Bienvenidos a la 6ª Edad de los hombres

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 Una partida con el Diablo

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Haral
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MensajeTema: Una partida con el Diablo   Lun Jul 25, 2016 11:34 pm

Angost se había despertado tras la caída. Estaba empapado. Su corazón le dio un vuelco, él no era muy bueno en el agua, y no sabía cómo, pero estaba vivo en una orilla.
No tardó en levantarse y comprobar que todos los restos, supervivientes y cadáveres, se encontraban en ése lado del río, así que la corriente habría jugado un factor importante.
“Creo que la corriente nos ha ayudado a llegar hasta aquí sanos y salvos”
La voz del Tahur a su espalda lo tranquilizó aún más. No era la primera que parecía que Lothar leyera sus pensamientos.
“¿y los demás?” preguntó.
“A Halaf lo está atendiendo Tyrok. No está consciente pero tampoco está muerto. El Jilguero anda por ahí comprobando qué soldados siguen vivos y cuáles han muerto.”
El Príncipe se tranquilizó y usó su cabeza.
“Busquemos nuestras cosas. No hay mucho tiempo”
“¿a qué te refieres?” preguntó el Tahur.
El Príncipe le hizo un leve gesto con la cabeza que hizo que el jugador de cartas mirase en ésa dirección. Un par de botes se acercaban desde la fragata de guerra que había traído Daverloth.
Recuperaron pronto sus pertenencias, o al menos casi todas. Salvaron algunas vidas. Y de los fallecidos obtuvieron algunas bolsas. Allá donde estuvieran ya no las iban a necesitar.
Lo botes arribaron a la orilla. Eran grandes botes espaciosos donde cargar mucha gente. Botes de soldados para desembarcos o abordajes. Estables por su gran tamaño y con la capacidad de transportar muchos soldados. Aún así solo uno iba con una docena de soldados, el otro solo transportaba seis hombres.
Sin llegar a tomar tierra del todo, en el bote menos cargado se quedaron dos hombres para estabilizarlo. El resto fue directo a por todos los soldados, sin discriminar muertos o vivos.
El otro bote hizo la misma maniobra, solo que de los diez que se bajaron, dos ayudaron a los compañeros del otro bote, y los ocho restantes fueron a rodear a la banda de los sastres.
Con Halaf en el suelo, Tyrok sobre él intentando reanimarlo, el Jilguero a su lado, y Angost junto a Lothar de pié, el que hacía de jefe se dirigió directamente a éstos últimos.
“Bigo...” se interrumpió con un apretón de ojos lamentando la palabra que estaba a punto de usar “Lord Daverloth os reclama a su presencia”
A ninguno se le escapó lo de Lord, y un tono que dejaba ver que no había mucha amistad o júbilo con la presencia de su comandante.
“No hay problema iremos encantados” comentó Lothar mientras hacía el ademán de coger sus pertenencias para subir al bote
“No tan rápido. Antes tenemos que subir a nuestros camaradas”
Las miradas de todos se dirigían a los soldados laboriosos que cargaban hombres y cadáveres en el otro bote, así como a los ocho hombres que les rodeaban, que no hacían ningún intento por ayudar, solo permanecían de pié junto a ellos. Nadie preguntó si necesitaban ayuda, la respuesta estaba clara. Como claras estaban las intenciones de Dave, cuando el bote cargado de supervivientes y cadáveres partió antes que ellos y solo cuando llegó al barco y comenzaron a subir los supervivientes el que hacía de líder les indicó que subieran al bote.
“Parece que Dave quiere escuchar primero la versión de sus hombres” comentó Lothar
“Es astuto. Y algo trama” contestó Angost.
Halaf se había despertado pero no tenía buena cara. El trayecto en bote se hizo eterno. Ninguno sabría decir si por la impericia de los hombres al remar, o por su gran pericia en hacer que un viaje corto, se hiciera más largo.
Cuando subieron al barco las sospechas se hacían más plausíbles. Dave no estaba para recibirles pero si había dejado indicaciones que les dieran un camarote a “Los Héroes de Tharbad”. Las miradas de recelo surgían entre la tripulación.
El camarote no era espacioso, de hecho los cinco estaban algo apretados ahí. Pero había cinco catres, y por las dimensiones del barco sin duda el resto estaría algo peor. Si bien es cierto que les pareció mejor de lo esperado, pues el Príncipe y el Tahur esperaban una celda más que un camarote, por pequeño que fuese.
“Camarote privado. Héroes de Tharbad. Algo trama ese cabrón” Fue el comentario de Tyrok. Como siempre breve, acertado y directo.
Dave no tardó en hacerlos llamar y los recibió en un tono jovial y encantador, lo que hizo aumentar los recelos.
“Amigos míos. Cuanto me alegro que estéis vivos. Mis hombres ya me han comentado que a ese miserable de Garred lo poseyó un demonio o algo parecido. Cualquier otro pensaría que son chismes de viejas, pero con las cosas que nosotros hemos vivido sabemos que no es así” decía sonriente.
“Y quieres que te contemos nuestra versión” sentenció Angost.
“Oh. No, no. Que va. Lo que tenía que saber ya me lo han contado mis hombres”
Un respingo en la columna de todos. No quería versiones. ¿qué quería?
“Vereis” continuó “En realidad pensaba en cómo agradeceros este servicio que le habéis prestado, una vez más, a la ciudad de Tharbad”
“Garred no quería arrasar la ciudad con ése barco. Solo quería matarte a tí” comentó Halaf con desprecio.
La sonrisa de Dave se suavizó un poco antes de contestarle. Sin duda, bigotes, estaba al tanto de todo lo ocurrido con la pelirroja.
“Lo sé. Y es un gran servicio que no se haya privado a esa ciudad del trabajo que un hombre como yo puede hacer por ella.” entonces recuperó su amplia sonrisa y dijo “Sólo quiero saber qué necesitan los Héroes de mi ciudad a su regreso”
Todos se percataron que era una sonrisa algo forzada. Que seguía sin estar cómodo junto a ellos. Pero lo peor era que cuando dijo mi ciudad, fue en un tono totalmente sincero y convincente. Sin duda se creía el gobernador, o incluso el rey de aquella ciudad.
“No os quedéis ahí sin decir nada. Seguro que estaréis deseosos de correos una gran juerga. Vino. Mujeres. Y ¿por qué no? Una timba de cartas. Eso siempre os ha gustado. Las cartas. Yo os proporcionaré y os financiaré esa fiesta que tanto os merecéis.”
A Angost no se le pasó por alto que insistiera en el tema de las cartas.
“He dado orden de partir de inmediato. Llegaremos al anochecer si no hay problemas o imprevistos. Cuando lleguemos os daré una bolsa repleta de plata para que podáis pagar el vino, mujeres y las partidas que queráis”
“A cambio de ¿qué?” soltó Tyrok.
“A cambio de nada. Solo de vuestro agradecimiento. Y como muestra de agradecimiento, antes de que los Héroes inicien su diversión, podrían presentarse ante el General Mayor y exponer cómo un humilde servidor acabó con la vida de un traidor poseído por un demonio cuyas intenciones eran sembrar el pánico en la ciudad. Su plan era atraerme hacía aquí para así poder acabar conmigo con más facilidad y tener la ciudad a su merced”
Todos pensaron un “no me lo trago”, pero Lothar añadió a su pensamiento. Que coño, voy a correrme una fiesta y follarme unas putas con el dinero de éste cabrón, solo porque diga que es un jodido héroe, ¿por qué no?
“Trato hecho” y le estrechó la mano con una sonrisa que delataba que ansiaba poder penetrar mujeres, beber hasta perder la razón y jugar a las cartas hasta desgastar su dibujo con el dinero de ése miserable.

Durante el trayecto. Le preguntaron novedades acerca de la ciudad. Había que aprovechar su buen humor, aunque fuera falso. Así descubrieron que la ciudad estaba casi reconstruida por completo. Los enanos eran casi mejores constructores que luchadores. El problema es que la mayor parte de la ciudad estaba abandonada. Había cosas, sí. Pero no había tanta gente como antaño. De hecho con el fin de incentivar la vuelta de antiguos moradores o incluso la llegada de nuevos habitantes, la ciudad se había reconstruido exactamente como estaba antes del asedio e incendio.
“¿quieres decir que mi sastrería se ha vuelto a reconstruir tal y como estaba?” preguntó Lothar con ilusión
“Si, pero recuerda que puede que la esté ocupando otro” contestó Angost.
“No sé si la ocupa alguien. De hecho, lo más probable es que esté abandonada. Pero seguro que estará reconstruida” contestó Daverloth.
Ahora una nueva esperanza crecía en el corazón de Lothar. Crecía en el corazón de todos, pues ésa sastrería era lo más parecido que podían llamar, hogar.

Cuando llegaron estaba anocheciendo. Desembarcaron los primeros junto a Dave y unos cinco hombres más. El resto tenía que descargar el barco y la macabra carga de caídos. Los sastres, soldados y el Comandante desembarcaron en un bote más pequeño que en su momento los llevara a bordo. En los mueles habían algunos barcos que atracaban directamente en ellos. Pero la fragata de guerra no lo hacía y no parecía que fuese solo por el tamaño. Cuando el bote llegó a uno de los muelles y todos desembarcaron, Dave comenzó a caminar con paso firme sin percatarse de si el resto le seguía o no. El primer soldado desembarcó de un salto y siguió a su Comandante. Los sastres hicieron lo propio, pero entonces el Jilguero y la Serpiente se pararon de golpe y miraron a su derecha.
En ésa dirección, unos muelles más allá, había un hombre sentado sobre un pequeño barril, frente a una mesa, que había llevado hasta allí. Enfrente, tres hombres hacían cola ante el que estaba sentado en el barril. Pero lo que sin duda había atraído la atención de todos ellos era el barco que había amarrado junto al hombre en ése muelle. El Luna de Agosto. La voz de Dave los sacó de sus pensamientos.
“Como es tarde el Capitán General no nos atenderá hasta mañana. Mientras tanto podéis hacer lo que queráis. Id a ver vuestra sastrería. Visitar algún amigo. Pero por Eru, no os corráis ninguna juerga aún. De hecho os daré lo prometido mañana tras la declaración.” Parecía que había terminado pero añadió mientras ser marchaba “Y no os alistéis a ninguna tripulación” dijo señalando al hombre sentado en el barril. “Recordar que tenemos un trato” terminó a grito en voz.
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Haral
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MensajeTema: Re: Una partida con el Diablo   Sáb Jul 30, 2016 10:57 am

Lothar iba a paso ligero, no quería que Daverloth se perdiera de vista. Con la visión de los guardias descargando la fragata bastaba, pero si veía al Comandante podría dar mayor impresión.
Sus pasos resonaron nada más entrar en el pequeño muelle de madera. Pudo escuchar cómo al menos dos de sus compañeros lo seguían de cerca.
El último hombre de la fila ya se daba la vuelta para marcharse cuando llegó y se colocó firmemente frente al hombre.
“Por hoy hemos cerrado el enrole. Volved mañana. Ya casi no hay luz” dijo el hombre sin apartar la vista del papel en el que estaba escribiendo.
El Tahur no se había percatado al acercarse, pero había un hombre tras el que estaba sentado. Un vistazo rápido. Jubón de cuero hasta los muslos sin mangas. El cuero iba tachonado de pequeñas placas metálicas para darle mayor fuerza. Una espada ancha al cinto y una porra al otro lado. Pantalones. Brazales. Y una cabeza libre rapada al cero. Parecía más un timonel de galera que marca el ritmo que cualquier otra clase de marino.
Pudo ver en los ojos de ése hombre la mirada alerta de peligro. Se había dado cuenta que Lothar y su grupo traían problemas, no nuevos marinos.
Orgulloso de sus nuevas aptitudes como mercenario, más que como ladrón, Lothar habló de forma cortante y contundente.
“¿el capitán?” dijo
“No más enroles por hoy...” dijo hastiado y cansando. Sin duda había sido un largo día de trabajo. Pero al levantar la mirada todo cambió. Se puso tenso. Miró al rededor, y de reojo comprobó que el calvo de sus espaldas seguía allí y no se había largado.
A Lothar no le hizo falta mirar atrás. Le habían acompañado de cerca Angost y el Jilguero. Pero en el momento del último comentario del “capitán”, mientras alzaba la mirada, se habían incorporado Halaf y Tyrok; lo que había puesto aún más nervioso al calvo con pinta de sátiro.
Ambos miraron a su izquierda para ver a los guardias descargando la fragata.
“Venimos con la autoridad competente” sentenció Lothar. “Este barco es robado, como mínimo” continúo.
El capitán se puso muy tieso en su improvisado asiento.
“¿cómo puedes decir eso?¿tienes pruebas?”
“Claro. El barco es mío” Lothar se hizo a un lado, y el resto del grupo también se abrió para que pudiera ver la calle del fondo, en el que un airado Daverloth caminaba hacia arriba. “Y mi comandante va en busca de los papeles oficiales para poder arrestarte”
El hombre miró con horror.
“No puede ser, no puede ser. No debí confiar....”
El hombre se levantó y el calvo se puso a su lado. Mostraba, al meno, fidelidad y honor; el honor de los bajos fondos. Y eso era de admirar.
“El barco lo compré en toda regla. Es más. Lo compré a.....”
“...a un oficial de la guardia” intervino Angost. “Lo sabemos”
Al hombre le cambió el color de la cara. Decir que se sentó de nuevo era decir mucho. Se dejó caer como un saco de patatas sobre el pequeño barril.
“Tranquilo. Todo tiene solución” continuo Angost mirando a Lothar, como indicándole que continuara él.
“Aún puedes quedarte con el barco” dijo Lothar
“Pero si le dí todo lo que tenía. Y el oro del barco lo he usado para abituayarlo y pagar a la tripulación” parecía un niño pequeño excusándose ante un castigo inminente.
“Aún así. Además del oro, había más cosas. Algunas armaduras, armas, equipo...” preguntó Lothar.
“¿Eh?...si si, sigue todo ahí. Solo usé el oro. Me dijo que lo usara”
El Tahur respiró. El Jilguero suspiró. No todo estaba perdido.
“Me dijo que lo habían incautado y que podía quedarme con el barco si pagaba su precio”
“Las cosas de las que te hemos hablado. ¿están dentro?” inquirió Lothar como un autentico oficial de la guardia
“Si, si. Dónde mismo estaban” hizo un gesto al calvo para que les permitiera el paso y recuperar sus cosas.
Lothar iba a subir por la pasarela seguido de cerca del Jilguero, cuando al voz de Angost le interrumpió.
“Pero, si te dijo que usaras el oro, que sin duda es mucho más dinero que el que tu tenías ¿qué te pido de pago?”
Al hombre le volvió a cambiar el rostro. Puso cara de pavor y miró al calvo. Éste asintió.
“Me dijo que tenía que vender uno de los objetos. Un laud. Fue muy preciso en éso”
Angost sonrió “Y no viste nada raro en ése trato”
“No. Ya me habían advertido que algo así pasaría”
Todos miraron al nuevo miembro del grupo. Su cara era un mezcla de incredulidad, insatisfacción y estupidez.
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MensajeTema: Re: Una partida con el Diablo   Lun Ago 01, 2016 3:28 pm

La cara de estúpido que se le quedo de ultimas al jilguero fue digna de mofa, la mofa que sintió al hecho de que le habían arrebatado su posesión mas querida, alguna vez había estado en aprietos como este, pero el que ahora acaecía, podía ser el ultimo de los entuertos que pudieran tener juntos y esto hizo que todos esos sentimientos se tornaran en enfado, rabia, ira, eso dio paso al incremento de las palpitaciones, el tono lila de su rostro se iba tornando en un rojo casi infernal, hinchando las venas a modo de morcilla a punto de reventar, la mano voló hacia su cara golpeando abiertamente contra su frente, los dedos iban deslizándose poco a poco, lentamente, como el agua que cae de una estalactita , descubriendo unos ojos que se salían de sus órbitas al abrir sus parpados, tomando aire y termiendo de deslizar su mano por el menton, salio un bufido de su garganta, como si de un toro a punto de embestir se tratase ...
-Ya me estas diciendo a quien se lo vendiste y mas te vale que se recupere rápido el laúd que le iban a regalar al sobrino del Comandante, porque entonces si que no te podremos salvar tan fácilmente, es mas yo mismo gustosamente acataría cualquier orden que se cerniese sobre su persona, así que si aprecias tu pellejo mas te vale ser raudo ....
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Haral
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MensajeTema: Re: Una partida con el Diablo   Mar Ago 02, 2016 8:44 pm

El hombre estaba nervioso. Sabía que esto podía traerle problemas, así que contestó tal y como pudo. Nervioso y a trompicones.
"Era un hombre concreto. El del jubón de cuero verde. Pagó su precio. Ya lo esperaba. No sé cómo se llama. El Ancla Dorada. Ese era el sitio. Jubón de cuero verde y su bigote. Un hombre concreto."
Tenía miedo en su mirada
"No quiero perder mi barco. Mi barco es todo lo que he deseado. Es mi vida, mi ilusión, mi deseo. No quiero perder mi barco. Quiero hacerme a la mar."
Una sombra cruzó el rostro del Capitán. Todos pudieron percibir que en ése momento, ése hombre estaba dispuesto a luchar hasta morir con tal de no perder su barco.
Angost se dio cuenta en seguida de la precaria situación del grupo en ése momento.
Lothar seguido de Halaf estaban sobre la pasarela. Tyrok con un pie dentro. Y solo restaba el Príncipe junto al Jilguero para luchar en posición cómoda. El contramaestre calvo se había percatado también de la situación. Solo tenía que cargar con un poco de fuerza contra Tyrok y mandaría los tres al agua. Con un poco de suerte solo caerían Lothar y Halaf. Pero éso los dejaba en tan solo un tres contra uno. Y uno de ellos era el Jilguero, alguien al que no había visto pelear y que sus sentimientos le podía jugar malas pasadas. El que hacía de capitán no se veía gran luchador, pero estaba desesperado por no perder su barco.
Angost vio en la cara de Lothar y Tyrok, que éstos también se habían percatado de todo. Ninguno de los dos se movía porque cualquier brusquedad podría ser malinterpretada y desencadenaría una situación que nadie deseaba.
Angost solo pudo agarrar por el brazo a Tarsil para que no se acercará más. Solo el Jilguero y Halaf parecían no haberse dado cuenta de lo que podía pasar.
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MensajeTema: Re: Una partida con el Diablo   Miér Ago 03, 2016 7:16 am

De estar controlando la situación pasaron de súbito a la pérdida total de ella.
Lothar miró al hombrecillo, estaba a punto de perder la razón igual que un niño pequeño.
- Cálmese, o esto no acabará bien. – Su tono era firme y tranquilizador. – Ya le hemos dicho que el barco sigue siendo suyo, no cometa una tontería, la guardia está ahí mismo. – Su cabeza señaló con un leve balanceo sin quitarle los ojos de encima al pequeño capitán.

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In roll

La cabeza del pequeño hombre se fijó en la cantidad de guardias descargando en el muelle contiguo. Luego siguió con los ojos lo que le enseñaba el Tahúr con los suyos, la galera de guerra seguía bloqueando parte del puerto. Una situación violenta solo daría con su cuello colgado del mástil junto a la de su segundo. Y estos supuestos hombres de la guardia estaban siendo sensatos.
- Sea razonable capitán- Lothar le dio énfasis a esta última palabra para que el pequeño asentara en su cabeza la idea de que el barco era suyo. – y procure ponerse en nuestro lugar. ¿Qué haría usted si su barco y carga los encuentra amarrado y gobernado por otro? – Lothar dejó que el hombre asimilara las palabras. - Déjenos pasar y recuperar la carga. Hablenos tranquilamente de ese hombre del jubón verde y su bigote. Porqué ha dicho un hombre concreto, ¿acaso el falso oficial de la guardia que le vendió el barco, le indicó que se lo vendiera al hombre del bigote y jubón verde?
El Tahúr estaba seguro de tranquilizar al pequeño capitán. Dio un paso hacia adelante con su mano derecha abierta en clara señal de paz. Sin embargo, su mano izquierda, disimulada por la chaqueta, estaba más que lista para asir su ropera.

- Además, podríamos darnos la vuelta y reclamar el barco- La coronilla se meció hacia los guardias- Usted se quedaría sin nada. Y posiblemente le colgasen por ladrón. Quisiera proponerle un trato que satisfaga ambas partes. Por desgracia tenemos poco tiempo. Si ese Laud se pierde definitivamente usted estará en un grave aprieto. Déjenos recuperar nuestras cosas y tengamos la fiesta en paz.
La verdad es que valorando la situación, estaba algo precario en esa pasarela, pero si el pequeñajo atacaba como mucho le esperaba un chapuzón, a él o al capitán. La cosa estaba por ver. Lothar levantó la mirada por encima del capitán para encontrarse con la del calvo. Sus ojos lo decían todo ; no es el momento de hacer tonterías…
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Haral
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MensajeTema: Re: Una partida con el Diablo   Miér Ago 03, 2016 2:03 pm

El Tahur hablaba de forma tranquila pero autoritaria. Parecía que tenía controlada la situación, pero cuando intentó moverse para salir de la pasarela, el calvo hizo gesto de moverse. Lothar se detuvo inmediatamente, al igual que el calvo.
Tras sus palabras, el capitán parecía más calmado.
"Muy bien. Pasen ustedes tres" dijo señalando a Lothar, Halaf y Tyrok. "el resto que se quede aquí con nosotros hasta que salgan. Entonces hablaremos del hombre del Laud y de todo lo que ustedes quieran. No aceptaré ninguna otra orden, acuerdo, negocio o como quiera llamarlo. No estaré el resto de mi vida temiendo que me quiten mi barco"
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MensajeTema: Re: Una partida con el Diablo   Miér Ago 03, 2016 10:57 pm

El trío llegó a la bodega. Allí encontraron todas sus cosas. Como era de esperar, faltaba el dinero y el laud.
Por un momento pensaron en equiparse y cargar contra los dos que estaban fuera. Pero sabían que lo de la guardia era un farol. Y desconocían hasta que punto los necesitaba Daverloth como para sacarlos del aprieto de un castigo por matar a dos hombres.
Decidieron coger sus cosas y salir fuera sin más.
Al salir se encontraron un panorama distinto. El capitán y su contramaestre calvo estaban dentro del barco. El calvo agarraba la espada de su cinto, pues no sabía de qué manera saldrían los visitantes del barco. Angost y Tarsil estaban en el muelle.
El capitán no era tonto, y una ventaja que tal había descubierto por casualidad ahora quería aprovecharla.
“Salir fuera del barco y hablaremos”
Lothar no quería perder más el tiempo, así que obedeció. Halaf lo siguió sin decir palabra. De hecho parecía que todo aquello no fuera con él.
Una vez fuera el contramaestre retiro precipitadamente la pasarela y alejó el barco con un bichero.
Ninguno de la banda del sastre hizo nada. Tal vez porque todos sabían que el barco seguía amarrado por dos puntos, así que estaban utilizándolo como parapeto.
“¿qué queréis saber?” dijo el capitán
“¿quién es el hombre al que le vendiste el laud? Su descripción. Nombre. Todo lo que puedas contarnos. ¿y a qué te has referido con lo de un tipo concreto?”
El capitán contestó sin reparos
“Ya os he dicho que no sé cómo se llamaba. Era un hombre alto. Algo oscuro. Con un bigote largo y afilado. Llevaba una chaqueta de cuero de color verde. Eso es llamativo de por si. Podía servirle tanto a modo de protección como para ir a una fiesta elegante”
Entonces el tono de voz descendió. Miró a su contramaestre como si no quisiera que éste se enterase de lo que iba a decir. Algo absurdo, pues si los sastres podían oirlo el contramaestre también.
“Fue la descripción que él me dio. Fue muy preciso”
“¿quién te lo describió?” esta vez preguntó Tarsil
“Desidia”
A todos pareció helárseles la sangre al escuchar ése nombre.
“Yo siempre desee un barco. Siempre. Es mi deseo. Hubiera hecho cualquier cosa por ello. Y la otra noche se me apareció en sueños. Creí que era una pesadilla. Pero era tan dulce tan encantadora, tan bella. La mujer más bella que había visto nunca. Y con un pelo rojo como el fuego del averno”
Por primera vez, Halaf levantó la cabeza y pareció cobrar conciencia de dónde estaba en ése momento. Pero no dijo nada.
“El demonio me dijo que si quería un barco solo tenía que estar aquí por la tarde. Que vendría un hombre y me lo regalaría. Así, sin más. Que podía quedarme con todo, incluso con el dinero que había dentro. Solo me pedía una cosa. Tenía que coger un laud que había en el barco. Por bonito que me pareciese no podía quedarmelo o me quedaría sin barco.”
Hizo una pausa como si todos supieran de lo que iba a hablar
“Mi padre fue juglar. Sé reconocer ése tipo de laudes. Pero no me lo quedé. No señor. Fuí al Ancla Dorada tal y como me dijo el demonio. Busqué al hombre que me describió. Me dijo que pagaría veintinueve piezas de plata por él. Un precio muy inferior al suyo de verdad. Pero no importaba. Para mí el precio era mi barco. Me daban mi barco y dinero suficiente para contratar tripulación. Era un sueño hecho realidad”
El capitán hizo otra pausa. Su semblante se torno oscuro otra vez.
“Por éso. No pienso dejar que nadie me lo quite. Creo que he vendido mi alma sin saberlo, así que poco me importa mi propia vida. Nadie. Me quietará. Mi barco”
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Haral
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MensajeTema: Re: Una partida con el Diablo   Jue Ago 04, 2016 10:59 pm

La banda dio por buenas las respuestas. Subieron por las calles de Tharbad dirección al Ancla Dorada.
"Conozco a Mell, el dueño. A veces financia mis partidas a cambio de una cantidad." iba diciendo el Tahur.
"Le podremos preguntar por ese tipo en concreto"
Tarsil parecía ir a paso rápido. Sin duda estaba ansioso por llegar y descubrir algo sobre su amado laud.

La ciudad se estaba reconstruyendo a ojos vista. Había obras por doquier. Obras de todo tipo. Las calles se estaban empedrando de nuevo. Aunque aún quedaban zonas en las que el barro hacía su aparición. Lo extraño de una situación así es que había casas construidas y en pleno uso. Otras estaban recién construidas pero vacías, y otras estaban en proceso de construcción.
Había hombres encendiendo antorchas para iluminar las calles. Lo cuál parecía una novedad agradable para la gente de bien. Para unos ladrones como los sastres, les pareció algo no tan bueno. Ninguno pudo evitar no arrugar la nariz ante esa perspectiva.
Lo siniestro es que había partes totalmente reconstruidas de la ciudad que estaban a oscuras. Partes deshabitadas que no merecían el gasto de brea y antorcha para iluminar nada.

Por fin llegaron al Ancla Dorada. "Yo entraré el primero con Tyrok. Después Angost y el Jilguero. Nosotros iremos a ver directamente a Mell. Vosotros sentaros al fondo a ver qué podéis escuchar. Y tu Halaf...." la frase quedó en el aire pues todos vieron como la espalda del Rubio se perdía al introducirse por la puerta de la posada. Había entrado el primero sin decir palabra. Tampoco se veía rastro de Relámpago.
Cuando el Rubio abrió la puerta se escuchó gran jaleo dentro. Lothar no pudo evitar sentir una sensación de inmensa alegría. No recordaba si una posada emitía tanto ruido o era que las echaba mucho de menos.
Entraron tal y como propuso el Tahur. Halaf estaba sentado solo a una mesa bebiendo. Un gran jarro delante, con el que llenaba su vaso cada vez que éste se vaciaba; lo que ocurría muy a menudo.
"Joder, ¿por qué no? cada uno tiene derecho a disfrutar de su descanso como quiera" pensó Lothar.
La posada estaba llena. El ambiente estaba tan cargado que la pareja sudaba antes de llegar a ver a Mell. Había muchos enanos. La gente los trataba como si hubiera estado el mundo poblado de enanos toda la vida. Y no solo enanos, los ojos de profesional del Tahur pudo ver mucho buscavida, soldados, mercenarios....ladrones, esos eran inconfundibles para él. Era como si los labriegos y granjeros de toda la vida hubiesen desaparecido.
Justo cuando iban a llegar a Mell, éste los reconoció.
"Pero si son los Héroes de Tharbad", pese a que lo dijo a voz en grito, había tanto jaleo que solo unos cuantos pudieron oirle. Pero los que lo hicieron se volvieron rápidamente para verlos.
"Creí que estaríais muertos. Jajajaja. ¿de vuelta a casa Tahur?"
"Eso parece Mell. Me alegro de verte"
"No tanto como yo" le hizo un gesto para que se acercara "podriamos hacer negocio de nuevo ¿sabes?. Hay mucho jugador incauto que se las da de chico listo. Aquí se mueve mucho dinero"
"Bueno. Por lo que veo, las cosas no te van mal ¿no?"
"Claro que no, pero si pueden ir mejor, ¿por qué no aprovecharlo? los dioses me han bendecido hoy con tu aparición"
Avaro. Codicioso. Pero de fiar. No se vendería, pero si puede exprimir una naranja hasta la última gota lo hará. Así era Mell. Y así lo recordaba Lothar.
"Cuenta con ello. Solo una cosa más" los ojos expectantes de Mell lo miraban fíjamente "Has visto por aquí a alguien con una chaqueta de cuero verde, y un bigote largo y llamativo"
Por un momento Mell se quedó mirando a Lothar sin decir absolutamente nada ni mover un músculo. Parecía incrédulo ante la pregunta. Después soltó una sonora y larga carcajada, que duró más de lo que al Tahur le hubiera gustado.
"¿en serio Lothar?¿no ves cómo está esto? Pues lo mismo ha estado por aquí. Lo mismo hasta le he atendido yo. Pero no tengo ni idea. El negocio va sobre ruedas, y no soy el único. Están atrayendo a gente de todo tipo para repoblar la ciudad. Y bueno, también están los enanos, que joder cómo beben. Solo con lo enanos podría retirarme, jajajajaja. Pero de verdad que no lo sé" Mell dejó su mano sobre el mostrador. Bajo ella ocultaba una pequeña bolsa que hizo un ruido característico a monedas. "Al porcentaje de siempre Tahur. De chaquetas verdes no sé, pero al fondo hay dos camisas azules que te están esperando como agua de Mayo" el Tahur cogió la bolsa con el mismo disimulo que Mell se la había entregado.
Se giró y vio a sus dos presas. Estaban en una mesa con dos jugadores más. Cuatro no era buen número, a bien seguro que aceptarían uno más. En la mesa de al lado estaban Angost y el Jilguero. Sin volverse le dijo a Mell.
"Puede que también necesite hospedaje. Para cinco. Sin establos"
Mell contestó a su espalda "Hecho. Pero cuando acabes pásate por tu sastrería. Lo mismo te llevas una agradable sorpresa, jejejeje" y Mell se perdió para atender a su múltiple clientela.
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kang
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MensajeTema: Re: Una partida con el Diablo   Vie Ago 05, 2016 6:45 am


- Pregunta por él mangas verdes, Mell, lo estoy buscando, en cuanto puedas mandame una de esas chicas de cascos ligeros…

Lothar se encaminó sopesando la bolsa en la mano hacia los incautos. Tyrok, detrás de él, le guardaba las espaldas.
- Buenas señores – La bolsa aterrizó sobre la mesa cascabeleando al tocar la madera- ¿hay sitio para uno más?
- Claro, cuatro es un mal número para la escalera de figuras.
El tahúr se sentó con una sonrisa de felicidad en la cara. Nada más poner las posaderas sobre la silla se sintió un dios. Los dedos tamborilearon sobre la mesa nueva, impacientes, ansiosos, y expectantes. A su alrededor los cuatro tipejos a los que desplumar.
- Sin límite de apuestas, dos bronces de salida.
- Vais fuertes. No sé si aguantaré mucho vuestro ritmo. – Lothar empezó a hacerse el tonto gracioso.
Una guapa camarera le sirvió una cerveza espesa, tal y como acostumbraba Lothar a beber. Melll no se había olvidado de sus gustos.
- Preciosidad, ¿a qué hora terminas?. – La sonrisa del Tahúr era cautivadora.
- Demasiado tarde para ti, encanto.

Estaba demasiado curtida en esas batallas para caer con el primer pícaro que le dedicase un cumplido fácil.

- Pero si quieres, hay aquí unas cuantas muchachas, que por algo de esa bolsa te harán más feliz que yo.

- Pues diles que se den una vuelta por aquí, esta noche tiro la casa por la ventana.

En sus manos un rey y un tres. Mientras hablaba con la camarera, su uña meñique marcaba cada carta en su lugar. Un código creado por el zurdo que pasó al Tahúr. Cuando se marchó, Lothar echó un trago largo y volvió a esgrimir su sonrisa. Daba toda la sensación del típico tipo que va a derrochar todo lo que tiene en una noche loca. Un reclamo para los incautos.
Le llegó el turno a Lothar de repartir. Barajó y las cartas se le escaparon de las manos, parecía que fuese la segunda vez que cogía un mazo de cartas. Las recogió de la mesa de manera torpe. En realidad estaba contando la baraja. Faltaban dos nueves, un tramposo entre tramposos, mejor. Repartió y perdió adrede. Siempre empezaba perdiendo para darles coba.
Los camisas azules estaban compinchados, aficionados listillos. Unas cuantas rondas después, Lothar estaba listo. Prácticamente tenía todas las cartas imperceptiblemente marcadas, cada una tenía su marca en su lugar. En la manga de Lothar ya descansaba su amiga, la dama de corazones y su amiga la de diamantes esperaban a salir de su escondite; no se hicieron mucho de rogar. Uno de las camisas azules repartía, el otro esperaba un par de nueves que su colega no tardó en dárselos. Para el resto buenas cartas. La mano se presentaba alentadora para todos. Lothar solo esperaba a que el que repartía forzara la distracción para que su compinche cambiase las cartas.

En ese momento una morenaza de generoso escote y buenas curvas se presentó en la mesa con una sonrisa simpática. Sus picos pardos en la falda atestiguaban su moral, una chica a la que amar pero no de la que enamorarse. Justo la típica chica que le gustaba a Lothar.
- Siéntate aquí corazón. – Lothar estiró un brazo para agarrar esa deliciosa cadera de mujer. De un suave tirón la dama descansó sobre el regazo de Lothar. ¿Cómo te llamas?
- Amapola, pero llámame lo que quieras.

- Esta noche nos lo vamos a pasar bien tu y yo- Le dijo al oído. La señorita era realmente guapa. Algo le decía al Tahúr que pasaría más de una noche con ella.
Lothar se aprovechaba de sus curvas mientras jugaba. Parecía más pendiente de ella que de la partida. Pero Lothar era un dios de las cartas, controlaba el juego sin parecer que hacía absolutamente nada. Dejó la voz cantante a los azules. Les dejó hacer dinero mientras esperaba a su mano. Que ellos reclamasen la atención, incluso se dejó algunas platas por el camino para confiarlos.

La mano rápida del azul tiró dos nueves y una dama. Lothar sonrió. Ya tenía full de damas nueves, buena jugada, pero no lo suficiente para los cuatro nueves que tenía el Azul. La cerveza del que repartía volcó “sin querer”
< Llegó la hora> Pensó Lothar. Así que se unió a la distracción.
- ¿Por casualidad no habréis visto por aquí a un tipo con chaqueta verde elegante y un largo bigote?
Las manos de los jugadores se apresuraron a salvar las cartas y demás cosas que había sobre la mesa. Mientras alguno intentaba recordar si había visto a un tipo tan peculiar.
Luego todo fue coser y cantar. Encima de la mesa cayeron dos cartas más mientras las apuestas iban subiendo. Los cinco se dejaron casi toda la bolsa en el montón. Tocaba levantar las cartas.
Uno de ellos levantó una escalera simple con cara de satisfacción.
- Mirad y llorad.
- Buena jugada, dijo el azul, pero no es rival para esto- Sus cuatro nueves resplandecían como cuatro soles. Sus manos codiciosas se abalanzaron sobre el montón.
- Si es buena jugada, pero esos cuatro nueves no son nada para mis damas.
Los ojos abiertos de par en par no daban crédito…
- Pero, pero…- Balbuceó incrédulo .
- Hoy estoy de suerte… La mano de Lothar apretó el culo duro de amapola dando a entender que ella tendría lo suyo en breve.
El tahúr estiró la mano y atrajo el montó hacia él.

Out roll
Tirada de juego de Lothar
Juego
8 aciertos sobre 7
Trampas
9 aciertos sobre 7 Los demás jugadores han de pasar una tn +2 a la percepción para descubrirlo

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Abdulfin
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MensajeTema: Re: Una partida con el Diablo   Vie Ago 05, 2016 5:25 pm

Los ojos del jilguero no paraban de revolotear de un lado al otro, alas de un colibrí parecían mas que otra cosa, incesante era su búsqueda, pero no daba con su "presa", se notaba que el juglar estaba por irse de la taberna en cualquier momento y buscar hasta por la calle, pero el principe le insto a relajarse y que le siguiera contando su historia con mas detalle, sopesandolo, Tarsil comprendio que primero tendria que hacerse conocer un poco mas y la cosa estaba yendo por buen camino, tenian una pista importante, lo malo es que todo lo estaba tramando un demonio, o eso pensaba Tarsil, de todas maneras el juglar no podia hacer otra cosa que recabar informacion en el lugar. Un poco mas relajado en la mesa con un par de cervezas en sus manos siguio narrandole su historia al que llamaban principe, pero la inquitud del bardo era mas que evidente, asi que Angost decidio que era momento para que unas damas de moral distraida les animaran mas la velada, pues ahora el tema solo se centraba en una cosa por parte de Tarsil, su laud.
Las señoritas animaron a un despechado jilguero que veia como pasaba el tiempo y sus miradas no probocaban mas que su dama le espetase a que la mirase mas, ya que la habia puesto a su siniestra para poder levantarse rapidamente en el caso que viera al que venia a buscar, pero el tiempo pasaba, la cerveza se bebia, las damas acariciaban, asi que por un momento se dejo llevar por el ambiente, y las risas comenzaron a surgir solas.
La noche se estaba alargando gustosamente, y ya que iban subiendo el calor corporal pues las cervezas ya querian subirse a la cabeza, pero Tarsil todavia fue a pedir otra mas, cuando giro su cabeza buscando a la camarera, la sonrisa se le fue de la cara de subito. De una fuerte incorporacion, hizo que la silla saliera un poco despedida del sitio, la chica de su lado que no se esperaba esa reaccion se llevo un buen susto, diciendole que si le habia picado una serpiente en el culo a plan de broma, pero la broma no era lo que se reflejaba en su cara, como un rayo salio hacia la puerta, esquivando lo mas rapido que pudo, el penso que fue asi, pero la realidad fue otra, su paso era mas lento, llego a la puerta la abrio pero cuando miro fuera ya no estaba, la cerveza le habia jugado una mala pasada, pues lo que el vio que era su hombre de verde y bigote afilado, resulto ser una sombra de una nada que se disipaba como la rafaga de viento que soplo en ese instante, ese laud era suyo y el laud queria volver con el, lo sentia, lo notaba, aun no habia salido de la ciudad... se giro y entro por donde una vez su desesperacion le hizo salir, cuando retorno a la mesa se disculpo con Angost por su manera de salir, y con los que se pudiera haber topado en su segura trope salida, una vez sentado se volvio a dejar llevar rapidamente, o eso penso él.
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Haral
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MensajeTema: Re: Una partida con el Diablo   Sáb Ago 06, 2016 8:40 am

La noche pasaba. Tyrok lo observaba todo desde su posición. En frente suya Lothar iba perdiendo dinero una y otra vez. Pero lo veía manosear y cortejar a una fulana que no estaba nada mal. La Serpiente sabía que Lothar estaba perdiendo adrede. No había rastro de preocupación en su cara. Lo que no comprendía en el resto de jugadores profesionales, cómo no lo veían ellos también.
Y mesa al lado suyo, Tarsil tostaba la oreja de Angost. Rió para sus adentros. Se lo tenía merecido, pues el Príncipe había estado insistiendo a un trovador que parecía no tener nada que decir. Ahora en cambio, tras un par de cervezas, parecía que nadie pudiera cerrarle el pico la Jilguero.
Al fondo, Halaf bebía solo. Era como si intentara saciar una sed infinita. Mirada perdida y arisca. Lo único que se movía era su mano, una y otra vez, para llevar el vaso de la mesa a sus labios.
Un pequeño ruido y jaleo, empujones. La serpiente miró y veía a Tarsil alejarse rápidamente para salir de la taberna. Eso no le preocupó, lo que le preocupaba era Angost, al que buscó rápidamente para verlo con cara de circunspecto viendo la huida del Jilguero. ¿habría pasado algo?¿otro traidor entre el grupo?. Pero no. Al momento Tarsil volvía a sentarse junto Angost, y penitente y confesor volvía a su posición inicial. Tarsil hablaba y hablaba y Angost asentía y asentía.
En la posada había alguna que otra pelea. Golpes entre borrachos. Pero Tyrok podía ver y percibir solo los que le interesaban. Como cuando otro borracho se sentó justo al lado de Halaf. El Rubio de dio un manotazo que lo tiró al suelo, y una vez allí arremetió con sus puños con tal fuerza que vio saltar un par de dientes del desgraciado. Antes de que nadie pudiera hacer nada, Halaf estaba de nuevo sentado y bebiendo como si no hubiera pasado nada.
Lothar empezaba a ganar dinero. Mucho y rápido. Los tipos vestidos de azul se quedaron para el final. Lothar había desplumado a los otros tres mientras metía mano bajo la falda de esa puta. Lo peor es que sus rivales estaban enfadados como reflejaba su cara. Y no era para menos, había estado bebiendo y metiendo mano todo el rato como si la partida no fuera con él. Y mientras al principio perdía, ahora los estaba dejando sin blanca.
"Amigo. Vamos a tener que retirarnos" dijo uno de ellos
"Tan pronto ¿por qué?"
"No nos tomes por tontos. Haces trampas y nos estas desplumando.." hizo el gesto de levantarse pero su propio amigo lo detuvo en un instante mientras miraba a Tyrok con miedo, y dijo.
"Nos queda poco dinero. Si seguimos así, no podremos pagar ni lo que nos hemos bebido, y eso nos metería en un lío".
"Yo no he hecho trampas" se defendió Lothar sin dejar de manosear el culo de la muchacha.
"Nunca hago trampas" y mientras decía éso sus dedos pasaron a frotar el sexo de la muchacha que estaba húmedo y jugoso, mientras ella daba un pequeño respingo con un pequeño grito gemido de sorpresa y satisfacción.
El hombre de azul sensato volvió a hablar
"Siento el comentario de mi amigo. Hoy habéis sido mucho "mejor" que nosotros. Habéis ganado a nuestro ingenio y a nuestros "ojos". Os felicito y os deseo una grata noche con la bella señorita. Con permiso" y ambos se levantaron lentamente y se marcharon.
El mensaje estaba claro. Nosotros hacemos trampas y no ganamos. Eso es porque tú las haces mejores. Tu nos has visto. Nosotros a ti no. Enhorabuena.
Si había algo que Lothar respetaba era a los buenos jugadores. Y uno es un buen jugador cuando acepta la derrota.
Tyrok seguía imperturbable. Había visto el miedo que provocaba en ésos camisas azules y le había gustado mucho.
Lothar había recuperado su bolsa. El porcentaje de Mell. Y aún le sobraban seis piezas de oro, catorce de plata, veintiocho bronces y treinta y dos cobres. Mucho peso para llevar encima. Y entonces y solo entonces, Tyrok se movió para recoger y custodiar el dinero.
"Tu amigo es muy callado" comentó Amapola "Tengo una amiga que le gustan muchos los hombres callados ¿crees que a tu amigo le interesaría?"
Lothar sabía que Tyrok lo había escuchado perfectamente.
"No sé. Lo que él quiera. Que decida. Nosotros vamos a pasarlo bien todo lo que queda de noche ¿verdad encanto?"
Tyrok. La Serpiente. Apenas se había movido. Lo había visto solo moviendo los ojos. Ni cabeza, ni cuello, nada había hecho movimiento alguno. Cualquiera que hubiera entrado de nuevo no lo habría percibido. Y él estaba ahí. Escondido. Peligroso. Dispuesto a clavarte su aguijón. Ahora tenía la oportunidad de relajarse con una fulana de la noche. ¿a caso no lo merecía?
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Tyrok
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MensajeTema: Re: Una partida con el Diablo   Sáb Ago 06, 2016 5:53 pm

- No voy a poder vigilarte mientras te diviertes esta noche – dijo Tyrok
- Porque no quieres… agujeros para los dos tiene – aquellas palabras del Tahúr demostraban que a buen seguro se había pasado con el alcohol
- Disfruta todo lo que puedas, pero recuerda no perder la cabeza con esta “doncella” – la Serpiente dedicó una sonrisa más que arcaica a su buen amigo Lothar.

Alguien debía mantenerse sobrio aquella noche y el Tahúr no iba a ser precisamente, el resto también bebían sin parar. Pero quien realmente le preocupaba en este momento era Halaf, el rubio nunca se comportaba de aquella forma, algo pasaba por su cabeza que no lo dejaba. También le preocupaba dejar a Lothar a solas con aquella mujer en el estado de embriaguez que se encontraba, pero él se movía como los ángeles en estos ambientes.

- Os dejo dulces amantes, voy a divertirme con el rubio – al levantarse la Serpiente susurró al oído de la fulana evitando ser visto por su amigo - Cuida de mi hermano – susurró al oído de la fulana (he tirado por acechar 8 aciertos con 7 dados)
Halaf permanecía ausente, parecía estar actuando del mismo modo que Tyrok lo hacía siempre. El rubio no era como Lothar o Angost, al recordar a Angost la Serpiente le dedicó una mirada y pudo ver como aquel pájaro seguía dándole al pico sin parar, pobre príncipe pensó al tiempo que una sonrisa se dibujaba en su rostro.
Tyrok caminaba hacia su amigo cuando de repente… un enorme hombre, algo más bebido, se abalanzó sobre él, sin apenas tiempo para reaccionar, utilizó todo el peso de su “rival” para ayudarlo a empotrarse de cara contra una columna del local, parecía que se podría haber roto el cuello… pero no, la bestia se dio la vuelta y tan solo sangraba abundantemente por su nariz y boca. Seguramente habría perdido alguno de los pocos dientes que aún le quedasen en ese maltrecho rostro.

- ¿Qué perturba tus pensamientos Rubio? – Tyrok como siempre, no se anduvo por las ramas
- Nada – Respondió Halaf frío y cortante como el acero
- Bueno pues cuando quieras cuéntame ese "nada" que te tiene tan preocupado, no querrás que tenga que ir a deleitarme con la palabrería que aquel está soltando a Angost – guiñó un ojo
Un atisbo de sonrisa pareció querer dibujarse en el rostro de Halaf.

Offrol: la piedra sobre el tejado de Halaf
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kang
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MensajeTema: Re: Una partida con el Diablo   Dom Ago 07, 2016 6:53 am

Las risas se perdieron tras la puerta. Una luz suave iluminaba la habitación. Lothar no percibía nada de lo que había a su alrededor, el mobiliario, la cama o las mismas sábanas, eran nuevas. No, Lothar, en su embriaguez apenas podía escapar de la piel de Amapola, de su olor o su espesa y larga melena negra.
Cayeron en la cama entre risas y besos. Ella tuvo que ayudarle a desvestirse, el Tahúr había perdido prácticamente la capacidad motora, la cabeza le daba vueltas mientras Amapola serpenteaba por su cuerpo. Tumbado boca arriba dejó que aquella diosa lo montase a horcajadas. Fue entonces cuando empezó la verdadera fiesta. Lothar metió como pudo una moneda de oro en el generoso escote adornado por un corpiño negro con brocados de seda roja. La cara de felicidad que puso ella incendió a Lothar por dentro.

- Amor, vas a pasar la mejor noche de tu vida. – Sonó lascivo. Su lengua paseó por sus labios coqueta.

- Tendrás que esforzarte, he pasado noches…
Lothar no pudo terminar la frase. La lengua de ella se introdujo en su boca.

- Cállate.

Un suave movimiento de cadera rítmico empezó a motivar al Tahúr. Las manos del tramposo agarraron las caderas. Lothar sentía la ropa interior de ella arañándole. Ella arqueó la espalda y miró al techo mientras no dejaba de restregarse. Sus manos se apoyaron sobre el pecho de él mientras su culo seguía bailando frenéticamente. Un grito sin vergüenza llenó la habitación al tiempo que las uñas de ella se clavaban en el pecho de Lothar.

- Por todos los infiernos… - Ella había alcanzado el clímax. – Ahora te toca a ti.

Arrancó sus uñas del pecho de Lothar y las hizo desaparecer detrás de su espalda. La piel se deshizo de la delicada prenda y el Tahúr contempló a la diosa que le montaba en todo su esplendor. De un suave movimiento ella se lo introdujo sin piedad. El tiempo paso sin que ellos se percataran. La borrachera de Lothar retraso muchísimo lo que ella buscaba con ansia. Su orgullo de reina de la noche hizo que se esmerara como nunca, por supuesto lo que la espoleaba era la moneda de oro que se escondía en el corpiño. Como todo en la vida, todo llega si se lo propone una mujer y aquella hembra era muy mujer. después no tardó en llegar el sueño.

Los rayos de sol empezaban a filtrarse lánguidamente por las rendijas de la ventana. Como no quisieran molestar a los amantes. Su mano jugueteaba con los pelos del pecho, luego recorrió la enorme cicatriz que nacía en la clavícula y terminaba por debajo del pectoral, se preguntaba como aquel hombre se había hecho eso. De pronto Lothar despertó al sentir como le acariciaban.

. - ¿Cómo te hiciste esto?-
Lothar estaba en una nube de alcohol y sexo, prácticamente ido al mundo de los sueños.
- ¿Esta horrible cicatriz? Fue única vez que me han herido. Mira que horror de puntos. No hay ni una puntada buena.

El primer oficio de Lothar se cabreaba cada vez que veía esos puntos. Lo que le molestaba a Lothar no era que un orco hubiese desfigurado su cuerpo, no. Eran aquellas puntadas desiguales, una afrenta para alguien que se ha pasado media vida cosiendo.

- Fue en la última batalla contra los orcos. Me lo hizo un orco de la guardia personal de Mandíbulas de hierro. Estuvimos a punto de cogerle.
La cicatriz también asomaba por la espalda más de un palmo. Era increíble que hubiese sobrevivido a tal herida.

- Traspasó mi coraza como si fuera mantequilla. Si no llega a ser por el maestro de armas de los indagadores estaría en el otro barrio.

- Eres un fantasma. ¿Que tú fuiste uno de los hombres que salió de la ciudadela para atacar la vanguardia de Mandíbulas? Venga ya. Eres muy poca cosa.

- No juzgues por lo que ves, esos camisas azules solo veían a un borracho demasiado ocupado en meterte mano y no se esperaron el final que obtuvieron, puede que no sea el más fornido de los guerreros, pero no todo está en el fuerza.. No tengo por qué mentirte, lo que buscaba de ti ya lo he encontrado. – Su mano agarró uno de sus más que generosos pechos. – Hay pocas personas en Tharbad capaces de hacerme frente con una arma en la mano, menos aún las que sean capaces liquidarme.

- ¿Y por eso llevas guardaespaldas?

Se rió con ganas. Ella llevaba razón, Tyrok era la sombra que protegía su espalda mientras él se ganaba honradamente la vida con las cartas, se emborrachaba o iba de golfas. Por su parte, Lothar procuraba cuidar de la serpiente en los altercados con acero de por medio en los que se habían visto inmersos. Era un toma y daca entre los dos pillos.

- Si, llevo guardaespaldas, en las partidas uno nunca está exento de que le apuñalen por la espalda. No te equivoques, mi amigo es un buen espadachín, pero no es rival para mí.
- Eres un fanfarrón. Pero me gustas.
- Lo que a ti te gusta es el oro.
- Eso también. ¿Quieres dormir? – su voz ronroneó en celo.
- Después…
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Haral
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MensajeTema: Re: Una partida con el Diablo   Dom Ago 07, 2016 12:42 pm

Lothar consiguió conciliar un poco de sueño. Entonces llamaron a la puerta y entraron de golpe. El Tahur iba a coger su arma cuando vio que era Mell.
"Abajo está la guardia. Te buscan a ti y a tus amigos"
Lothar abrió los ojos preocupado por ellos. Podría escapar pero dejar atrás a sus amigos. Mell pudo leer sus pensamientos.
"Solo quedaba uno despierto y se ha dejado coger. El resto no podía ni andar"
El Tahur tomó una decisión. Se pertrechó y bajó junto con el posadero que no sabía muy bien si había hecho lo correcto.
Cuando llegó abajo habían cinco guardias y un suboficial que interrogaba a una de las camareras que al ver aparecer a Mell con Lothar los señaló.
El Príncipe y el Jilguero habían dormido sobre la mesa. Tenía mala cara, pero era la cara de dos borrachos resacosos que no han dormido bien. A decir verdad el Tahur no sabía cuanto había dormido, pero sin duda poco.
Al fondo Tyrok erguido lo miraba con cara ¿qué querías que hiciera yo solo?.
Pero Halaf seguía recostado contra la silla. Como un borracho mugroso que se hubiera ahogado sobre su propia pota.
"Despierta despojo" el soldado iba a empujarlo y acabó por el suelo. Tyrok lo lanzó sin que nadie, ni el propio soldado, se dieran cuenta.
"Será mejor que no toquéis a mi amigo"
Los soldados se pusieron en guardia. Sin desenvainar pero tensos. Había miedo en el ambiente. Les temían. Algo que tanto la Serpiente como el Tahur percibieron.
El suboficial habló.
"Lord Comandante Daverloth reclama vuestra presencia"
El Tahur no disimiló el gesto de asco al ver ése uniforme. Era idéntico al de Garred. Con gusto lo habría apuñalado ahí mismo. Pero se dio cuenta que Garred era Garred. Y aquel era otro pobre infeliz.
"¿cómo sabíais que estábamos aquí?" preguntó
"Nos lo dijo el capitán del Luna de Agosto. Le preguntamos antes de que zarpase"
Así que se había ido. Pensó Lothar. Lógico. No quería poner en peligro su barco. Lo malo es que estaba seguro que el Luna de Agosto no volvería a Tharbadt en mucho mucho tiempo.
Halaf se despertó. Buscó dentro de la jarra y solo encontró aire. Intentó levantarse y fue de bruces al suelo. Tyrok lo levantó. No ayudó a que se levantara. Lo levantó. El Rubio no se tenía en pie. La mirada de la Serpiente hacia el Tahur volvía a revelar pensamientos
<¿qué iba a hacer yo? no soy su madre. Bastante que no le ha pasado nada más>
Cada uno lleva su luto como quiere. Pensaba Lothar. Tenía derecho a éso. Pero no dejarían que estuviera así de por vida. Un par de días más. Al fin y al cabo, el plan de todos era estar dos días o tres días de fiesta sin parar hasta acabar como el Rubio. Solo que éste había concentrado esos días en uno solo.
"¿nos acompañan por favor?" dijo el Suboficial.
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Haral
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MensajeTema: Re: Una partida con el Diablo   Dom Ago 07, 2016 5:28 pm

Fueron conducidos por los guardias a las dependencias militares. Las conocían muy bien de otras ocasiones, así como conocían muy bien cómo llegar a ellas.
Por el camino pudieron comprobar cómo trabajaban los enanos. Era increíble. Esas criaturas habían estado hacía unas horas con ellos bebiendo, fumando y riendo. Y ahora estaban dedicadas al trabajo como si no hicieran otra cosa.
Los habían visto combatir, y como entraban en la lucha en formación y pegando como si fueran un único ser. Machacando al enemigo. Todo lo que hacían, fuese beber, construir o matar lo hacían entregados por completo.
El problema es que el sonido de sus picos, martillos, golpes, colocar ladrillos, piedras unas sobre otras, se clavaba en la cabeza de cada uno de ellos, cuan borrachos resacosos.
El sol estorbaba su mirada por lo que agradecieron que los hicieran esperar en una sala.
Todos habían venido arrastrando los pies. Angost, Lothar y Tarsil por su propia borrachera. Tyrok porque llevaba arrastras a Halaf, quien ni siquiera arrastraba los pies.
Antes de hacerlos pasar salió Daverloth. Al primero que miró con odio fue al Rubio al ver su estado.
“Os dije que os contuvierais. ¿No podíais esperar un día para empezar vuestra fiesta?. Era muy sencillo. No la caguéis, por lo menos hemos avisado de quiénes sois”
Cuando los hicieron pasar todos recordaban al Coronel. Un hombre mayor pero justo, quién pareció alegrarse de verlos pese al estado tan deplorable que tenían.
“Me han dicho que los héroes han vuelto a contribuir eliminando una amenaza para nuestra ciudad”
Ante el inicial silencio, Tyrok supo que tenía que contestar él.
“Así es excelencia. Una alimaña poseída por un demonio quería acabar con nuestro Lord Comandante Daverloth y así poder socavar las defensas de la ciudad y causar estragos”
“Eso me han contado, menos mal que conseguisteis acabar con ella. ¿esto es culpa de...?” dejó la pregunta en el aire refiriéndose claramente a su aspecto.
“Vuestra excelencia también habría recurrido al vino, si se hubiera tenido que enfrentar con un ser del averno como hicimos nosotros. Nosotros no poseemos la entereza de los soldados de nuestro ejército” mentiroso, tramposo y cínico. Para algo eran delincuentes representando un papel.
El Coronel parecía encantado quería escuchar detalles, pero no quería tenerlos en pié. Por eso los invitó a cenar esa noche. Algo que Dave se apresuró a rechazar, alegando que aún no habían vuelto a casa y tenían muchas quehaceres de los que ocuparse.
El Coronel los invitó a cenar el día que sus quehaceres se lo permitiesen.
Sin duda Dave habría inflado la fama y honor de los sastres para que así, de forma indirecta su fama y honor también aumentasen.
Ya estaba todo concluido y los sastres se marchaban, cuando justo antes de salir de la estancia, Halaf, vomitó en un lado de la puerta a la vista de todos.
Tyrok volvió la cabeza para ver una cara divertida del Coronel, y una cara de pocos amigos de Dave.

Antes de marcharse, Dave los interceptó.
“Tomad. Mi parte del trato. Aunque si no es por éste no os daría nada, ni las gracias” refiriéndose a Tyrok. Estaba muy enfadado.
“Espero que os lo gastéis todo en vino y os ahoguéis en él”
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Ankalagorn
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MensajeTema: Re: Una partida con el Diablo   Lun Ago 08, 2016 3:02 pm

Angost-King era un chico jovial, alegre y hasta simpatico. Sin ser exageradamente guapo, ni siquiera alto, Angost sabia imitar, hasta hacerlo tan natural que era parte suya, el porte y elegancia de los grandes señores, era por ello que le conocian con el mote de El Principe. Angost no necesitaba ser guapo, no necesitaba ser alto, solo tenia que ser el mismo, para llevar a su vera a cualquiera que se propusiera. Se decia incluso que era capaz de engatusar a un troll. Su sonrisa sincera y amable y su porte asi lo atestiguaban.Abgost sabia comportarse como el perfecto yerno o el perfecto sinvergüenza, pero siempre con elegancia y su ultima actuacion no le habia gustado nada.estaba realmente avergonzado, pero como era Angost-King, era capaz de darle la vuelta a la situacion y convertir esa vergüenza en una graciosa anecdota.
-Creo que ha sido un error muy gordo al presentarnos de esta guisa, ante el Coronel.- Dijo Angost.
-Y Por que bebiste tanto?- Pregunto Tyrok.
- No era consciente de ello- Dijo sonriendo Angost- Pero tenia que soportar las historias de nuestro amigo- Angost miro de reojo a Tarsil- No te molestes, Juglar, tan bien sabria es como yo que cuando te pedi tu historia, te molesto tanto que te pusiste pesado a posta... Yo no me lo tome a mal, pero mis oidos echaban humo- Angost rio al tiempo que golpeaba con camaderia el hombro de Tarsil- Encontraremos tu laud, tranquilo. Lothar y yo nos movemos muy bien por los barrios bajos de esta ciudad.
- Reccuerda que esta es una nueva ciudad- Dijo Lothar- Creo que deberiamos pedir ayuda a la guardia, aunque no nos guste.
-Primero veamos si encontramos a alguien conocido, no?- Dijo Angost-King.
Sabeis... anoche tuve un extraño sueño mientras me debatia entre la vida y la muerte etilica...os lo tengo que contar, porque mas que un sueño fue algo que me paso de verdad, aunque no lo creais.


Ankalagorn

- No puedo contarte nada- Dijo El Numenoreano.- Se que te molesta bastante, pero debes confiar en mi.
- Anka, sabes que ire contigo a mismo infierno y si no me puedes decir nada, es la mejor solucion y tambien se que de alguna manera hay un demonio por medio. Solo asi no me contarias lo que estas tramando.- Dijo Kang. Ankalagorn ni afirmo ni nego, simplemente su mirada se mantuvo fria e imperturbable.
-Tengo que hablar con ellos, con alguno de ellos. No se donde estan pero el tiempo se agota y el Santo Padre no parece que corra mucho peligro y los contrate para que lo eliminasen.- Ankalagorn estaba sobre una serie de extraños simbolos pintados sobre el suelo con carbon de huesos quemados. El ritual estaba a punto de empezar y Kang no se quedaria para verlo.
- Por que crees que Groomch o Ragna estan tan cambiados, despues de tantos años? estan como ausentes.
- A diferencia de nosotros, ellos son conscientes de que han muerto- Respondio Ankalagorn.
- Jaajaja! Pero estas delirando?... no han muerto...ni yo, seguimos aqui, tu sin embargo eres el que no eres consciente que moriste. -Dijo Kang pensativo.
- A eso me refiero con que no somos conscientes. Alla de donde vengo el que murio , no fui yo, entiendes?.- Dijo Anka sonriendo agriamente.- Sus almas estan con Abigor y ahi ira la nuestra cuando seamos conscientes de nuestra propia muerte.
Kang continuo pensando un poco mas. Era dificcil de entender a su amigo, el no era idiota, para ser guerrero, de hecho se consideraba bastante listo, pero Anka siempre iba mas alla.No conocia a nadie mas sabio.
- Alli esta tambien Vaal?- Pregunto Kang, temeroso de hacer la pregunta que de verdad queria haceR Y NUNCA HABIA hecho al Brujo.
-Eso no es lo que realmente quieres saber- Dijo Anka- La pregunta es la misma, pero el nombre de la mujer es otro. Bien sabes que Vaal esta ahi. La tiene Abigor, por eso nunca la encuentro , aun viajando a traves de los planos. Estoy seguro de ello, con ello puede contar a su mas eficiente sirviente, yo, me tiene para el, para fortalecerlo con mas almas, si encontrara a Vaal, eso se acabaria. Su alma, la de Vaal pertenecio a Arioch, pero al vencerlo las almas que pertenecian a Arioch pasaron a ser de mi nuevo Señor, Abigor. Pero solo son conjeturas, por lo que debo seguir buscando.
A Serezade ,tu mujer, la mato un siervo de Arioch, por lo que su alma la tiene Abigor,como paso con Vaal y esa era la verdadera pregunta que me querias hacer, mi leal amigo. Por que nunca me la has hecho?
- Por que tenia miedo de conocer esa verdad, que en el fondo ya conocia. -La mandivula de Kang se apreto hasta casi reventar su ya maltrecha dentadura.- Por que esos demonios rigen el destino de nuestra eternidad?! Echadlos de nuestro plano, tu y los tuyos!- Dijo Kang- Que hacen los malditos Dioses?!.
-No es tan facil, amigo. Los Dioses hace tiempo que nos abandonaron y solo los demonios se interesan por nuestras vidas y nuestro mundo. En cierto sentido es bello y a ellos le gusta destruir lo bello- Dijo Anka.- No podemos echarlos, son demasiado poderosos, pero yo te prometo, tener el poder suficiente para luchar contra ellos y ganarte la eternidad con esa parte del alma que te falta...
- Serezade... - Dijo susrrando Kang.
- No puedo decirte nada mas. Solo te pido tu confianza. Los Demonios son poderosos, algunos son excelentes espias que nos vigilan y escuchan todo el tiempo lo que decimos, puede que lo que pensamos- Dijo Ankalagorn al tiempo que una extraña sombra curbia su rostro, hasta que solo se le diferencio los blancos dientes apretados, en contraste con la oscuridad que empezaba a cubrirlo por completo y el poder de un Dios recorria su cuerpo. Despues la frase que salio de su boca, sono brusca, tajante, imperial:- El Santo Padre debe morir.
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kang
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MensajeTema: Re: Una partida con el Diablo   Mar Ago 09, 2016 8:18 am

Salieron de las dependencias de la guardia. Lothar, nada más poner un pie en la calle, cambió el gesto. Como si se hubiese quitado un piojo gordo de encima. De toda la banda era el que menos soportaba a los guardias. No muy lejos de allí Tyrok los invitó a desayunar. La serpiente tenía un hambre atroz, pasarse la noche cuidando de las borracheras ajenas le había despertado su apetito. Lothar también le acompañó en ese sentido, el tahúr necesitaba reponer energías tras la ajetreada noche.

Reunidos al calor de la mesa y el desayuno humeante Angost les contó su sueño. Lothar escuchó con atención mientras daba buena cuenta del pan con panceta. Cuando el príncipe terminó Lothar miró al Juglar sin tapujos.

- Ahora eres uno de los nuestros, para bien o para mal. – Dicho esto la bonita daga de Lothar apareció encima de la mesa. – Si nos traicionas….- Los ojos de ambos fueron directos al acero resplandeciente y luego se miraron uno al otro. Los ojos de Lothar lo decían claramente, esto es lo que te espera si te vas de la lengua y yo mismo te la clavaré hasta la empuñadura.

Tras la pausa, el Tahúr volvió a hablar mirando al resto, como si no hubiese pasado nada.

- No podemos dejar un trabajo de ese calibre. Uno porque puede que Anka no se lo tome a bien y nos liquide. Otra porque somos los mejores no podemos dejar de lado un trabajo que hemos aceptado, eso no sería profesional. Yo quiero hacerlo, puede que no salgamos vivos, pero hasta ahora siempre hemos hecho lo que nos hemos propuesto. Esto no va a ser una excepción. Pongamos nuestros asuntos en orden en la ciudad y regresemos a Elendil.

- ¿Pero mi Laúd? Dijo el jilguero.

- Tranquilo, como te he dicho antes, Lothar y yo nos movemos muy bien en los bajos fondos, recuperaremos tu instrumento. – Angost consoló al juglar, lo dijo como si fuera pan comido, como si solo tuviese que estirar la mano para cogerlo.

- Quisiera hacer un par de cosas esta mañana, ir a la sastrería y visitar el cementerio. Hace mucho que no veo al Zurdo.
El juglar miró con interrogación a Lothar.

- ¿Sastrería?
- Si, tú eres un juglar, yo soy sastre y heredé la sastrería de mi tío. Es nuestra casa. Los enanos la han reconstruido. Toda la ciudad fue incendiada en la batalla orca. Y Aun no la he visto desde que nos fuimos de la ciudad.

Targil miró de hito en hito a Lothar, jamás hubiese dicho que ese tipo fuera un sastre. Jugador, pendenciero o sinvergüenza si, ¿pero sastre? Ahora entendía porque lo de la banda del sastre, su siguiente pregunta mental fue, ¿será este el líder de los cuatro? Y como si Lothar leyera su mente le contestó.
- No tenemos líder, aquí somos todos iguales. El mote de la banda se lo debemos a nuestro “amigo” Daverloth.
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Haral
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MensajeTema: Re: Una partida con el Diablo   Mar Ago 09, 2016 10:57 am

Por fin todo fuera y con dinero suficiente para sus quehaceres.
Tyrok propuso desayunar en un sitio cercano.
Cuando iban a entrar Lothar se percató que Halaf no estaba.
"Ha entrado a otra posada" dijo Angost "déjalo por el momento"
Desayunaron apaciblemente. Era el momento de hacer cosas.
Decidieron ir todos a la sastrería. Iban caminando por las calles y solo Tarsi se percató que a medida que avanzaban su paso se aligeraba. Sin duda todos tenían prisa por llegar y ver qué había pasado.
Cuando llegaron Lothar reconoció a varios de sus vecinos en la calle. Estaban discutiendo con tres tipos malencarados. Eran delgados, mugrientos y con un aspecto deplorable. El pelo raído y sin peinar. Los dientes podridos y amarillos. Tatuajes y cicatrices; por no las típicas de una batalla. Eran cicatrices de pelea de bares, de apuñalamientos desgarradores y peores curas.
Justo su vecino de al lado. Trobar, se volvió y miró calle abajo. El Tahur pudo percibir tal alivio en su cara que casi parecía que se había cagado encima.
A pocos pasos de llegar hasta donde se estaba produciendo la discusión Trobar se envalentonó y habló con voz fuerte
"Aquí están los verdaderos dueños de la casa. Son gente mas peligrosa que vosotros así que ya os podéis largar antes de que os arrepintáis"
Los tres pordioseros miraron con recelo al grupo que se acercaba. Cuatro hombres.
"Buenos días nos den los dioses" el cordial saludo del Príncipe con si sonrisa típica de despreocupación.
"¿cómo estas Trobar?¿que problema tenéis por aquí?" dijo Lothar como si los tres tipejos ni existieran.
"Son estos bandidos, Señor Lothar. Hemos estado cuidando su sastrería esperando que volviera y retomara el negocio. Pero antes de ayer llegaron estos individuos y se niegan a marchar" Lo dijo en tono de súplica. "Además, causan muchos males. Hay robos en las casas de la zona y sabemos que son ellos. Arman jaleo, manosean a nuestras mujeres al pasar y..." la frase quedó en el aire tras recibir Trobar un escupitajo en el pie del que parecía el lider.
Lothar lo miró. Sonrio. Y sin apartar la vista ni la sonrisa volvió a hablar con Trobar.
"Bueno. Nosotros tampoco fuimos un ejemplo a seguir"
"Pero son gente honrada. Saben qué esta bien y que esta mal. Y dentro de lo que está mal, el límite que no se puede pasar. Ustedes son los Héroes de Tharbad"
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Ankalagorn
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MensajeTema: Re: Una partida con el Diablo   Mar Ago 09, 2016 4:37 pm

Lo cierto es que Ankalagorn la temía. Sabía que era ella. La vio hace muchos años,en otro plano,tal vez siglos. Entonces le ayudo a encontrar la puerta a otras dimensiones para encontrar la espada Glisil, que daría muerte a Arioch, por lo que al descubrirla en este mundo la perdono. Su deber como indagador era ajusticiarla por brujería ,pero no lo hizo. Ahora debía ayudarlo otra vez para encontrar a la banda del sastre. La adivina Baba entro por la puerta, mientras Ankalagorn la esperaba sumido en sombras, no podía permitirse errores, ya habían intentado matarlo y Baba no era una cualquiera, la adivina era poderosa, muy poderosa, por lo que quería que viera con quien podía enfrentarse. El tampoco era un donadie y su poder también era terrible.
La puerta se cerro tras la adivina, esto hizo que la vieja se sobresaltada. Entonces lo vio.
-tu me has llamado?-pregunto.
-así es. - la voz de Ankalagorn terminó de asustarla.
-quien eres? Tu...tu... Eres un ser de las tinieblas!alejate de mi! No te acerques demonio!
-no te haré daño Baba. Si me prometes ayudarme. Se de tus poderes adivinatorios. No hace falta que finjas, ya nos conocimos hace siglos, en otro lugar.
-que quieres de mi?
-solo que me ayudes a encontrar a alguien. Puedes hacerlo?

La adivina intentaba concentrarse pero por la presencia oscura que poseía a Ankalagorn o por otras razones la vieja no sabia donde se escondía la banda del sastre.
-solo se que no están en Elendil. Si fuera así lo sabría.-decía una y otra vez.
Ankalagorn comenzaba a impacientarse y amenazo con comerse sus entrañas de manera mas que creíble.
-  no puedo...-dijo sollozando la vieja-puedo hacer algo. Puedo hacer que duermas. Tu subconsciente viajara hasta donde estén ellos y podrás hablarle a uno que eleijas, pero no sabrás donde están a no ser que te lo diga el y no te mienta.
-hazlo vieja- dijo el brujo tras un instante- pero ni se te ocurra jugarmela si aprecias tu vida. Podemos beneficiarnos ambos de nuestros poderes, así como el beneplácito de tu negócio de brujería por parte de los Indicadores. Tu decides...
-acepto.- se le veía tan atemorizada que Ankalagorn la creyo.- te dormire, demonio.
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Ankalagorn
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MensajeTema: Re: Una partida con el Diablo   Miér Ago 10, 2016 1:08 am

Eligire al que llaman Principe, no por que sea el que mas confianza me inspire, pero debo escoger a alguno y creo que es el que mejor puede transmitir al resto mi mensaje.

La oscuridad se hizo y una tenue luz volvio a iluminar la escena. Ankalagorn ya no estaba alli. Angost ya no estaba alli.
Se encontraron los 2 cara a cara. El Principe sentado en una silla invisible a la que se encontraba atado, pero sin cuerdas o cadenas.El Brujo de pie ante el. de brazos cruzados, semblante serio. Una larga capa negra ondeaba con una brisa inapreciable a su espalda y su armadura de escamas verde oscuro casi negra ataviaba su gran cuerpo, proximo a los 2 metros. Angost a su lado parecia un niño.
La sala era oscura y no se podia ver mas alla de ambos , salvo una ligera neblina que se elevaba desde el invisible suelo, para desaparecer en la nada a unos cuantos centimetros del suelo.
Angost miro perplejo a todos los lados, preguntandose que hacia alli.
-Donde estais?- El Brujo fue directo al grano- Hace tiempo que no se nada de vosotros y os recuerdo que teneis una mision pendiente. Si confie en vosotros fue por algo.
El Brujo parecia molesto.
- Tranquilicese Sumo maestro- Dijo Angost con cortesia, mientras tiraba sus manos hacia arriba para intentar liberarse de una presa invisible que se ataba en sus muñecas, pero que no pudo soltarla.- Estamos en ello. De verdad.
- No estais en Elendil.Quiero que me comuniques que habeis hecho hasta ahora para acercaros al Santo Padre.- El Brujo quiso ponerlo contra la espada y la pared.
- Le sere sincero. Creiamos que habia sido asesinado o prisionero tras el ataque al Templo. Luego nos enteramos de que no, pero de repente una cosa llevo a otra y nos vimos envueltos en un follon que no podrias ni imaginar. Un barco endemoniado. Un demonio llamado Desidia. Es largo de contar.
-Tengo tiempo- Dijo el Brujo- Me gustan las historias de demonios. Empieza por el principio.
-No es que no le tema, oh Señor de los Indagadores, pero creo que para confiar ambas partes, deberia ser mas cortes con nosotros, ya que nos necesitas, somos los mejores para llevar a cabo su plan. Ademas no sabe donde estamos y podriamos hacer llegar algun mensaje al Santo Padre. Pero no lo haremos, somos de fiar y el trato lo llevaremos a buen puerto- Con esto Angost queria demostrar que ellos tambien eran gente dura. Ankalagorn no sabia si reir o enfadarse.
- Que quieres decir, Principe?- Dijo con una media sonrisa el Numenoreano.
- Hombre... creo que deberia tratARNOS con mas respeto, no somos simples ladrones- Angost sonreia cordialmente como era costumbre suya- Si no tuvieras esa preciosa armadura ni proteccion de esos poderes oscuros, tal vez no habria tanta diferencia, enfrentandonos de igual a igual- Angost intento soltarse otra vez, pero fue inutil.
- No dudo que seas un buen luchador, pero creo que te equivocas. El igual a igual no existe entre tu y yo. Mis poderes son parte de mi ser. Yo no sirvo a los demonios, ellos me sirven a mi. Puede que esta armadura no sea parte de mi, pero si tuviesemos que luchar no dudaria en comerme tu alma, muchacho.
-No creo que seas tan malo.
-No sabes de que soy capaz- Sonrio el Brujo. A Angost se le helo la sangre.- Esta conversacion no llega a ningun lado y nos distancia de lo que quiero de vosotros. Si quieres mi respeto, ganatelo.
-Que quieren los demonios? por que vienen a este mundo? Les gusta hacer daño por hacer? juegan con nosotros?
-Que?- Dijo Ankalagorn incredulo- De que cojones hablas?
-Me gusta aprender. Quiero saber porque mi amigo Garred sufrio esa transformacion. Quiero saber por que el Duque Kurlg y hacia esas aberraciones inhumanas sirviendo a Moloch?por que tu sirves a los demonios? que te dan y a cambio de que?- La sonrisa de Angost habia desaparecido de su rostro y una lagrima resvalo por su mejilla.
-No estoy aqui para darte una clase de demonologia, Principe. Y por cierto, hay una ligera diferencia entre esa gente que nombras y yo. Te lo vuelvo a repetir. Yo no sirvo a demonios. Ellos me sirven a mi. Yo me sirvo de ellos.
- DE verdad te reporta tantos beneficios ?- Dijo Angost.
-Los demonios estan aqui. Los que yo llamo son cosa mia. EL daño lo hicieron otros. Lo hice yo. Que importa eso. Todo paso- El Brujo parecia hablar en clave. Posiblemente del pasado. Lo cierto es que no le gustaba hablar de aquello y Angost se percato de ello.
- Quieres saber que quieren?- dijo el Brujo- Cuando oigas a un demonio hablar te engañara. Diras : por que hace eso? esta jugando? se divierte? el demonio te dira que son cosas que una mente tan simple como la de un ser humano no puede comprender, pero es falso. Un demonio se parece mucho a nosotros-Angost puso cara de asombro- Asi es. Puede que no sientan como nosotros, porque ellos sobre todo odian, odian lo bello, como tu odias a tu enemigo. Aman...destruir como tu amas a una mujer.Se cabrean, sienten lujuria, son avariciosos, codiciosos, vengativos. DIme Principe, se parecen o no a nosotros? si estan aqui y hacen esas cosas es por algun motivo mas mundando de lo que creemos...por que? no te lo dira, pero puedes hacerte una idea por las cosas que te digo...odio, amor, codicia, envidia...
Los mataras en este mundo pero no moriran del todo. Lo normal es que lo que aparece en un mundo que no es el suyo es una sombra de lo que en realidad es, pues en su Palio siempre es mas poderoso, salvo contadas excepciones, como Arioch que llego a tener un poder superior. Esto es un mundo complejo, Principe y os faltamucho por aprender a ti y a los tuyos. No todo es saber manejar el acero o robar en casas de poderosos señores. Ahora cuentame tu historia.

Angost le conto la historia aunque omitio donde estaban ahora. Queria consultarlo con el grupo para dar esa informacion. Por alguna razon termino convenciendo a Ankalagorn que le dijo que en unos 5 dias volveria a contactar con el para solucionar los temas que quedasen pendientes.
- Cuando nos volvamos a ver dentro de 5 dias traeme las dudas que tengais sobre la mision. Necesito tener algun contacto con vosotros y esta sera la manera. No te preocupes por Desidia. Los Indagadores daremos cuenta de el. Ya lo derrote una vez. El lo sabe. Recuerda que quiero saber donde estais...o el trato se habra roto. Luego ire a por vosotros.
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Tyrok
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MensajeTema: Re: Una partida con el Diablo   Miér Ago 10, 2016 6:06 pm

La Serpiente era ante todo una persona observadora. Se había percatado del estado más que deplorable en el que Halaf se encontraba. Algo le pasa. No era el mismo desde el encuentro con aquel demonio que se adueñó del afable. El Rubio nunca había sido la persona más jovial del mundo, ni mucho menos de este grupo, pero la Oscuridad se había adueñado de él y parecía estar convirtiéndose en un ser huraño, esclavo del alcohol que estaba siendo su único consuelo, y esto traía a Tyrok el peor de los recuerdos, su padre. No podía dejar que un amigo suyo cayese en aquel tipo de miseria. Tal vez fuese la pérdida de sus seres queridos o tal vez la influencia de aquel demonio que se apoderó de Garred y que parecía estar aprovechando el momento de debilidad de Halaf para adueñarse de él.
- - - - - UNA VEZ RESUELTO EL “PROBLEMA” OKUPA - - - - -

- No se si os habéis percatado del estado del Rubio o el alcohol ha podido con vuestros sentidos – Tyok se ganó la atención de sus compañeros con la pausa que realizó – Lo veo sumirse en la Oscuridad por momentos. No se si será la tristeza o que lo mismo que se apoderó de Garred trata de hacer lo propio con Halaf aprovechando el momento de debilidad tras la pérdida de Clarisse. –
- Acaba de separarse de nosotros sin dar más explicaciones. No se si estará dándose de nuevo a la bebida o presentando sus respetos a la pelirroja, lo que si se, es que es nuestro deber hablar con él y evitar que se autoconsuma y se convierta en lo que Garred fue. ¿Qué opináis? –




- - - - - EL JINETE NEGRO - - - - -

Se encontraba en las proximidades del Oasis de Gecko, sabía que allí había un importante enclave orco que poder asaltar con los suyos, no eran más de 20 guerreros y unos 10 exploradores (si es que entre esta apestosa raza podía hacerse distinción alguna). Se habían adueñado de aquel importante enclave que abastecía de agua a varios poblados del sur. Iba él con 8 de sus jinetes más versados, capaces de realizar maniobras de acecho a caballo.
Cuatro grupos de orcos aseguraban los 4 laterales del lugar, sin dudarlo un instante y en apenas 10 metros el grupo dirigido por el Jinete Negro se dividió en 2 grupos y atacó a galope tendido dos de los laterales de la pequeña fortaleza de agua. La lucha apenas duró unos minutos, eran más do los que creían el número estaba más cerca de los 40 que de los 50, pero no había habido ninguna baja entre los suyos, ni tan siquiera un leve rasguño. Estas eran las cosas que aún le podían hacer sentirse con vida, pues se sabía muerto desde hacía mucho.
Él y su yegua Saskha eran uno. Poco aparte de acicalarla y salir a pasear con ella podía hacer.
- El Jinete Negro – Ragnarok hizo un ademan de sonreír mientras hablaba con su yegua – Tengo que cambiar mi armadura por una de color más florido a ver si así me cambian el apodo por el Jinete Florido. Añoro los tiempos en los que combatíamos junto al Señor de las Huestes, al mando de la Falange Tenebrosa, ha pasado ya tanto tiempo que ni lo recuerdo, es de las pocas cosas que me hace sentir con vida. Ser uno de los lugartenientes del Dragón Negro y estar aquí peinando tus crines... – la hembra piafó como si entendiera lo que el variag le decía y se sintiese celosa – No amiga mía, adoro tu compañía, pero no me dirás que no añoras galopar atravesando ejércitos enemigos y pisoteando cadáveres – ambos miraron la armadura de la yegua a juego con la de Ragnarok y sus miradas se perdieron simultáneamente en la lontananza.
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Haral
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MensajeTema: Re: Una partida con el Diablo   Miér Ago 10, 2016 11:41 pm

El menesteroso hizo un ademán de escupir a Lothar, pero no tuvo tiempo. El Tahur dio un paso firme al frente lanzando un gancho al hígado del oponente. Éste lo vio venir e intentó retroceder. Pero lo que lo hizo retroceder fue el tremendo golpe recibido en el abdomen. Iba a caer de rodillas cuando un directo a la mandíbula se lo impidió. La cabeza giró para atrás con fuerza, y entonces cayó al suelo.
Lo primero que hizo al llegar allí fue eructar una bocanada de sangre, después la vomitó directamente en el suelo. No podía despegar la vista de los adoquines bañados con su propia sangre y algún alimento rancio que le quedara dentro.
Uno de los amigos intentó saltar para socorrerlo, pero Angost sacó su acero rapidísimo, y en el mismo movimiento que desenvainaba golpeó la cabeza del segundo pordiosero con el mango de su espada. Este cayó de inmediato e inconsciente.
El tercero iba a hacer algo, pero ante los movimientos ocurridos, Tyrok desenvainó. Su rostro reflejaba que no necesitaba muchas escusas para usar su espada, y que no lo haría por el mango como su amigo. Para su dicha, su enemigo retrocedió un par de pasos con las manos levantadas.
Un ruido dentro de la casa delató a un cuarto pordiosero que sin duda daba la huida por la otra puerta y sin mirar atrás.
"Recoge al mierda de tu amigo y largaos ya. Sin decir palabra" dijo el Tahur a su enemigo de rodillas en el suelo y con la boca cubierta de sangre. El desgraciado intentó hablar, pero aún no le salía ni el aire. En su intentó de hablar solo consiguió respirar fuerte, como si le faltara el aire, y una última bocanada de sangre menos abundante que las anteriores.
Habló el de las manos levantadas
"Pero aún tenemos dentro nuestras cosas"
"Ahora son nuestras" dijo Tyrok acercándose un poco con le filo por delante.
Titubeante para no causar alterar el ánimo de sus oponentes el de las manos levantadas se acercó al que hacía de líder para ayudarlo a ponerse en pie. Y cierto es que se levantó, pero no consiguió ponerse erguido. Intentó mirar a los ojos de Lothar, pero tampoco pudo.
Con su compañero en pié, se acercó al tercero que yacía en el suelo. Se lo echó sobre los hombros y se marcharon calle abajo sin decir palabra. Antes de que desaparecieran, Angost les advirtió gritando
"Preguntad por ahí por la banda del sastre. Podéis preguntar a la guardia si queréis. Pero hacerlo y pensarlo bien antes de volver por aquí"

La banda encontró los pocos enseres de los pordioseros y la habitación de Angost a rebosar de objetos de poca monta. Candelabros, pulseras, anillos y demás alhajas de bronce y alguna de plata, platos y cubiertos metálicos, y demás cosas sin mucho valor. Era obvio que se trataba de los objetos robados a los vecinos. El grupo decidió devolver las cosas a sus dueños. Al fin y al cabo no sacaría ni dos piezas de plata por todo aquello.
"Eran aficionados hasta para robar" comentó el Príncipe.
La forma de devolver objetos pasó por contar con Trobar. Con un par de sábanas pusieron los todos los objetos en la calle para que cada uno cogiera lo que era suyo. La gente estaba encantada con ése gesto, hubo quien lloró de alegría al recobrar lo que era suyo; lo que hizo plantearse de nuevo a la banda del sastre, que solo robarían ricos, nunca pobres; tal y como hasta ahora habían hecho.
No había pasado ni una hora de la devolución cuando tocaron a la puerta. Un grupo de mujeres del lugar estaban ahí. Tres de ellas arrodilladas limpiando la sangre del menesteroso.
"Señor Lothar" dijo la que estaba de pie junto a la puerta "todo el barrio se alegra del regreso suyo y de sus amigos. Han tenido un detalle tan bonito en devolver nuestras posesiones que no sabríamos agradecérselo. Puede que no tengan mucho valor material, pero el sentimental es inmenso. Aunque no es mucho, la mujeres hemos pensado que tendrán la casa hecha unos zorros, así que aquí estamos para dejársela limpia como oro y por supuesto estamos preparando comida y cena para hoy"
Angost, como si del Príncipe de Tharbad se tratara, se adelantó y les agradeció el gesto de tal manera que todas se sintieron las mujeres más bellas y cortejadas de la cuidad.

En unas horas la casa estuvo perfecta. Si faltaba alguna manta, colchón, cubierto, menaje, fue repuesto de la vivienda de algún vecino. La comida preparada era de las mejores que la banda recordaba. Y por fin cuando tuvieron un poco de intimidad, Angost les contó todo lo sucedido en su sueño.
Por si éso fuera poco, Tyrok añadió su preocupación por el Rubio; quien poco después entró por la puerta, apenas sostenido por sus piernas.
Aunque el grupo intentó hacerlo entrar en razón; él quería beber, necesitaba beber. Había perdido al amor de su vida y su última etapa no había sido buena por culpa del Rubio. Le había prometido a su pelirroja una vida de felicidad y no se la había dado. Y desde que ése demonio lo visitaba en sueños no quería dormir conscientemente, quería el sueño del borracho, que duerme sin soñar. Prometió beber solo en la próxima fiesta que la banda organizaba, pues para éso era el dinero. Ya solo quedaba ver cómo se montaban la tan merecida fiesta, pues hasta el momento los únicos que se habían tomado descanso eran el Rubio y el Tahur.
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kang
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MensajeTema: Re: Una partida con el Diablo   Jue Ago 11, 2016 12:02 pm

Lothar salió de la sastrería, si es que esa casa pudiera ostentar tal titulo. Las barras con telas, los trajes ya terminados, los cojines de alfileres, toda una vida pasto de las llamas y la guerra orca. Aquella casa solo era un continente vacio, un vago recuerdo de lo que fue… Lothar se marchó sin mostrar sus verdaderos sentimientos.
El Rubio estaba mucho peor, lo suyo solo era un sentimentalismo por haber perdido todo lo que un día amó. Ahora, Lothar sabía que su posesión más valiosa eran sus hermanos, ni la sastrería ni la dama de corazones, ni tan siquiera su espada eran tan importantes como su familia. Eso no quitaba que una espina le royese en corazón.

Las calles de Tharbad estaban mejor empedradas que antes. Estos enanos eran verdaderos seres de otro mundo, construir, matar o beber era algo tan natural para ellos, como para el tahúr hacer trampas. Por fin llegó a su destino, el viejo cementerio.

Se elevaba un poco por encima de la ciudad. El promontorio ofrecía una vista inmejorable de ella. No pudo evitar echar un vistazo a los muros de la ciudad. Se elevaban bastante por encima de las casas. Negros como el carbón lamidos por la llamas, salpicados de roca nueva amarilla, daban el aspecto de una avispa furiosa. Sus torres jalonaban la muralla como aguijones puntiagudos desafiando al cielo azul.

Una nueva sección de la muralla daba espacio a la maquinaria de guerra. Los onagros y escorpiones se intercalaban en el nuevo muro en forma de estrella. El diseño impedía a los atacantes asaltar la muralla de plano, ofreciendo a los defensores líneas de tiro libres del ataque frontal enemigo. Para colmo de males dos nuevos fosos, uno embarrado y otro lleno de agua procedente del rio protegían la muralla. Los enanos habían dispuesto enormes esclusas para soltar avalanchas de agua por el foso seco. El rio ayudaría esta vez a limpiar la escoria orca cuando se dispusiese a atacar la ciudad.

A simple vista parecía inexpugnable. La organización interna del muro también fue ampliamente mejorada. Las rampas de acceso estaban protegidas con gruesos contrafuertes internos que asomaban como huesos pétreos de la cimentación, para incrustarse en la muralla. Estaba claro que sus arcos absorverían parte de la fuerza de la artillería enemiga.

La panorámica exigía un esfuerzo mental para comprender como diablos habían hecho eso en tan poco tiempo. Sus ojos le llevaron incrédulos a la puerta este. Fortificada a conciencia, constaba de una barbacana flanqueada por cuatro nuevas torres redondas a las que les habían añadido dos cuerpos más que las antiguas torres cuadras. Según los enanos soportaban mejor los impactos y los socavamientos subterráneos que las cuadradas o heptagonales. El pasillo en forma de ele impedía el asalto a la puerta con ariete, además la nueva rampa incrementaba la dificultad al asaltante. Pero por si todo aquello no fuera suficiente, si conseguían traspasar la puerta un largo pasillo conduciría a la hueste enemiga por un desfiladeros desde el que ser atacado por todos los ángulos posibles para dar con una nueva puerta mucho más recia que la anterior.

< Normal que la gente regrese, estos muros parecen indestructibles>

Su ciudad había cambiado. El puerto, antes comercial, era otro fortín en si mismo. La ciudadela había crecido en altura, así como en espesor. Y la ciudad vieja constaba con más torres y mejores puertas que la mismísima Elendil. Si los orcos querían tomar la puerta sur al Sacro imperio les costaría sacar hasta el último orco de Mordor. O eso pensó Lothar. Al final dejó a un lado los nuevos y malos tiempos. Tharbad ya nunca volvería a ser el paraíso de los ladrones, y ellos no podrían aspirar al trono vacío que dejó la Mano.
Se giró y asió la puerta de hierro oxidada. Los goznes se quejaron con un chirrido al abrirse. Lothar paseó por las tumbas y la maleza. Dejó a un lado los viejos panteones. Era curioso que esa parte de la ciudad fuera la única que se salvara completamente del asalto, del incendio y de la estampida orca. No tardó mucho en llegar. Se arrodilló y quitó unas cuantas malas hierbas. Limpió con esmero la lapida de piedra y repasó con el dedo las letras de la piedra.
- ZACARIAS-
No ponía nada más. Triste tumba para el mejor de todos ellos. Pensó Lothar.

< Tío he vuelto. Echo de menos nuestras partidas y tus sermones. Ya sé que no soy el hombre que esperabas. Tu en todos tus años no tuviste que desenvainar el acero. Te vanagloriabas que en más de cincuenta años de profesión no derramaste ni una sola gota de sangre. Eras de verdad de guante blanco…

Lothar se quedó allí un buen rato. Hablando con su padre. No sabía si volvería a verlo, se avecinaban tiempos oscuros. Le hubiese gustado que le enterrasen al final de sus días junto a su padre. Pero sabía que con sus correrías era posible que acabase tirado en cualquier fosa o agujero. Le dio un beso a la fría piedra

- Adiós Manco, nunca te olvidaré –

Salió del cementerio. Con una idea en la cabeza. Veneno. El Santo Padre ha de morir. Pero esta vez nadie sabría de donde había salido. Aprender de los errores era básico para un tunante como Lothar. Daverloth les dio la vuelta a la tortilla cuando le envenenaron. Si en esta misión había que recurrir al veneno, al menos no sabrían de donde había salido.
<Lástima que Dave acabase con la Alimaña. Era uno de los nuestros… Algún día le ajustaré las cuentas a ese malnacido…>
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MensajeTema: Re: Una partida con el Diablo   Jue Ago 11, 2016 11:29 pm

La banda decidió que nada de fiestas por el momento. Atardecía y todos salieron menos Angost, que se quedó de niñera de Halaf.
Lothar tenía una doble tarea, buscar un veneno y el laud del Jilguero, tal y como había prometido. Lo acompañaba Tyrok. Aunque éste estaba más interesado en la búsqueda de venenos que en la de un palo con cuerdas como decía él.
Tarsil iba en busca del laud. Pero había decidido hacerlo por su cuenta. Así Lothar y Tyrok tendrían más suerte si iban solos y no acompañados por un desconocido en los bajos fondos. Y además, al buscar él por otro lado aumentaban las posibilidades de encontrarlo.
Pronto descubrirían tanto el Tahur como la Serpiente, que los bajos fondo habían cambiado y mucho. Ahora eran peores, más que nunca. Muy peligrosos y quedaba muy poca gente de la de antes. Era lo malo de las guerras, no discriminaban a nadie a la hora de matar.

El Príncipe escuchó a Halaf despertarse y bajar. El Rubio bajo, saludó y se dirigía a la puerta.
“¿a dónde vas?” pregunto Angost.
“Fuera” respondió Halaf, pero sin malos modos.
“¿a beber?” insistió Angost con una sonrisa mientras se colocaba entre el Rubio y la puerta.
“¿y el resto?”
“Han salido” contestó el Príncipe.
“Y tu te has quedado de niñera conmigo. ¿no se me permite salir?”
“No es eso. Entiéndelo. Estamos preocupados por tí. Lo de Clarisse parece que ocurrió hace tiempo como para que estés así por ella. No sabemos que te pasa, pero nos preocupa”
El Rubio puso un gesto de interrogante.
“¿mucho tiempo?¿os parece que fue hace mucho tiempo? apenas fue hace un par de meses, y en ése tiempo no he podido llorarla, despedirme, ni nada. Solo sufrir su ausencia. Y ahora, que empezaba a sacar cabeza, viene ese demonio hijodeputa y posee su cuerpo. Se me aparece en sueños como si fuera ella, y si te soy sincero no me apetece despertar cuando lo hace. Pero es un cabrón. Y lo único que ha hecho es hurgar en una herida que estaba aún sin cicatrizar, y ahora vuelve a sangrar como el primer día”
Tras la palabrada se retiró de nuevo a su habitación. Angost King se quedó pensando en lo que había dicho. Era cierto en una cosa, vivían tantas aventuras y tan importantes, que parecía que el tiempo volaba, pero en realidad pasaba despacio. Tal vez fueran ellos los que cambiaban. Entonces el Príncipe tuvo una revelación, subió las escaleras hasta el cuarto de Halaf a la carrera para abrir la puerta súbitamente.

Cuando el Lothar y Tyrok llegaban a la calle que daba a la sastrería hacía tres horas que había anochecido. Por casualidad o no, de un callejón apareció Tarsil en la misma dirección. Los tres sin suerte en sus búsquedas. Al entrar en la sastrería notaron que algo no iba bien. Angost los esperaba sentado frente a una pequeña luz de vela.
“Se ha ido” antes de que alguno pudiera preguntar quién él respondió. “Halaf. Se me ha escapado. No lo dejé salir y traté de animarlo. El me dijo que era algo normal estar como él estaba por lo sucedido con la pelirroja y se fue a su habitación. Para cuando subí, se había escapado por la ventana”
“Vamos a buscarlo” sentenció Tyrok.
“No es muy tarde, y estará en alguna taberna bebiendo, y es mayorcito tal y como dijisteis...” Tarsil no terminó la frase porque Tyrok actuaba como si no lo escuchase, como si no pudiera oirlo. El Jilguero había visto como actuaba el grupo. Eran una familia que dentro de ser delincuentes tenían un código ético buenísimo. Prueba lo que habían hecho nada más llegar y como sus vecinos se lo habían agradecido.
El grupo se dividió y registraron más de una decena de posadas; pero la noche pasó sin encontrar al Rubio. Todas las posadas estaban atestadas de gente.
Volvieron ya despuntando luces de alba, y decidieron irse a dormir. El daño ya estaba hecho. El Rubio volvería en cualquier momento, borracho.

Angost se despertó sobresaltado. No había problema, aun quedaban cuatro noches para volver a tener un sueño escabroso con el Señor de las Huestes. Lothar y Tarsil no se habían levantado hacía mucho, pero Tyrok sí llevaba tiempo despierto.
“No ha vuelto aún, y al día le quedan pocas horas” Dijo la Serpiente.
Tomaron un bocado y dejaron a Angost en la sastrería. Si el Rubio volvía no lo debía dejar salir.
Todos se dispersaron por el resto de Tabernas, que también eran un hervidero de gente, pero nadie había visto al Rubio. Y así pasó la segunda noche sin noticias de Halaf. El último en llegar a la sastrería fue Tarsil. Volvía acalorado y sin resuello. Tuvo que sentarse y beber agua antes de contar lo que había descubierto.
“Llegue a un antro de mala muerte cerca de los puertos. Se llamaba El Rey Putero. En ése antro no había mucha gente como en el resto de sitios en los que hemos estado. Y el posadero recordó a un Rohir rubio, de pocas palabras y que se parecía a la descripción de Halaf” el grupo se miró, el primero en hablar fue Angost
“¿a dónde se fue, o es que sigue allí?”
“No. Allí no esta. Me dijo que no lo vio marcharse, pero si que vio con quién estuvo hablando antes de desaparecer. Era un hombre gris, del que no recordaba el rostro. Solo un bigote peculiar...y una chaqueta de cuero verde”

Iban a dormir un poco y salir en su busca por la mañana. Seguir la pista dejada en el Rey Putero. Pero Tarsil ya había preguntado y nadie sabía mucho más.
Antes de que pudieran salir un reten de la guardia estaba a sus puertas.
“Lord Daverloth quiere veros” el tono era un, es una orden.
“Tenemos algo urgente que hacer”
“Lo siento” dijo el guardia “Tengo orden de llevar a toda la banda del sastre ante el Comandante. Es algo de suma importancia”
Angost vio que era inútil negociar así que accedieron.
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MensajeTema: Re: Una partida con el Diablo   Jue Ago 11, 2016 11:29 pm

El grupo fue llevado hasta el cuartel. Allí les franquearon la puerta hasta el despacho de Daverloth, que no era el mismo que Lothar recordaba.
Había cambiado su ubicación, sin duda conforme el cambio de su rango. Este despacho era más amplio. Había armarios de todo tipo, algunos guardaban libros otros podían guardar cualquier cosa. Pese a lo apremiante de encontrar al Rubio, el ladrón que llevaban dentro se alteró como un niño pequeño al ver tantos arcones y demás sitios cerrados con llave en los que mirar. La mesa tampoco tenía desperdicio. Su tamaño era grandioso. Algo impropio de un militar de verdad. Y tras la mesa un sillón que parecía más un trono que otra cosa. Por si no fuera bastante ostentosa, tras el sillón se abría un pequeño balcón que dejaba entrar luz, aire y del que sin duda habría una buena vista del cuartel y parte de la ciudad.
Solo Tyrok se percató de la espada que había sobre la mesa. La había reconocido nada más llegar. Era la espada de Halaf. Estaba guardada en su funda. Sobre ella había un naipe boca abajo, por eso la serpiente no veía de qué carta se trataba; en cualquier caso no presagiaba nada bueno.
Conforme el resto se acercó a la mesa; pues Dave estaba sentado en su trono mirando unas hojas de papel, se percataron al igual de Tyrok de la espada del Rubio.
Todos la contemplaban, hasta que Dave los sacó de sus pensamientos.
“Vaya. Mi banda preferida al completo. O bueno. Casí”
Ninguno abrió la boca.
“Si algo me gusta de vosotros es lo tremendamente astutos que sois, cómo os dais cuenta de todo e incluso sabéis que quiere uno de vosotros sin pedirlo”
A ninguno se le pasó por alto tampoco que no los llamaba inteligentes, ni siquiera listos, solo astutos. A lo máximo que puede llegar un delincuente según la filosofía del engreído con uniforme que tenían delante.
“¿sabéis cómo estamos repoblando la ciudad?. Hemos dictado un edicto para atraer a cualquier malhecho de la zona. Ladrones, asesinos, violadores, etc. Gente así nos será de ayuda cuando vuelvan los orcos. Son gente ducha en las armas y la pelea. No como los pobres granjeros o agricultores. O al menos eso piensan unos cuantos. Yo no lo veo así. Cuando llegue el momento, huirán como las ratas cobardes que son. Y aunque a vosotros no os moleste, pues sois de la misma calaña, al menos no sois cobardes”
A Tyrok le ponía de los nervios que se fuera así por las ramas.
“Al grano” espetó.
“JA” soltó Dave “No os agrado, ni vosotros a mi. Aunque no lo creáis si os tengo algo de respeto. Aunque a veces os comportéis como el otro día. En cualquier caso me habéis servido en el pasado y quiero que me sirváis una vez más. Entre tanta chusma, como os iba diciendo, preservar la seguridad es una ardua tarea. Tarea que me ha tocado a mí. Y ahora mi principal problema es un asesino en serie. Mata despojos como los que os he nombrado, pero tiene preocupada a la gente y a mis superiores. Ha matado a cinco, y siempre de la misma forma. Quiero que lo encontréis y lo atrapéis para mí.
“¿por qué íbamos a hacer eso?” se atrevió a preguntar Tarsil, que por su corto tiempo entre el grupo no parecía haber reconocido la espada.
“Porque el modus operandi es el siguiente. Coge a un incauto una noche en una posada. Deja su espada junto con una carta al día siguiente en un lugar de las zonas no pobladas o con escasa población. Y cuatro días después, aparece en otra zona el cadáver con otra carta.”
Dejó un rato de silencio como si no tuviera que explicar nada más, pero ante la cara de Tarsil continúo.
“Mis hombres recorren las calles. Esta mañana han encontrado esta espada. ¿es la del Rubio, verdad?. La carta es el cuatro de diamantes. ¿No sé si eso tiene algo que ver con vuestro amigo o con vosotros? Hasta ahora no le hemos encontrado significado a las cartas. Pero tampoco teníamos noticia alguna de ninguna de las víctimas, quienes parecen no tener nada en común...”
Tocaron a la puerta
“Vaya. Que oportuno. Pase”
Entró un muchacho ya entrado en años, que pronto dejaría de ser muchacho para ser un hombre, si no lo era ya.
“Este es el Teniente Aderman. El me ayuda con la investigación y me rinde cuentas directamente a mi. Así que creo que sería mejor que a partir de ahora trabajaseis directamente con él. Responderá todas vuestras dudas, y vosotros le diréis todo lo que averigüéis. Espero sinceramente que encontréis a ése cabrón”
Estaba claro que la investigación la llevaba el Teniente, y que Dave solo estaba para colocarse la medalla, si es que había medalla que colocar.
“Por favor. ¿me acompañan?” el trato del Teniente era de sincero respeto. Acompañaron al muchacho a su despacho, el cuál si parecía el de un militar. Había multitud de planos de la ciudad. De toda ella, de parte de ella. Algunos sin duda, realizados por el propio Teniente. El despacho era pequeño, pero tanto plano lo hacía parecer aún más diminuto.
Sobre una mesa de tamaño normal, o al menos debería haber una mesa; había una multitud de papeles. Ordenados eso sí, pero tan juntos, que entre ellos, los tinteros y los sellos, no se podía si no adivinar que debajo había una mesa.
El Teniente le dio la vuelta a la mesa, pero no se sentó en la silla espartana que había detrás, incluso a modo de excusa dijo
“Lamento no tener nada que ofrecerles para tomar asiento, pero aquí paso el tiempo necesario para pensar”
Este chico era otra clase de militar. Uno como hasta ahora no había visto la banda del sastre.
“En los planos tengo marcados los lugares donde se encontraron las espadas con las cartas. También donde se encontraron los cadáveres y los naipes que con ellos habían. En éstos documentos tengo informes de todas las víctimas. Profesión, si eran oriundos de Tharbad o no, etc. Aunque no parece que guarden relación. Pueden preguntarme lo que quieran. Después, si no les molesta me gustaría que me hablaran de su amigo. No es una víctima, pero tal vez sea la pieza que nos falta para que todo encaje y podamos llegar a tiempo de salvarlo”
“¿lleva esto usted solo?” preguntó Angost
“Si. Como oficial puedo recurrir a soldados. Pero solo lo hago para que hagan labores de apoyo, como dar recados o recoger algún tipo de prueba. Antes los mandaba a preguntar, pero he descubierto que la mejor manera de redactar un informe es hacer las preguntas uno mismo.” tras una pausa quiso añadir “No obstante, me alegro de trabajar con ustedes. Les he investigado y sé que son concienzudos si quieren. Y sé que en éste caso estarán motivados a serlo. Creo de veras que lo resolveremos”
“¿y que salvaremos a Halaf?” preguntó Tyrok.
Aderman respondió mirando a los ojos de la Serpiente, pero con una expresión triste
“Eso espero. Pero no lo sé seguro”
Y además sincer. Cada vez me cae mejor este tipo. Pensó Angost.
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