si quieres podemos practicar a menudo.
- Puede. Y puede que la próxima vez seas tú quien acabe de rodillas. No creas que no me he dado cuenta que me has dejado golpearte hasta que me cansase. La próxima vez será diferente.
Lothar le sonrió sinceramente, casi divertido. El jilguero era un buen luchador, pero le quedaba bastante para alcanzar a Lothar, que empezaba a perfilarse como un verdadero maestro con la espada.
- Vosotros dos dejad de jugar con las espadas. Hay cosas que hacer en el barco. Coged las piquetas y comenzad a quitad hielo. El barco necesita mimos, no idiotas jugando a los soldaditos. – Los gritos del capitán desde el otro lado el barco.
- Estoy un poco harto de tanto grito y tanta orden de Martin. – Dijo guiñándole un ojo al Jilguero.
- Si yo también.
Tanto Lothar como Tarsil, no estaban acostumbrados ni a trabajar ni a recibir órdenes. La vida en el barco no era para Lothar. Pero cogió la piqueta y empezó a quitarle hielo al Ira.
De pronto empezó a escuchar una canción de fondo.

El príncipe se internó en el norte.
Llevaba una poderosa mercancía
Pero el hielo se lo tragó
Como si recibiera un corte
El hielo y sus profundidades lo atraía
Y el mundo de los hombres enmudeció
El príncipe que iba a ser rey del mundo
Se perdió
Y con el palantir que todo lo se hundió
La tierra tembló
Y el señor oscuro se complació.

La canción seguía rimando y hablaba del frio norte y un señor oscuro. Lothar no conocía nada de todo aquello. Esa canción era más vieja que el propio Aragorn el mítico rey que fundó la edad de los hombres.
Abajo en la cubierta Halaf se sumergía en la lectura. El libro que escogió primero tenía una caligrafía delicada, algo alargada y fina. Por desgracia, era tan complicada como exquisita. Halaf tuvo que releer varias veces cada página para comprender lo que decía. Al principio hablaba de las palabras de poder, pertenecía a una lengua oscura y antigua, un idioma conocido como la Lengua Negra. El libro en su primera parte explicaba como transcribir esa lengua oscura, mas bien como decir en la lengua común esas extrañas palabras. Las paginas decían claramente que hasta que no se alcanzara una correcta pronunciación unido al poder interior o esferas de poder, el hechizo no funcionaria. Aumentar las esferas de poder tampoco era una tarea minina. Según el libro, podían tardarse años en conseguir dichas esferas a cambio de sufrimiento, dolor y perseverancia.
Al rubio le ardían los ojos. Los cerró y se masajeó las sienes. La cabeza amenazaba con estallar cuando notó una mano en el hombro.
- Descansa amigo, llevas horas delante del libro. – Angost le tendió una de sus interminables sonrisas. – Vamos a cenar.
- ¿Ya? – El rubio tomó conciencia del tiempo y cerró el libro.
A la mesa Martin presidía como capitán y esperó a que Tyrok sirviera lo que había preparado. Sopa de bacalao y tocino en salazón acompañado de unas manzanas.
- Mañana iremos a cazar focas. Lothar, Tyrok, preparaos para una aventura en el hielo. Halaf es demasiado tierno para esos menesteres.
Todos se rieron, hasta el jilguero, que de vez en cuando se dejaba llevar por la situación.
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kang
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MensajeTema: Re: La larga travesia. La Ira de los Dioses. Capitulo I   Dom Dic 04, 2016 10:40 am

Otro día amanecía. El sol se levantaba lánguidamente y no tenía ganas de calentar. Hacía frío, mucho. Lothar se afeitó como cada mañana. No quería que se le congelara la barba.
Luego se caló bien al abrigo los guantes y la braga para el cuello. Se sentía caliente, de momento. Todo cambiaría en cuanto subiese a cubierta.
El ira navegaba con la suave brisa. Martin había tendido todo el trapo, pero el barco no superaba los cuatro o cinco nudos. Como cada mañana, el Tahúr cogió la picoleta y empezó quitar hielo. Por la noche recobraba fuerza y por la mañana se dedicaban a quitárselo. Era una lucha perdida, pero no por eso había que dejar de luchar.
A media mañana llegó el momento de subirse a las jarcias. Era de lo poco que le gustaba hacer a Lothar en el barco. Martin les había enseñado unos cuantos nudos para atar las velas. Lothar se encaramó para soltar la vela de mesana. El barco comenzó a ganar velocidad.
Desde lo alto del palo el tahúr vio algo.
- Martin – Dijo gritando. – Hay algo en ese tempano de hielo de la izquierda.
Los improperios del capitán se escucharon en todo el barco. Pero a Lothar no se le metía en la cabeza eso de babor o estribor y eso hacía perder los estribos al capitán. Lothar en cambio se reia por no cortarle la cabeza, él tampoco llevaba bien lo de que le gritaran. Pero el barco viró. Echaron el ancla y desembarcaron en el inmenso tempano. Una nube de pájaros salió en desbandada cuando se acercaron al enorme bulto congelado.
- Es una ballena lobo. – Dijo Martin. El enorme animal tenía una herida en el costado que posiblemente le había costado la vida. Era profunda y sufría un desgarro importante. Todos tenían la misma pregunta en mente pero ninguno dijo nada, ¿ que habría podido infringirle ese herida a la ballena?
Martin levantó el labio y les enseñó las fauces. Una fila de dientes aserrados que dejaba en mantillas a los de un huargo asomaron para amedrentar un poco más a la banda.
- Si, la ballena lobo es una bestia temible. Por suerte no le gustan los barcos. A trabajar, tenemos que aprovechar estos golpes de suerte.
De pronto Lothar escuchó un sonido lastimero. Dio la vuelta a la ballena y allí estaba. Era una bolita blanca de pelo suave. Tenía las puntas de las orejas negras así como las manos y los pies.
- ¿Qué haces tú aquí solo?
Le lamió el guante y se acurrucó en su regazo. Luego, Lothar se dio cuenta debajo de la ballena asomaba una cola y los cuartos traseros de un animal. Era la madre, por algún motivo la ballena había rodado o hundido aplastando a la madre. Lothar se compadeció de la criatura.
- Que cojones haces Lothar, hay mucho trabajo. Hay que cortar a este bicho y sacarle toda la grasa posible. – Martin ni lo miró.
- ¿Qué es eso?- Preguntó curioso Angost
- Un cachorro de lobo.
Al oir eso Martin levantó las orejas de punta y se acercó.
- Eso no es un lobo. Es un huargo de las nieves. Una bestia fuerte. Mátala.
El cachorro soltó un gemido y se acurrucó contra Lothar.
- Creo que no. Esta se viene conmigo.
- Cuando crezca será un problema, además no quiero el barco lleno de mierdas y meados de ese bicho.
- Por eso no te preocupes. Yo me encargo de cuidar y limpiar.
- Advertido quedas a la primera mierda que pise el chucho va por la borda.
Lothar hizo caso omiso de Martin. Por algún motivo Lothar se encariñó del animal. Sacó un trozo de tocino y se lo ofreció a la cachorra. Este lo lamió y luego lo devoró con hambre. Definitivamente Lothar se quedaba con la cachorra.
- ¿qué nombre le vas a poner? - Halaf estiró la mano y acarició la cabecita y la loba le lamió los dedos.
- Niah, la loba valiente.
Lothar la dejó suelta y se puso a trabajar con el resto. Pasaron tres días desguazando a la ballena y jugando con Niah. Lothar cada vez estaba más encariñado con el animal. Y desde bien temprano empezó a enseñarle cosas. El animal parecía bastante listo y ambos empezaban a encariñarse. Lothar agradecía el calor de la bola de pelo por las noches. Se le acurrucaba como un carboncillo caliente en el regazo. Lo único malo era cuando Lothar se subía a las jarcias y Niah no podía seguirle. Gruñía y ladraba a la vez que arañaba el mástil. Lothar no perdía detalle de la cara de Martin. Sabía que le fastidiaba el huargo. Pero Lothar no cedió ni un apice. Y por muy capitán que fuera el tahúr no dio su brazo a torcer y un buen capitán sabe cuándo si y cuando no. Y esta vez había perdido como cuando se sentaba a la mesa a jugar a las cartas con el tahur….
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MensajeTema: Re: La larga travesia. La Ira de los Dioses. Capitulo I   Dom Dic 04, 2016 2:21 pm

Martín miró a Tyrok y le hizo un gesto, con la cabeza, al mirar La Serpiente en la dirección que el capitán le señaló pudo ver aquel pequeño animal de piel blanca, Tyrok asintió. Fue rápido al barco, allí guardaban el poderoso arco de los altos elfos, así como un buen surtido de flechas.
Sigiloso como el animal que le daba el apodo se aproximó hasta una distancia que le permitiese acertar a su víctima. No había disparado jamás con un arco, o al menos no recordaba haberlo hecho nunca, pero si que había visto hacerlo en muchas ocasiones. Aquel arco daba la sensación a su portador de ser tan bueno con él como cualquier elfo de la primera edad. Apuntó a su víctima, ya veía en su imaginación al pobre animal muerto y envuelto en sangre, pero no… su primer disparo fue algo desviado y la flecha quedó clavada en el duro hielo a escasos centímetros de su pieza, la foca se asustó y trato de huir, Tyrok volvió a cargar el arco todo lo rápido que pudo para asestar esta vez si un flechazo mortal, la flecha penetró desde la espalda atravesando todo el blando cuerpo del animal hasta volver a clavarse en el hielo. Murió casi en el acto.
Cuando La Serpiente se acercó pudo distinguir en el frio hielo el olor metálico que tanto echaba de menos y que despedía la sangre fresca. Otra piel con la que poder comerciar.
No iba con Tyrok el hecho de tener que ser un simple camarero o cazador, es por ello que estaba deseando volver a pisar tierra firme y dejar de lado el maldito mar y el hielo que pisaban, sabía que todos debían colaborar de una forma o de otra. Lo único que le hacía sentirse vivo era los ejercicios que realizaba para no perder la forma, así como cada vez que tenía un instante para poder dedicar a la lectura de los extraños libros que Ankalagorn nos había dejado. Así podía abstraerse del sopor del día a día, del continuo encadenar de días en los que solo podía verse un horizonte blanco.
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MensajeTema: Re: La larga travesia. La Ira de los Dioses. Capitulo I   Miér Dic 07, 2016 4:15 pm

Otro día igual, la niebla y una tormenta de nieve que parecían empeñadas en partir el barco en mil pedazos, dieron paso a la visión que casi cada día nos visitaba, la inmensidad blanca. La monotonía del día a día nos llevaba a veces a pensamientos absurdos, rifi rafes sin sentido, un me has mirado de esta forma o me has hablado de esta otra. Los que siempre coincidían era alguna mirada llena de inquina hacia el capitán, todos salvo Angost que parecía haber tomado de alguna droga que lo subyugaba a un estado de felicidad plena y educación total.
La monotonía del día a día solo era rota por los entrenamientos que llevábamos a cabo siempre que el clima nos dejaba y el capitán no nos mandaba que le limpiásemos las pelotas. También las extrañas escrituras que Ankalagorn nos dejó nos proporcionaban un entretenimiento extra.
La cecina ya nos sabía a madera, ahora teníamos pescado en salazón prácticamente en cada comida, ciertamente sabía bien, pero no tardaría mucho en parecernos mierda con sal.

- Mirad aquello chavales – nos sorprendieron aquellas palabras de Martin que señalaba con su mano a babor – Ya habéis visto una de estas criaturas muerta, ahora tenéis el placer de poder verla bailar en el mar – dijo dibujando una sonrisa en su rostro

Todos quedamos mirando absortos, incluso La Serpiente que no solía mostrar sentimiento alguno, quedó como hipnotizado al ver aquellas enormes moles danzar de una forma tan grácil en el agua, realmente parecían doncellas de la más noble de todas las cortes danzando al son del oleaje.

- Son ballenas de Angmar, aunque su nombre no es muy halagüeño, es cierto que son totalmente pacíficas, y no atacan a los barcos mientras no se les toque las pelotas. –
- ¿Y quién tiene cojones de molestar a esos bichos? – preguntó Tyrok interesado
- Te sorprendería ver lo que son capaces de hacer las gentes de estas tierras, imagina el tiempo que pueden mantenerse con una. – Martin hizo una pausa – Bueno ya os habéis entretenido bastante patanes, ahora a preparar la comida vosotros dos y el resto ayudadme a engrasar el timón, tanta sal y tanto zarandeo parece que lo está atrofiando. –

Después de un día de tormenta quedó una noche espectacular, El Ira de los Dioses descansaba la luz de la blanca luna que se había asomado a visitarnos. Tyrok leía uno de los tomos del brujo alumbrado solo por el astro que nos observaba y escuchando el hermoso cántico con el que las ballenas nos deleitaban.
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MensajeTema: Re: La larga travesia. La Ira de los Dioses. Capitulo I   Vie Dic 09, 2016 10:33 pm

La tercera semana y 3 días llego.
El sol que se posaba sobre sus cabezas era tan poco cálido como la mano de un muerto. Intentaban mantenerse calientes el mayor tiempo que les era posible, cosa no muy habitual, ya que los quehaceres diarios eran continuos. Poco tenían que reprocharle a Martín, pues sus tareas eran más que necesarias para sobrevivir en aquel inhóspito lugar, que podría ser el más extremo de tierra media, además el capitán era siempre el último en acostarse y el primero en levantarse; incluso en las comidas se llevaba las cartas y mapas de navegación para estudiar una y otra vez el trayecto correcto o menos complicado.

Al cuarto día de la tercera semana vieron lo que les pareció un pueblo en la lejanía, cosa que confirmaron al anochecer de con los fuegos de las antorchas en la oscuridad. - señores dijo Martín - nuestra primera parada para aprovisionarnos de agua y alguna cosa más.
-que es eso?
-según el mapa... Y según mis cálculos Stragorburg... Logathiglandia, para entendernos. Mañana tomaremos tierra. Iremos con el Irá hSta que nos dejen llegar sus barcos, si nos dejan atracar... Mejor. Prefiero no ir con el bote así no tendremos que hacer varios viajes para llenar el Ira. Quedaremos algunos a bordo mientras otros bajan a hacer negocios. Si se os ocurre algo más y mejor es hora de decirlo.
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MensajeTema: Re: La larga travesia. La Ira de los Dioses. Capitulo I   Sáb Dic 10, 2016 11:51 am

Niah mordisqueaba los talones de Tyrok.
- Deja bicho- Hasta Tyrok le había cogido cariño al huargo. Que había traído algo de alegría al grupo, así como había roto la monotonía del barco
- Deja a Tyrok en paz. Ven aquí.
El cachorro salió corriendo a las manos del Tahúr.
- Busca al príncipe y tráelo.
El huargo empezó a dar tumbos olisqueando hasta que marcó el rumbo y empezó a correr.
- Está aprendiendo muy deprisa el bicho.
- Si. Estoy muy contento con ella.
- También está creciendo mucho.
- Si, también me doy cuenta.
Niah apareció tirando de un divertido príncipe.
- ¿Qué quieres Lothar?
- Muy bien Niah. – Dijo el Tahúr acariciando la cabeza del cachorro.
- El bicho cada vez acepta mejor las ordenes. Va a ser muy lista. ¿que quieres Lothar?
- Mira Logatilandia está cada vez más cerca. Al final quienes vamos a la ciudad.
- Lo que veáis.
- Yo iría. Me apetece bajar del barco. Niah se viene conmigo, quiero ver como se comporta en sociedad.
Angost casi se parte de risa ante la palabra sociedad.
- El bicho seguro que se comporta mejor que tu, tahúr.
- Veremos a ver.
El huargo, de momento parecía un bola de pelo encantadora. Lothar tend´ria que aprovechar cada oportunidad para que el huargo se adaptara a la gente. No sabía cuánto iba a crecer, ni que carácter tendría. De momento era juguetona y algo traviesa. El caso es que era bastante más lista que cualquier perro que hubiese tenido Angost en sus tiempos de pastor. O eso decía el príncipe. Lothar no se imaginaba a su amigo con cabras o vacas.
La ciudad se dibujaba con claridad. Una muralla de piedra y madera rodeaba el puerto. Tras el se adivinaba tejado a dos aguas muy afilados, llenos de nieve. Y al fondo una gran estructura. Como una ballena o un barco boca abajo. parecía ricamente tallado, dragones blancos coronaban los extremos de la gran edificación. Enverano seguramente, se verían las estatuas de madera iguales que las que adornaban sus barcos en los mascarones de proa y popa.
El ira se acercaba sin remedio. Mientras Lothar se preparaba para desembarcar.
- Halaf, ¿ me prestas tu cota? La armadura me parece muy pesada y demasiado desafiante. Una cota se puede llevar debajo de la ropa. A menos claro que te la quieras poner tu.

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Haral
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MensajeTema: Re: La larga travesia. La Ira de los Dioses. Capitulo I   Sáb Dic 10, 2016 7:40 pm

Puede que estuviera mal, que no fuera lo correcto. Pero cada día que pasaba me sentía mejor. Me alegraba de haber salvado a Clarisse. Y me alegraba de haber salvado a mis amigos, mi familia. Toda reunida en ése barco.
Y Relámpago. Su dieta, al igual que la mía se había reducido a pescado. Aunque ella levantaba el vuelo a veces, y tardaba en volver. Puede que ella si comiera carne. Pero hasta éso me alegraba.
Me daba cuenta que aunque no estaba en nuestros planes éramos unos privilegiados.

A los pocos días sabía que tenía que hacer algo más que trabajar para no caer en la monotonía. Lo cierto es que montar a caballo era algo que llevaba en la sangre. Pero lo de ir en barco no se me daba tan mal como esperaba. Apenas si vomitaba, lo que era de agradecer.

Un día recordé que Anka nos había dado libros. Sería buen entretenimiento la lectura. Pero antes de que pudiera echarle un vistazo Angost apareció con ellos
"¿quereis aprender mágia?"
Joder, por qué no, me dije. Total, daba igual que fuera magia negra.
Y así empecé una nueva rutina de trabajo y lectura.
El viaje iba a durar diez meses, así que sería largo, muy largo. Y el frio atenazaba mi cuerpo. Lothar invitó a Tarsil a cruzar espada.
Joder, por qué no. Me volví a decir. Entrenar con Lothar era divertido, notaba como mejoraba mi estilo y rapidez. La clave era la rapidez más que la fuerza. Una parada larga, otra en corta y ya tenía al Tahúr donde quería, un tajo al costado inesperado; por fín, tras innumerables intentos había conseguido abrir su guardia y tocarlo yo a él.
"Buen golpe" me dijo "sabes que si podemos hacer algo por tí, cualquiera de nosotros lo hará"
"¿por qué me dices éso?" pregunté.
"No se te ve apático. Diría que se te ve feliz. Pero apenas has dicho cuatro palabras seguidas en todo el viaje"
Tenía razón. Me había concentrado en trabajo, lectura, Relámpago, luchar con la espada.....pero apenas deba conversación
"Creo que todos estamos un poco así. Bueno menos tú y Angost" sin que sonara un solo ruido, Tyrok pasó a nuestro lado, envuelto en sus pensamientos y con dos dagas en las manos. Lo miramos y le comenté "él no suele hablar mucho, nunca"
y entre risas fuimos al camarote a beber algo.

No se si era Martín, Angost, Lothar o el hecho de haber sobrevivido, pero aunque todos estabamos callados, no estábamos apáticos. Tal vez habíamos comprendido, que hay cosas que escapan a nuestra voluntad. Que habrían ocurrido con nosotros o sin nosotros. Y que el hecho que nos hayamos salvado ha sido casi un milagro. Que si no llegamos a ser nosotros habrían sido otros.

En nuestras paradas no quise matar focas. Sabía de lo importante que era para el viaje. Sabía que tendría que hacerlo tarde o temprano. Pero no quería que nada alterara mi frágil felicidad. Así que mi trabajo consistió en despellejar cadáveres de pobres bebes animales.

Tras semanas por fin llegamos a una población. Por extraño que pareciese no tenía ganas de bajar y ver civilización.
"Yo si voy" dijo Lothar "¿Me prestas tu cota de malla?" me preguntó
"Ya no es mía. Es tuya. Si he de llevar algo llevaré la armadura del Brujo. Pero esta vez no bajaré"
"Magnífica idea muchacho. Necesito que alguien se quede aquí conmigo. Que vayan tres de tus amigos"
Parecía ser que Lothar, Angost y Tarsil iban a bajar.
"Yo me pondré la armadura y os esperaré aquí preparado. Si hay problemas no dudaré"
Tyrok asintió sin mover un músculo de su cuerpo. Solo con la mirada, como solía hacer.
"¿problemas?¿qué problemas?" dijo de forma exagerada Martin. "Hemos venido a comerciar. Os llevareis una piel de foca como muestra para el trueque. Queremos agua y provisiones. En ése orden. El que quiera fornicar que use otra cosa que no sean mis pieles. Pero no os lo recomiendo. Teneis que huir de los problemas, y este pueblo es de los menos "ariscos", jajajajajaja"
Noté que cómo daba un entonación especial a la palabra arisco. Estaba claro que no eran amables, y que esto sería lo mejor que no encontraríamos. Así que mejor ir preparándose.
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kang
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MensajeTema: Re: La larga travesia. La Ira de los Dioses. Capitulo I   Sáb Dic 10, 2016 11:51 pm

Los tres desembarcaron del Ira.
Para ser un pueblo arisco les dejaron atracar sin problemas. La palabra comercio era buena en todo el mundo y más para un pueblo marino.
El muelle de madera no escondía los quince drakar de guerra. Los dejaba ver bien a conciencia.
El muelle dejó paso a un montón de puestos de pescado en salazón y miradas torvas.
El Tahúr se acercó al que le pareció menos sucio. Tras unas pocas palabras con su ruidoso acento Lothar sonrió.
- Vamos a hablar con un tal Oleg-Borg. Dicen que es el comerciante más rico.
No tardaron en llegar al lugar. Niah, de momento se comportaba bien entre la gente. Alguno se quedaba mirando, como diciendo, eso es un cachorro de huargo…
Una especie de casa con el típico tejado a dos aguas les recibió. Salieron del fango duro y helado de la calle para saltar al porche. Las dos columnas de madera, estaban profusamente talladas en runas logatig y entretejidas con dragones y demás animales. Lothar abrió la puerta.
Un tipo gordo sentado tras una mesa cubierta de pieles les miró de hito en hito. Luego miró a su derecha. Un hombre de la talla del rubio les dedicó una mirada de hielo. Su pectoral metálico sobresalía un poco por el cuello, entre las pieles se adivina una coraza para ojos como los suyos. Echó mano al mandoble apoyado en la pared como el que coje un bastón.
- Señorres. ¿Qué quierren? – dijo el encargado de la seguridad.
- Comerciar. –Dijo simplemente el Tahur.
- Este es un buen lugarr parra ello.
- Bien tenemos un barco y una larga travesía. Queremos avituallarlo para diez meses.
El gordo cambió su cara y se permitió una sonrisa.
- Señorres, espero que tengan con que pagar.
- Lo tenemos.
Angost le leyó la lista de lo que necesitaban. Lothar insistió en un buen juego de agujas. Las de Martin eran horribles. Y desde que el capitán se enteró de que era sastre lo tenía cosiendo velas y redes.
- Si tengo todo eso. Perrro que tiene para comprarlo.
- Esto. – Dijo Lothar sacando una piel y arrojándosela a la mesa.
El gordo sonrió. Cogió la piel. Examinó su calidad. El tahúr leyó la cara con facilidad. Le gustaba y mucho. No dejaría que esas pieles se fueran.
< Te tengo has picado el anzuelo> Pensó el Tahúr. Había comerciado con telas en el puerto de Tahrbad desde bien temprano. Los trucos y artes del vendedor no le eran ajenos.
- ¿Cuántas quieres?
- Quinientas.
- Eso no te lo crees ni tú. Doscientas.
- Me estas insultando. No te dejaré tal cantidad de vituallas por menos de cuatrocientas cincuenta
- No subiré de doscientas cincuenta
- Ni te acercas. Cuatro
- Tres
- Cuatro setenta y cinco
- Tres y medio. Es lo que tengo, lo tomas o lo dejas.
- Y me regalas esa bola de pelo.
La loba se arrebujó junto a Lothar como si le hubiese entendido. El tahur le acaricó la cabeza.
- No está en venta.
- Lástima, la piel de esos huargos también es muy codiciada. pero trato hecho.
- Supongo que la mercancía está en el barco. Wolfang os acompañará a inspeccionar la mercancía. Si todas son de esta calidad tenéis trato.
El gordo se levantó y escupió la mano y se la tendió al tahúr. Este reprimió la cara de asco, repitió el gesto y apretó la mano del mercader sintiendo el japo asqueroso en su palma.
- Trrato hecho. Esperrad en vuestro barrrco dentro de un rrato Wolfang pasarrá a investigarr las pieles y luego podrréis ir con él al almacén a llevarros lo vuestrro.


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MensajeTema: Re: La larga travesia. La Ira de los Dioses. Capitulo I   Dom Dic 11, 2016 8:32 pm

Me coloqué todo aquel hierro. No lo había hecho antes. Fue increíble. Era una sensación única. Saber que alguien como el Brujo había llevado aquello, le daba aún más emoción al asunto.
Yo no era un gran guerrero, pero lo que se me daba bien era la espada y el escudo. Necesitaba el escudo para poder defenderme de un ataque, por éso nunca había llevado un mandoble ni nada parecido.
Pero con aquella armadura puesta, sentía que nada ni nadie podría traspasarla. Así que no necesitaría escudo alguno. Sostuve el mandoble del Brujo con ambas manos, y sin poder evitarlo, lancé dos mandoblazos cruzados al aire, haciendo una X ante mí.
Sentía que podía haber acabado con el ejército orco yo solo. Sentía que podría bajar a ése pueblucho de Logatir y cargármelos a todos. Entonces mi cabeza funcionó de nuevo. "Anka no luchó contra el ejército orco. Ni siquiera se atrevió contra Steiner y seis de sus hombres. Es una grandísima armadura. Es un grandísimo arma. Pero sigues siendo mortal y vencible".
Aunque lo sabía, mi vanidad pudo un poco más. Yo era vencible. Yo era mortal. Pero quería lucir mi nuevo juguete. Bajaría por el puerto a dar un paseo sin alejarme del barco.
En una mano llevaba el Yelmo, en la otra el mandoble, que aunque se veía potente y afilado pesaba mucho menos de lo que yo imaginaba. De hecho podía manejarlo con increible soltura.
Coloqué el yelmo sobre un barril cerca de la hendidura de la borda por la que estaba puesta la pasarela para bajar. Coloqué un pie sobre la misma y vi que se acercaban Angot, Lothar y Tarsil, así que dejé ese paso a medio dar. Apoyé la punta del mandoble en el suelo y sin soltar la mano de la empuñadura apoyé mi hombro sobre la hoja echándome un poco hacia delante. Y así, sin darme cuenta, cerraba la entrada del barco, y dije de forma natural.
"¿qué tal ha ido?"
Lothar dio un paso atrás sobresaltado y echó mano de su acero, Angost hizo lo mismo y Tarsil se quedó parado un segundo.
"Joder Rubio" dijo Lothar "me has asustado así vestido, pareces un autentico mercenario de guerra"
"Pareces un dios de la guerra" apuntó el Príncipe con una sonrisa
"Jajajajaajaja. Querrás decir un demonio de la guerra" dije con una gran carcajada.
"No son tan hostiles como pensábamos. Solo que no son simpáticos." comentó Angost mientras subían al barco.
"¿qué tal ha ido?" preguntó Martin
"Hemos conseguido vívieres y todo lo pedido para diez meses de trayecto" constetó el Tahur.
"Demonios hijo. Seguro que tendremos que pagar con todas las pieles que llevamos y algo más. Se me olvidó deciros que regateárais. Necesitaremos más materia para seguir negociando"
"No te creas. Las he sacado por trescientas cincuenta solamente" contestó Lothar
Martin abrió los ojos como platos.
"¿pero qué dices? me estás tomando el pelo. Eso es una ganga"
"Pues es cierto." continuó el Angost, "vendrán luego a comprobar la calidad de las pieles. Quieren ver que son iguales que la que dimos en muestra"
Entonces Tarsil se giró hacia mi y me comentó "Es un tipo tan alto como tu el que vendrá. Podrías darle una bienvenida como la que nos has dado" y me guiñó un ojo.

Efectivamente no tardó en aparecer. Aunque iba cubierto de pieles podía ver las maneras de un guerrero y la armadura debajo de sus ropajes. Llevaba un mandoble y caminaba mirando al suelo. Me coloqué en la misma postura que antes y le hablé justo cuando se disponía a poner un pié en la pasarela y mirar hacia arriba.
"¿puedo ayudarle en algo?"
El hombretón se sobresaltó. Sin duda yo debía imponer con aquello puesto. Lo cual me produjo una satisfacción interior inmensa. Tenía que tomar el papel de matón duro.
"Vengo a inspeccionar unas pieles que ha comprado mi jefe"
"Ah sí, por supuesto. Adelante" dije mientras franqueaba el paso para que subiera.
Mientras subía y abordaba el barco, no me quitó el ojo de encima. Y lo que en un principio era un papel para mí, se convirtió en algo real. Me sentía el protector del barco y de toda su tripulación. Y que era mi responsabilidad cuidar que ése individuo hiciera nada malo. Así que con cortesía pero seriedad le indiqué el camino para que pudiera hacer su cometido.
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MensajeTema: Re: La larga travesia. La Ira de los Dioses. Capitulo I   Lun Dic 12, 2016 9:53 pm

Martín estaba muy contento. Habían cerrado un muy buen trato. Llenarian el barco hasta arriba, aunque no para 10 meses como había previsto Lothar :- Lothar, hijo mio- dijo Martín como un padre a su hijo- crees q si el Ira tuviese capacidad para 10 meses, no lo habría llenado yo para 10 meses antes de partir? - el tahúr se quedo pensando - vamos alegramos, habéis hecho un buen trabajo tendremos provisiones para mucho tiempo, así que para celebrarlo tmaos la noche libre hasta el alba si queréis, luego volved y descansad hasta media mañana y partiremos... Eso sí... No tocarme los huevos... A media mañana me largo, estéis o no así que no buscaos líos!
- yo prefiero quedarme - dijo Tarsil.
-lo que quieras chaval, pero que sepas que está será la última vez que pises tierra en muchísimo tiempo.

Off: 2 ptos extra en puntos espiritual para el q vaya de fiesta
4 para los que líen un follón para bien o para mal como parte de la fiesta ja ja
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MensajeTema: Re: La larga travesia. La Ira de los Dioses. Capitulo I   Miér Dic 14, 2016 8:13 pm

Out roll

se recomienda leerlo con

blanco y negro del grupo barricada


La música sonaba muy fuerte. El cantante algo gutural, acompasaba muy bien el ruido de la banda.  Las risas y el barullo de fondo interfería bastante en la conversación.  Lothar no sabía muy bien en que se estaba metiendo, pero la coz de caballo alegraba mucho más rápido el ambiente que la cerveza espesa que le gustaba a Lotahr.
- ¿Qué es eso?- El Jilguero al Rubio.
- ¿Esto? Una coz de caballo. ¿Quieres?
El jilguero olió el vaso. Olía a Alcohol  y a dulce. Se echó un trago. Fue como si le ardiera la garganta y después el pecho. SI lo de coz le venía bien. Y eso que le había dado un trago muy corto.
- ¿Cuántas lleva? – volvió a preguntar el jilguero señalando a Lothar
- Tres copas.
- ¿De esto?
- Si
- Se va a caer.
- Si, yo también lo creo.
La mesa comunal y el largo banco hacían las veces de drakar y desde el banco sacaron unos remos. Cinco en total. Un rubicundo de estos saltó de uno a otro hasta el último. EL logatig  Mientras engullía  un cuerno una bebida que llamaban hidromiel.
Lothar estaba descojonado , su semblante lechoso estaba rojo, no sabían si por la risa o por las coces. El caso es que saltó el primero y dio un trago. Se puso perdido. Increíblemente llegó has el segundo remo. El rubio veía como su amigo no paraba de partirse de risa. Y dio otro salto trago. Esta vez hasta con estilo y para sorpresa de todos. La gente empezó a aplaudir. Envalentonado dio otro salto y otro trago, volvió a derramarse medio cuerno pero aterrizó como una ardilla. Lothar miró buscando a los suyos, pero no los veía. Dos remos y saldría como un campeón. Salto se dio un trago. Toco el nuevo remo y saltó y con la punta del otro pie se enganchó con la pala.
Lothar veía como se estampaba de bruces contra el suelo de paja, meados y vete tú a saber qué.  
El cantante iba disipándose mientras algo le besuqueaba. Le lamia. Lothar se imaginaba que se acostaba con una de esas rubicundas tetudas. Mientras dormía la mona y Niah le lamía la cara.

Se despertó en el Ira. Tenía la cara hinchada y un ojo morado. No recordaba haberse peleado
, es más no recordaba nada mas allá de la primera coz.
- ¿Qué ha pasado? Preguntó.
- Te pegaste un tortazo impresionante. Pensé que te matabas.
- Ya ves que cuesta deshacerse de mí.
- Tienes mucha suerte, no te abriste los sesos de milagro.
- ¿Que pasó?
- Estabas haciendo el payaso saltando de un remo a otro.
- ¿Como? No entiendo.
- Yo me reí mucho. Luego me asustaste cabrón.
- Tyrok, no te enfades.  El único que tiene derecho a matarme eres tú. Ni yo mismo puedo quitarte eso.
El tahúr se puso en pie, pero tenía la cabeza hecha una colmena.  Se volvió a sentar en la cama y con unos reflejos felinos agarró un cubo y vacio su estomago. No una ni dos ni tres, sino cuatro veces seguidas.
- Ahora entiendo lo de coz de caballo. Me siento como si me hubiesen dado una.

Out roll.
Iba a escribir más pero he tirado por Lothar y se ha noqueado el solo cuando ha fallado el último remo.  Así que el resto es libre de empezar acabar la fiesta como quiera.
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MensajeTema: Re: La larga travesia. La Ira de los Dioses. Capitulo I   Lun Dic 19, 2016 11:51 am

"¿qué es esto?" me preguntó el Jilguero
"¿esto? una coz de caballo ¿quieres?" y le tendí la copa. Bebió un poco y al instante ya sabía porque la llamaban así.
Lothar ya llevaba unas cuantas. Para mí no era la primera vez que la bebía, pero notaba ya sus efectos avanzados.
Una voz dentro de mí me decía que llevara cuidado, que si no llegábamos al barco a tiempo nos quedaríamos allí. Así que bebí otro gran trago para hacerla callar.
Cuando volví a mirar Lothar estaba saltando unos remos al tiempo que bebía y se reía muchísimo. Me pareció la idea más estupenda del mundo, así que me acerqué a probar yo también.
Vi a Tyrok como nos miraba. Era un padre que reprobaba a sus hijos en la distancia y los vigilaba.
De repente un estruendo. Lothar había ido a para al suelo. Todos reían incluso él. Apenas pudo levantarse y cuando ya estaba casi arriba, el Logatig más cercano, sin dejar de reir, le propinó un puñetazo en plena cara. Lothar calló hacía atrás, con los ojos en blanco y una rara expresión en la cara.
Yo no lo ví. No me di cuenta. Pero ya estaba encima del imbécil que le había pegado machacándole la cara.
Alguién tiró hacia atrás de mí, así que le propiné otro puñetazo que lo tumbé en el suelo. Mis golpes no eran precisos, pero parecían más potentes que de costumbre.
Me volvieron a agarrar, eran varios. Uno se pudo delante de mí y me dijo algo que no entendí. Le quise pegar, pero me tenían cogido. Intenté patearlo, pero no llegaba. Así que con toda mi rabia, cogí impulso y le escupí. Le di en plena cara. Todos rieron menos él. Yo también. Vi cómo Tyrok levantaba a Lothar, pero entre nosotros y la puerta había lo que parecía un mar de gente.
Comencé a reir y reir. Acabar así y allí, cuando habíamos combatido, orcos, demonios, papas y mil cosas mas. Era grotesco. Pero no sé porqué me parecía gracioso.
De repente a nuestro lado apareció de nuevo Tarsil, y gritó
"Fiesta" y ví que lanzaba algo al aire. Era un puñado de monedas, la gente se tiró como posesos al suelo a recogerlas. Golpeándose los unos a los otros por coger alguna. Tyork avanzaba llevando a rastras a Lothar, y de mi brazo tiraba alguien al que seguía como un perrito amaestrado. Era el Jilguero.
Al salir el golpe de frío hizo que me centrara un poco más.
"Al Ira" dijo Tyrok, y casi fuimos a la carrera. Aunque por el camino tropecé y caí un par de veces. Aún no había amanecido pero quedaba poco.
La serpiente dejó al tahúr en su jergon.
"¿está bien?" pregunté
"Sí" contestó Tyrok. Y me recosté en el mío como si me hubieran quitado todo el peso del mundo.
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MensajeTema: Re: La larga travesia. La Ira de los Dioses. Capitulo I   Sáb Dic 31, 2016 12:39 pm

Las horas dieron lugar a los días, y los día a las semanas.
El trabajo en el barco era rutinario. No sé si habíamos aprendido a navegar, pero ahora cuando Martin daba una orden la cumplíamos con mayor diligencia, pues sabíamos qué quería y sobretodo, para qué lo quería. Así que al menos conocíamos bien aquel barco, el Ira de los Dioses.
Ya no vomitaba. Y mis compañeros tampoco. Aunque a veces el estómago se removía, pero mantenía su contenido dentro.
El pasar tanto tiempo sin compañía de nadie hacía parecer que éramos los únicos supervivientes en aquel mundo. Necesitábamos contacto con el mundo para ver que había más seres humanos vivos y no solo aquellos Logatigs salvajes. Ése fue nuestro último contacto con la realidad y se antojaba muy lejano, sin duda fruto de la monotonía, más que de una larga distancia temporal.
Aún así pasábamos el rato haciendo cosas juntos y por separado. Yo estaba enfrascado en la lectura del libro dejando por Ankalagorn. Aunque también ejercitaba la espada con Lothar y Angost. Los días que hacía mal tiempo, dedicaba más tiempo a la lectura. Los que hacía bueno tomábamos el sol y luchábamos.
Por desgracia, había tiempo para todo.
Todas las noches jugábamos a las cartas antes de dormir. Por lo general, siempre ganaba Lothar. Hacía trampas y la baraja era suya. Aunque he de reconocer que trampas hacíamos todos. Tarsil aprendió a jugar bastante bien. Incluso Tyrok jugaba y ganaba más de una mano.
Un día Martin se levantó de mal humor. Decía que la comida se gastaba más rápido de lo que esperaba, y echaba la culpa a la loba de Lothar y a Relámpago. Pero yo sabía que no podía ser así, Relámpago comía de mis raciones, y a veces hasta volvía con alguna presa por su cuenta.
La relación entre Relámpago y yo se hacía cada vez más estrecha. En realidad, entre todos los del grupo. Incluida la loba.
En cualquier caso, Lothar y yo nos dispusimos a pescar más de lo habitual para incrementar las provisiones de pescado. Ver que el resto del grupo también colaboraba en la pesca, para ayudar a Relámpago y la Warga, corroboró el nivel de compenetración que estábamos alcanzando.
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kang
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MensajeTema: Re: La larga travesia. La Ira de los Dioses. Capitulo I   Dom Ene 01, 2017 10:31 am

- ¡Siéntate¡ - La orden era tajante y la loba obedeció. Lothar esgrimió una sonrisa de oreja a oreja. Luego le acarició la cabeza. Los consejos de Angost estaban funcionando. De noche, cuando las tareas menguaban aprovechaba para educar a la huarga. Niah estaba creciendo mucho. O ese le parecía a Lothar, claro que él nunca había tenido perro. De pronto algo se movió en la penumbra. La huarga levantó las orejas y luego miró a Lothar. Giró de nuevo la cabeza hacia la negrura y luego a Lothar. El tahúr notaba su impaciencia pero la dejó sentada. Queria mantener el control sobre el animal. Al final rompió la tensión y le dio la orden que Niah esperaba

- ¡A por él¡- La huarga salió disparada como una saeta. Antes de entrar en la oscuridad dio un salto y desapareció. Lothar la siguió, escuchó un grito agudo, luego un severo chasquido. Niah apareció con algo colgando a ambos lados de la boca. La depositó a los pies de Lothar y miró hacia arriba, como esperando la aprobación de su dueño.

- Muy bien Niah- Acarició la cabeza de la huarga. – Muy bien. Cométela.

La loba se comió la rata de tres bocados.
- Al fin ha hecho algo bueno esa bola de pelo con patas.
Lothar se giró y vio a Martin.
- En cuanto crezca un poco más y demos con algo de tierra quiero ver como lo hace cazando.
- Lo mismo tenemos suerte y se pierde para no aparecer jamás.
Se dio media vuelta y se largó.
- Ya se le pasará Niah. Anda vamos a buscar al resto.
Salieron de la bodega y se encaminaron a la cocina. Halaf estaba enfrascado en los libros. Lothar arrugó el morro. Halaf le había obligado a leer uno de esos libros. Pero a Lothar no le gustaba leer mucho. Era lento en la lectura y tenía que seguir con el dedo las líneas para no perderse. El caso es que el libro le llamaba pero le resultaba lento y tedioso a pesar de ser bastante interesante. Lothar no comprendía como el Rubio podía pasarse las horas muertas delante de esos tomos tan gordos.
- Tyrok ¿que tal algo de acero?- Preguntó a la serpiente que estaba de espaldas
- Estoy haciendo la cena- Se giró y estaba pelando unas verduras. – Prueba con el jilguero.
- Yo no estoy de humor, Lothar, termino con demasiados moratones cuando lucho contigo.
- Prueba conmigo. – Lothar miró a su maestro.
- Cuando quieras.
Ambos adoptaron posiciones e intercambiaron acero. Los dos mejores con la espada empezaron a luchar. Todos dejaron lo que hacían. Aquello era una lección para los ojos digna de contemplar. Eran dos maestros y Angost tuvo que empearse a fondo, Lothar estaba luchando como si fuera a vida o muerte. Incluso llegó a pensar que quería matarlo. El problema de Lothar era siempre el mismo. Demasiado impulsivo y su maestro lo conocía bien. Lo malo era que Lothar también conocía a Angost y sabía que esperaría el momento adecuado. Eran tan dos pillos jugando al ratón y al gato. Al final tuvieron que dejar que la lucha tocase a su fin. Niah harta de ver como se enfrascaba se lanzó a morder los tobillos de Angost que cayó trastabillando con la huarga. Esta con un salto felino se avalanzó sobre el cuello e Angost y apretó los dientes contra el gorjal. Angost la cogió por el pescuezo y la levantó como el cachorro que era. Se levantó el visor y le dedicó una mirada de reprobación al bicho.
- Niah, eso guárdatelo cuando Lothar esté luchando con otros.
La loba sacó la lengua rasposa y le lamió la cara. Angost no pudo hacer otra cosa salvo sonreír.
- Creo que por hoy está bien.
- Si. Vamos a cenar, esa sopa huele de maravilla.
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MensajeTema: Re: La larga travesia. La Ira de los Dioses. Capitulo I   Mar Ene 10, 2017 5:29 pm

La bestia crecía a marchas agigantadas. No era de extrañar que pudiese crear algún que otro problema allá donde íbamos, pues tarde o temprano aquella dulce criatura se iba a transformar en un monstruo igual que los de su raza. ¿Aceptarían las gentes del este un animal salvaje potencialmente peligroso aunque les demostrásemos que está amaestrada?

- Tengo que decirte algo – el siseo de la Serpiente tuvo una música mezcla de tristeza y preocupación – Sabes que cuando lleguemos al Este, es más que probable que tengamos algún problema con Niah…-
- No sigas por ahí Tyrok – respondió el Tahúr con energía
- Vas a escucharme quieras o no. Viajamos al Este y puede que allí no quieran aceptar un animal salvaje… -
- ¿Salvaje? – volvió a interrumpir Lothar – Más salvajes son ellos que este pobre cachorro
- Nadie dice lo contrario amigo mío. Pero como bien sabes en su casa mandan ellos. Y bueno… todos sabemos que al ritmo que crece la huargo, pronto se convertirá en un peligroso animal de más de 100 kilos que podría devorarnos a cualquiera de nosotros sin pestañear, al igual que los de su familia hacen, son salvajes y no estoy del todo seguro de que vayan a querer aceptarla. -

El siguiente golpe de Lothar fue justo al costado de Tyrok y dolió muchísimo, dejando un importante cardenal en sus costillas, si no se tratase de un entrenamiento, las tripas de la Serpiente estarían ahora mismo desparramadas por el suelo.
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kang
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MensajeTema: Re: La larga travesia. La Ira de los Dioses. Capitulo I   Mar Ene 31, 2017 8:48 pm

El viento cortaba como la navaja helada que era. Estaban hartos del frio. Aquello era un infierno. En el ira o en tierra firme como ahora el frio era y fue terrible. De pronto el viento amainó hasta desaparecer. Dejó un clima frio pero transitable.

Lothar caminaba juntó a Tyrok.
- Has echado cuerpo serpiente.
- Si; tanto entrenar y subir por las jarcias está dando sus frutos.

Tyrok había cogido algo de peso. Se le notaba mas robusto. A su lado el Tahur seguía con ese tono lechoso de siempre acompañada de esa constitución delgada, el ejercicio le había dejado un tanto consumido.
El bote empezaba a perderse en la lejanía, por fín. Se clavaban en la nieve, hacía tiempo que nadie pasaba por allí. Un muelle ruinoso era buen testigo de aquella desolación. Solo la columna de humo les alentaba a seguir. No quedaba lejos, al otro lado de la loma. No se veía ni un árbol, solo un manto blanco ondulante hasta fundirse con el cielo gris.

Niah salió corriendo y subió la Loma en un abrir y cerrar de ojos. Luego desapareció por ella. Ya no era la bolita blanca de pelo que subió al Ira. Ahora era un pedazo de bestia tan pesada como su dueño.

Lothar se echó las manos a la cabeza. El te lo dije estaba a punto de aparecer.
- Te lo dije Bicho, iba a ser un problema nada más desembarcar.
< No me toques lo huevos> Lothar entrecerró los ojos. La serpiente sabía cuando encabronar a Lothar.
- NIAAAH- Lothar chilló a pleno pulmón.
- Te lo dije.
< Lo mato> Lothar no quería mirar a Tyrok. Conocía de sobra esa cara de ajo puerro con esos ojos accusadores.
- NIAAAAA- Lothar se dejó medio pulmón en el grito.
La huarga apareció de un salto y emprendió carrera ladera abajo. Era rápida a pesar de la nieve. Embistió sobre lothar y ambos acabaron revolcados por la nieve.
- ¡No te vuelvas a ir tu sola!
Niah encogió el rabo y las orejas y puso una carita triste.
-Aquí, conmigo.

Ahora sabría si los ratos para educarla habrían servido para algo. Niah se situó al costado de Lothar y fue andando a su compas. Lothar sonrió. Sabía que había hecho una buena adquisición con la huarga.
Doblaron la loma y unas casas se arracimaban alrededor de un castillo pequeño enramado a risco con forma de cuchillo. Al fondo, un molino se escaba del racimo al otro lado de lo que parecía un rio. Que moría en la bahía a la que miraba el castillo. Al acercarse más se percataron de que el pueblo tenía una muralla de hielo de unos tres metros de alta. Ingenioso.
Traspasaron una puerta abierta de gruesos leños abierta de par en par. Una aldea de casas pegadas dejó paso a una pequeña plaza. Allí un carromato permanecía solo con un yack enganchado y atado a un poste. Desde allí se dibujaba un camino recto al castillo. Ni un alma en la calle. Ni un susurro en todo el pueblo. Arriba. Si alguien podía ayudarles estaba en ese castillo.
Tocaron a la puerta de la fortaleza. A ninguno le pasó por alto el emblema del castillo grabado en la puerta. Dos serpientes con ojos esmeralda una devorando a la otra. Parecía viejo como el mundo, a pesar de ello mantenía fuerza. Ni un guardia ni nada, solo la columna de humo que salía de la chimenea. Al menos allí dentro había alguien.
La puerta chirrió, pero se abrió una portezuela. Un hombre alto, recio y bien parecido les recibió con semblante algo serio. Su atuendo de pieles relevaba su alta posición. De su cadera derecha pendía una espada regía.
- Bienvenidos a Bastión cuchillo. ¿Qué se les ofrece?
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MensajeTema: Re: La larga travesia. La Ira de los Dioses. Capitulo I   Jue Feb 02, 2017 5:32 pm

Tyrok no podía entender los sentimientos de Lothar hacia Niah. Yo lo entendía porque había sufrido la pérdida de Relámpago y luego la alegría de recuperarla.
Nos paramos justo antes de llegar al pueblo. Cuando aún teníamos a la vista el muro de hielo.
"¿por qué nos detenemos?" preguntó el Jilguero.
"Es mejor tener una vista previa de lo que ocurre allí dentro" le dije señalando a mi amado halcón.
El pueblo parecía deshabitado.
"Sabemos que hay alguien. Se ve humo al menos en una de sus casas" comentó el Tahúr.
Nos adentramos sin que nadie nos saliera al paso.
"Puede que tengan miedo de tu aspecto, Rubio" comentó jocoso Angost "¿no te molesta ese montón de hierro al andar?" continuó.
"Pues la verdad es que no" le dije riendo "y te recordaré lo de montón de hierro cuando uno de estos salvajes intenté clavar su hacha en tu pecho"
Llegamos a la casa en la que se veía humo. Relámpago se posó en uno de los tejados para vigilar nuestra espalda. Tocamos y una mole de carne nos abrió la puerta.
"Bienvenidos a Bastión Cuchillo ¿qué se les ofrece?"
Por un momento nos quedamos callados. Ese trato, después de lo encontrado hasta ahora, era de unos modales esquisitos.
"Buenos días tenga. Me Halaf y estos son mis compañeros. Nuestro barco ha sufrido una avería y nos gustaría comprar pertrechos para repararla. Pero no hemos encontrado más señales de vida, en este magnífico pueblo mas que la de esta casa. ¿Podría ayudarnos o indicarnos quién podría hacerlo?"
Enfaticé todo lo que pude mi cortesía. Al fin y al cabo había dos cosas que tener en cuenta; una, éramos cinco desconocidos, armados y yo con una coraza completa; más un lobo, tocando una puerta de un desconocido que seguramente pensara que quien tocase solo buscaba problemas. Y dos, tras la mole de carne había sentados a una mesa seis individuos, lo que hacían siete con el de la puerta, muy bien armados; y eso me llevaba a una conclusión final que había hecho con Angost; solo Lothar y yo teníamos una armadura que parase los golpes de cualquier maleante.
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MensajeTema: Re: La larga travesia. La Ira de los Dioses. Capitulo I   Jue Feb 02, 2017 8:04 pm

Tyrok tenía la sensación de que más de uno de sus compañeros creía que él odiaba a Niah y… nada más lejos de la realidad, a la Serpiente le parecía un animal precioso y terriblemente bien educado por Lothar, Lo que si no se cansaría jamás de decir es que no dejaba de ser un animal de origen salvaje, y como tal podía ocasionarles muchos problemas en los distintos pueblos que visitemos, si es que visitamos más de uno. Por todos es conocido el origen maligno de estas bestias.
Todos habían visto a Tyrok acariciar a Niah de forma cariñosa en alguna ocasión, pero él no dejaba de ser realista y se encargó de recordar en más de una ocasión que podía ocasionarnos problemas con los lugareños.

Llegamos a aquel pequeño poblado, si es que se le podía llamar de esta forma, para comprobar a cada paso que dábamos, que se encontraba deshabitado, pero había un yak vivo y además no había ninguna muestra de que el lugar se encontrase abandonado.

La cortesía del hombre alto que nos acababa de abrir la puerta resultaba sospechosa, en cualquier lugar al que seis hombres armados como nosotros íbamos la recepción no sería tan cordial y abriendo la puerta de esa forma, tal vez nosotros éramos la presa, o tal vez aquella aldea estaba acostumbrada a ser saqueada y por eso todos los lugareños buscaban refugio en aquella mole. A buen seguro aquel hombre no se encontraba solo. Su porte era regio e infundía respeto con solo verlo, sobrepasaba al rubio en un palmo, al menos eso aparentaba, era extraño encontrar gente cortés en este gélido lugar del mundo, si no fuese porque todas las historias hablaban de un averno lleno de fuego y ardiente, más de uno de nosotros pensaría que estábamos viajando a través del mismísimo palio.

- Mi señor – intervino Tyrok – Si fuesen tan amables de poder ayudarnos al menos con los materiales necesarios para la reparación, tenemos con que pagarles y nos iremos hacia nuestro destino tan rápido como el viento nos aleje. Además me gustaría saber si usted o alguien de por aquí podría ayudarnos a averiguar el origen del objeto que rompió el casco de nuestro barco. -
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MensajeTema: Re: La larga travesia. La Ira de los Dioses. Capitulo I   Jue Feb 02, 2017 8:48 pm

"Buenos días tenga. Me Halaf y estos son mis compañeros. Nuestro barco ha sufrido una avería y nos gustaría comprar pertrechos para repararla. Pero no hemos encontrado más señales de vida, en este magnífico pueblo mas que la de esta casa. ¿Podría ayudarnos o indicarnos quién podría hacerlo?"
Enfaticé todo lo que pude mi cortesía. Al fin y al cabo había dos cosas que tener en cuenta; una, éramos cinco desconocidos, armados y yo con una coraza completa; más un lobo, tocando una puerta de un desconocido que seguramente pensara que quien tocase solo buscaba problemas. Y dos, tras la mole de carne había sentados a una mesa seis individuos, lo que hacían siete con el de la puerta, muy bien armados; y eso me llevaba a una conclusión final que había hecho con Angost; solo Lothar y yo teníamos una armadura que parase los golpes de cualquier maleante.
Luego Miró realmente a Lothar y vio que no llevaba su armadura. Solo portaba la cota. Se dejó a un lado sus preocupaciones con respecto al Tahur. Con la espada solo Angost del grupo podía meterlo en cintura

El dunedain sonrió nada mas escuchar lo de magnifico pueblo. Como si aquel comentario le hiciese gracia. Aunque sincera la sonrisa, parecía amarga.

- Parece usted demasiado educado para portar ese emblema, señor. – Dijo mirando al círculo negro con doce rayos del pectoral sobre un dragón negro. Como si supiera que ese era el emblema del señor de las huestes. – Tampoco espera hablar con alguien tan bien avenido. – el tono se tiñó de cinismo.
Por favor sean bienvenido al Bastión.
Fue cuando entraron cuando se dieron cuenta de que era Manco. Lothar le mostró a Niah antes de entrar
- Un huargo de las nieves. Por el tamaño parece un adulto. Pero aun tiene el pelaje de cachorro. Este come bien. Es un magnifico ejemplar. Hágalo entrar. No causará problemas, no?
- No si no se los crean a ella. – Contestó Lothar.
- Pasen.
Halaf se equivocó al pensar que detrás de Elrond en la puerta habría otros seis chicarrones del norte. El Dunedain parecía estar solo entre aquellas paredes. El pasillo en ele daba a una sala de armas con rastrillo. Traspasaron esa sala para ir a lo que sería el salón de audiencias. Un trono simple se elevaba sobre un escueto pedestal acompañado de una mesa larga que llenaba el espacio. Les invitó a sentarse. Él lejos de sentarse en el trono ocupo el asiento a la derecha del trono.
- Estaría encantado de ayudarles. Perdón, donde están mis modales. – Dijo echándose la mano sobre la cabeza.
Mi nombre es Elrond, Elrond Flin. Hijo de Finrond, Capitán de la guardia de Barahir y señor del Bastión; él es el único que puede ayudarles.
Por suerte o por desgracia para ustedes Mi padre y mi señor, no está. Es un hombre piadoso de los antiguos dioses. Emblemas del señor de las huestes, la torre oscura. O espadas como las que portan ustedes, dijo mirando a Angost y a Lothar, como si lo de la torre oscura fuera minio.
- ¿A qué se refiere?
- Esos emblemas así como las espadas que portan ustedes dos, son del enemigo mas acérrimo de mi familia. Si quieren conseguir algo de él, yo optaría por dejar todo eso en su barco.
- ¿Y si no es mucho preguntar? ¿Para cuándo tiene previsto regresar?-
- Eso no lo sé, no creo que tarde más de una semana. Aunque pueden ser dos días. Viajar por las nieve a estas alturas del año no es seguro.
- ¿Podemos pagar lo que necesitamos. Pero queremos saber si nos pueden ayudar? – insistió de nuevo la serpiente.
- Como ya he dicho, solo el señor del Bastión puede ayudarles. Los recursos en el norte son más preciosos que el oro.
- Parece que es usted alguien sabio. – contraatacó la Serpiente.
Elrond enarcó una ceja. y se mantuvo en silencio. A ver que quería ese pequeño hombre.
- Hemos chocado contra una especie de Tótem. Tiene unos animales grabados y unas cuantas runas.
- Por lo que me dice, eso tiene que ser de los logatigs del sur. Si lo viera podría decirle que es exactamente.
- Sin ánimo de parecer grosero. ¿Por qué nos ha dejado pasar? – Lothar preguntó un tanto seco.
- La soledad es mala amiga y no todos los días se puede hablar con alguien que sabe hacerlo.
Lothar acariciaba a Niah para que se sintiera relajada. Pero esta no dejaba de mirar al hombre alto. Este le devolvió la mirada a la huarga.
- La vendería…
- Lothar, me llaman Lothar. Y no, no está en venta.
- Una lastima. Ya le digo que apunta maneras. Aquí en el norte de otra cosa no pero de animales feroces sabemos un rato.
Elrond parecía un hombre sabio y carismático. Algo cínico. A algunos su presencia le recordaba a Ankalagor. Algo más joven pero con una mirada lejana y profunda. así como también parecía arrastrar un muy largo pasado.
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MensajeTema: Re: La larga travesia. La Ira de los Dioses. Capitulo I   Miér Feb 08, 2017 7:17 pm

Era hora de llevar al barco todo aquello que podría ser un obstáculo para la negociación, es decir las espadas de Angost y Lothar, así como la imponente armadura que Halaf había heredado.
Muchas eran las cosas que deberíamos comentar a lo largo de este trayecto, como actuar en caso de una posible traición o emboscada por parte de esta gente, a pesar de la apariencia noble de Elrond Flin, si habían llegado hasta donde hoy se encontraban era por desconfiar de todos por principios.
A Tyrok no dejaba de inquietarle aquel extraño tótem, tenía pensado hacer un dibujo del mismo todo lo mejor que los minutos que estuviesen en el barco le permitiesen, así como apuntar los distintos animales que en él se contenían.

- Una o dos semanas es retrasar mucho el viaje – siseó la Serpiente al aire – Maldita sea, el viaje es demasiado largo para andar perdiendo tanto tiempo y que lleguen los refuerzos para este miserable y que se haga con todo lo nuestro. –
- No seas así hombre. – respondió el Príncipe – Aún quedan algunos hombres buenos en esta cruel realidad que nos ha tocado vivir. –
- Lo sé amigo, pero estoy deseando encontrar alguno que me genere esa confianza nada más verlo. – tomó aire Tyrok – Tal vez no debamos anunciar como se encuentra el oeste, podrían ver nuestro barco como la única vía de escape, pues tarde o temprano, los miserables orcos llegarán aquí -
- Tal vez algún día… Aunque eres demasiado desconfiado – replicó Angost dando un suave golpe con el puño en el hombro de Tyrok.

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