Bienvenidos a la 6ª Edad de los hombres

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 Capítulo VIII Las nieblas de Tharbad

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kang
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MensajeTema: Capítulo VIII Las nieblas de Tharbad   Mar Mayo 10, 2016 9:40 am

Todo estaba muy bien ordenado, para que pudiera verlo con su ojo sano.
Halaf hacía preguntas y la serpiente trabajaba a placer. Lo primero en cortarle fue el meñique. Advirtiéndole que detrás iría el pulgar. La historia no cambio. El pulgar fue a parar encima de la mesa al lado del pequeño gusano sanguinolento que ya le había cortado Tyrok.
Las preguntas se sucedían. De estar vivo, hubiese tenido una buena vista del pulgar y el meñique. La historia seguía siendo la misma. El ojo izquierdo descansó al lado del pulgar tan muerto como sus compañeros. La serpiente tocó con la punta de la daga el ojo derecho. Potrocinder supo que esa parte era la siguiente. Contó la misma historia con diferentes palabras intercalada de sollozos lagrimas y balbuceos, todo continuaba igual.
- ¿Lo dejo ciego? – Fue lo primero que dijo Tyrok en toda la sesión. Sonó como si dibujara un cuadro y pudiera equivocarse en trazo.
Halaf tenía serias dudas de que este hombre no dijera la verdad. Miró el amasijo de carne y luego el escritorio donde lo trozos de Patrociender parecían mejor dispuestos de lo que estaba su propio cuerpo. La cara desfigurada por la hinchazón, la cuenca del ojo vacio, no mejoraba su aspecto. La pulcritud del escritorio contrastaba con el pellejo de vino agujereado que era el capo.
Out Roll
Espacio para post flashback. Patrocinder está para el arrastre. No lo podeis mover. Es el momento de hacer con él lo que queráis.

Halaf echó mano del libro y fue a guardárselo cuando se quedó con la cubierta en la mano. El libro en sí, fue a parar al suelo. Al recuperarlo Halaf intuitivamente leyó la primera página. Canticos de Tulkas.
< Pero qué diablos es esto>
Halaf dio por supuesto al coger el libro de la biblioteca del colegio que era ese. No quiso mirar dentro. Habían dado el cambiazo y sustituido un manuscrito por otro. Pegando el tomo con algo de resina de pino. Aguantó hasta que lo trastearon un poco. El trabajo era burdo y viejo. Patrocinder no había tenido tiempo de hacerlo. Sobre todo porque la resinase notaba que estaba solidificada, había pasado frio en el proceso. Alguien les había dado el cambiazo y ese alguien solo podía ser una persona.

El puerto

Lothar y Angost buscaban algo concreto. Un barco pequeño y rápido con capacidad para 10 personas mas o menos. El príncipe y el tahúr no tardaron en entrar en acción. Las preguntas en las tabernas portuarias dieron con al menos tres barcos atracados que daban el perfil. El espuma había partido el día de ayer. Un inmenso dragón de mar, que nadie se explicaba que hacían de barco mercante, ese buque había sido diseñado para la guerra. El caso es que partió ayer con suministros para la ciudad de los ladrones.
Fueron a ver al capitán del Luna de Agosto que les aseguró que no había otro barco más rápido que el suyo en toda la ciudad. tras acordar el precio, unas 100 monedas por el viaje y su discreción. Lo primero fue echar un vistazo al barco. Un elegante dragón de vela triangular. Sólo su línea ya daba sensación de velocidad. Entendían lo justo de barcos como para saber que este era lo que buscaban. Tenían oro de sobra y el capitán no hizo muchas preguntas. Un viaje rápido a tharbad. Solo pasajeros…
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kang
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MensajeTema: Re: Capítulo VIII Las nieblas de Tharbad   Jue Mayo 12, 2016 12:52 pm

EL RIO AGUAS GRISES

El dragón tenía diez metros de eslora empujados por un vela mas que considerable para el tamaño del barco. La nave surcaba el rio a todo trapo. El viento favorable y la corriente a favor, hacían del Luna de agosto un pez espada partiendo el agua en dos.
Toro, el capitán del Luna de Agosto gobernaba desde el timón de rueda como si de un dios se tratara. El barco se había inclinado a babor tanto que los sastres pensaba que iba a volcar. mientras los gritos del capitán restallaban en los oídos de sus marineros como un látigo. Les llevaban un día de ventaja pero los 20 nudos del Luna de Agosto era jugaban muy a su favor.

Dentro, en el pequeño camarote, podían escuchar y sentir como el barco crujía al saltar sobre las olas. Tenían la sensación de que el barco se fuera a partir en dos en uno de esos saltos. Más de uno se sentía como una rata encerrada. Angost se estaba arrepintiendo en especial de haber hecho tan bien su trabajo. El barco rápido, el capitán audaz y ocho kilómetros a cada costado del barco hasta la orilla. Para cualquiera que supiese nadar era prácticamente imposible llegar a nado, menos él que no sabía nadar. Era increíble lo inmenso que era el aguas grises en su tramo medio. La calma llegó con la noche. El capitán, exhausto, dejó el gobierno del barco a su segundo. Este redujo trapo hasta reducir la velocidad a cinco nudos. El rio era grande pero podían toparse con algo sumergido, o no ver algo. Además la tripulación tenía que descansar para el día siguiente.
La banda del Sastre salió a cubierta y contempló el horizonte rojizo, mientras, las estrellas empezaban a dibujarse en el firmamento. De momento la empresa iba como decían los marineros, viento en popa a toda vela. La tripulación, diez marineros , parecía demasiada para el barco. Algo les decía a la banda que el Luna de Agosto no solo se dedicaba a viajes de recreo o transporte de mercancías. No era Lothar el único que sospechaba que estaban entre piraras a tiempo parcial. Al fin y al cavo, entre colegas de profesión.
El día llegó y El Luna de Agosto se puso a trabajar a todo trapo. Esta vez la Banda si subió a cubierta. Más acostumbrados que ayer se atrevieron a disfrutar de un barco como ese a pleno rendimiento. Pero la suerte no es eterna. A esa velocidad podrían coger al Espuma al día siguiente. Por desgracia, al caer la tarde unos nubarrones negros empezaron a cubrir el cielo. Para colmo de males se toparon con una niebla espesa recorridos unos kilometros. Era como un telón gris oscuro, denso y casi claustrofóbico. Toda la velocidad del Luna de Agosto se quedó en nada. Poco a poco, casi sin querer, se aproximaban al velo oscuro que flotaba en el rio. Un muro que traspasaron con bastante incertidumbre. Lo que empezó siendo una excitante carrera, empezó a convertirse un mal viaje.
- Esto pinta mal. – Angost bajó a refugiarse en camarote, estaba atrapado en ese barco a ocho kilómetros de tierra seca.
Arriba, Lothar se encaminó al mascarón de popa al mismo tiempo que el barco comenzaba a adentrarse en la niebla, pronto la nada devoró al tahúr igual que al resto del barco. Halaf contemplaba la escena igual que un espectador en un buen teatro desde la proa. Los truenos retumbaban de fondo causando terror. Cuando el Tahúr desapareció en la niebla Halaf tuvo la sensación de que no volvería a verlo jamás. El Rubio tuvo que rerpimir un súbito ataque de bilis en la misma garganta.

El capitán ordenó encaramar a un hombre al palo de popa armado con un candil. Sería el guía en la nada. La velocidad se redujo bastante al recuperar trapo. Toro no tenía ganas de mandar su barco a pique. Un largo meandro los condujo a una sorpresa. El epicentro de la tormenta erétrica estaba a continuación. De haber podido el capitán hubiese cortado el mástil al barco. El nuevo cauce les recibió con un reguero de rayos cruzando el cielo, desgarrando la niebla. Dejando ver el cielo y la inmensidad por breves instantes. Toro recuperó a su hombre del palo y se encomendó a los dioses demonio, a los valar y a cualquiera que le brindase alguna ayuda.

- Ni si quiera en alta mar he visto algo como esto, si sabéis rezad, rezad porque esta noche la pasaremos en el fondo del rio.

El marinero no tranquilizó precisamente a la serpiente, que si estimaba algo en este mundo era su vida por encima de todo. Perderla por un capricho del tiempo no era algo que estuviese en sus planes.
Un rayo envenenado cayó justo al lado del Luna de Agosto disolviendo un la niebla instante, lo justo para darles un susto de muerte. Un inmenso dragón emergió de las sombras justo delante de ellos para desparecer al momento.
Lothar en la popa se cayó de culo del susto. Un marinero cayó al agua de puro terror. El resto soportó mejor el envite. Alguno creyó que se lo había hecho encima. El siguiente rayo mucho más duradero picó entre ellos y el dragón. Esta vez preparados vieron el Espuma del Aguas Grises. Su enormidad los dejó perplejos. Así como el enorme mascarón de proa. Una cabeza de dragón tan realista que parecía viva. Luego la niebla lo volvió a ocultar.
- Fin de trayecto. - Sentenció el capitán loco por salir de allí al situarse al costado del Espuma.
Empezaron a hacer señales al barco, sin respuesta. Por más que lo intentaron nadie les contestó. El Espuma estaba anclado. Una gruesa cadena de hierro se sumergía en el agua indiferente a la resistencia del barco. Durante un buen rato insistieron con las señales, tanto luminosas como sonoras, pero nada. Era el momento subir a bordo.
- Vosotros sabéis que si alguien se encuentra un barco sin tripulación puede reclamarlo como suyo, ¿no?
Ahora el capitán no tenía tantas ganas de irse.
- De todas formas tenemos que subir, quizás tengan problemas. El fuego queda descartado, no se ve ni huele a fuego. Así que algo ha pasado y la ley del mar nos obliga a prestar socorro. Ahora bien. ¿Quienes va a ser los guapos que van a subir por la cadena? Al menos cinco de mis hombres y yo estamos dispuestos a subir.
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MensajeTema: Re: Capítulo VIII Las nieblas de Tharbad   Lun Mayo 16, 2016 8:34 am

Angost subía por la cadena detrás de Lothar. La niebla los dejó suspendidos en la nada, no se veía ni el Luna de Agosto ni la cubierta del Espuma. Envueltos en la niebla arropados por los rayos subían sin demora.

- ¿No te parece todo muy extraño?
Lothar no sijo nada, solo esperó tras la pregunta retorica.
- No recuerdo que El espuma del Aguas Grises fuera tan grande. De hecho no era mucho más grande que el que no ha traído.
- No se Angost. Quizás la Mano lo tenía camuflado en el puerto por arte de magia y al caer ella desapareció el hechizo, quizás nuestra mente nos esté jugando una mala pasada. No lo se Angost, todo esto me da muy mala espina. - El tahúr parecía preocupado.
- Has pensado que Turgoll pueda estar aquí.
- Si, no lo descarto, aunque no confío en ello. El Hurón es demasiado listo para esto.

Y así sin quererlo llegaron arriba. Las manos de los marineros los auparon el último tramo.
Cuando el último de ellos subió a bordo llegó el turno de las decisiones.

- Y ¿ahora qué? Preguntó Toro.

Al mismo tiempo un rayo cruzó el cielo picando cerca del buque. La cubierta se iluminó fantasmagóricamente. Los girones de niebla se afanaban en ocultarla. Dos palos enormes se elevaban hacia la negrura y entre ellos la cubierta más grande que ninguno había visto. La rueda sobre la que discurría la cadena estaba a su derecha.

Targil se dio cuenta de que la barra de hierro que accionaba la cadena estaba doblada hasta incrustar la punta en el suelo.
< Ni un troll sería capaz de doblar así ese pedazo de hierro>
El aparato estaba totalmente inutilizado. El juglar tragó saliva e instintivamente echó mano de su acero por precaución o por miedo, mas bien lo último. Todo empezaba a tomar un tinte macabro.

En medio de la cubierta pudieron ver una trampilla a juego con el barco. El maro de madera soportaba una reja de hierro profusamente decorada con rosas de hierro y espinas largas y puntiagudas.

- A DEL BARCO-

Chilló Toro a pleno pulmón. Pero nada, solo rayos.
Se abrieron el abanico y se dirigieron al fondo, donde se suponía que tenía que estar el camarote de Turgoll. Solo con las antorchas empezaron a introducirse en la niebla. Que pronto los dejó prácticamente solos . A pesar de no estar a mas de dos metros de un compañero. A medio camino llegaron a la trampilla. Toro Asomó una antorcha para ver la cubierta de carga, en el nivel inferior. Pero la niebla a penas si le dejó ver nada. No se veía el suelo de la cubierta inferior. Aunque nada descartaba que ese buque no tuviese alguna cubierta mas, aparte de esta.

- No se ve nada. Ni nadie responde.

Otro rayo nació justo encima de ellos y estalló de súbito en el palo mayor. El trueno no les dejó escuchar como el mástil se partía, solo pudieron ver con se les venía encima ese mastodonte de brazos cuerdas y lonas.
Halaf se echó a un lado con la esperanza de poder apartarse. El rubio pareció distorsionar el tiempo, como si pudiera moverse mucho más rápido de lo habitual. Giró en el aira rebotó contra el suelo y valoró el lugar donde estaría a salvo. Luego todo volvió a la realidad. El mástil chocó con violencia contra la cubierta. Uno de los travesaños estuvo a punto de darle de lleno. El estrepitó fue enorme. Fuegos entre la niebla, gritos de angustia y de pronto, el suelo se vino abajo. Un retumbar de varios golpes evidenció que había más de una cubierta allí abajo.
El rubio se levantó y entre los escombros del mástil pudo ver el enorme agujero. Miró para evaluar heridos, constatar que los suyos estaban bien.
Angost y Tyrok no tardaron en aparecer ilesos, Luego salió el juglar tras unas lonas. El que no aparecía era Lothar. Otro de los marineros salió de entre los restos.

- LOTHAR – Gritó El Rubio. Pero no había respuesta. Luego se asomó al agujero – LOTHAR . – Pero nada.

- Yo vi como Toro y el resto se cayeron por el agujero, tu amigo también. Tenemos que bajar a por ellos.

Había dos maneras de bajar, tirar una cuerda y otra bajar por las escalera que se suponía que estarían por algún lado, en el camarote, pudieran encontrar alguna, Turgoll no les dejó pasar mas alla de sus despacho. Aunque siempre se preguntaron que habría tras la puerta que dejaba a su espalda el Huron.
Otro Rayo iluminó la cubierta dejando aparecer a otro marinero algo alejado. Parecía algo confuso o aturdido. Caminaba tambaleante como un borracho. Vieron como se echaba la mano a la cabeza y luego se la miraba. La escena se cortó allí.
Otto, que así se llamaba el marinero que estaba con ellos echó una cuerda al agujero nada mas atarla.

- ¿Quien se viene conmigo por aquí?- Y nada más decirlo desapareció por la cuerda.

Out Roll.

Os toca decidir qué hacer.
Bajar a lo desconocido por la cuerda. Socorrer al marinero que deambula aturdido por la cubierta más allá del agujero. O buscar otra manera de bajar mientras ayudáis al herido. O dividíos para cubrir más terreno. Lo que queráis.
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MensajeTema: Re: Capítulo VIII Las nieblas de Tharbad   Jue Mayo 19, 2016 11:03 am

Halaf examinó el nudo antes de descender a pulso hacia la oscuridad, un vistazo rápido al sencillo nudo. Siguió al merinero sin mirar o esperar al juglar . Arriba, Targil se afanaba en encender una antorcha antes de colarse por el enorme agujero. No tenía ganas de adentrarse en esa boca de lobo sin luz. El pedernal se le resbalaba con los guantes y para colmo de males tenía la yesca algo húmeda. El fuego empezaba a resistirse. Targil empezó a dudar de poder encenderla. La pregunta era simple, iba al mascaron y cogía la luz del candil de proa o seguía intentando encender la antorcha. De Haber prendido la antorcha antes con los fuegos de rayo habría ahorrado mucho tiempo, pero por desgracia se habían apagado al poco de encenderse, incomprensiblemente.
Halaf respiraba como un jabalí en celo en cada brazada, Lothar estaba allí abajo y no respondía. Sin embargo los metros no dejaban de sucederse y no llegaba al fondo ni veía al marinero que le precedía. Estaba encerrado en una burbuja negra directa al infierno.
- LOTHAR – Chilló para llamarlo y también para expulsar a sus propios demonios.


Angost se encaminó por la cubierta juntó a Tyrok. Bordearon el cráter y los restos del palo mayor. No veían a más de dos metros. La niebla cada vez más espesa, si es que aquello fuera posible. Podrían pasar por delante de una trampilla a la cubierta inferior y no verla. El marinero se había perdido y tampoco respondía. Como pudieron se encaminaron al camarote de Turgol. Allí abría luz y posiblemente una escalera. El camino fue largo, o se les hizo a ellos.
La puerta del camarote estaba abierta, algo descolgada, como si la hubiesen forzado o golpeado con algo grande. El despacho de Turgoll les recibió totalmente desordenado. No fue hasta que miraron la pared izquierda cuando se sorprendieron. Habían pintado un fresco sanguinolento en ella. Una mancha llena de trozos y restos se dibujaba entre la pared y el techo. Un charco de sangre coagulada se posaba justo debajo. Luego un reguero conducía hasta la puerta de detrás de la mesa de Turgoll. No fue hasta ese instante cuando Tyrok se percató.

- Yo no recuerdo esto así. Esto esta cambiado, como distorsionado. Si era esta mesa, pero ni tan grande ni tan decorada. Igual que su silla, eso parece un trono.
- Algo raro está pasando aquí. Hay algo que se respira en el ambiente y no me refiero a esa maldita niebla, no es algo distinto, como lo que sentía cuando íbamos al cementerio a las ceremonias con la Mano, pero peor.
La punta de la espada perforó el pasillo con serenidad, no tanto su dueño que se adentraba en lo desconocido. Una bodega de vinos a un lado al otro unos armarios y un cofre en el suelo. En el centro unas escaleras decoradas con un par de cabezas de lobo. Tyrok se agarró al pasamanos lobuno y le dio la sensación cálida, como si estuviera vivo. Sin querer apartó la mano en un acto reflejo.

El rastro iba escaleras abajo. El candil que llevaba angost iluminaba muy bien el tramo. Al final llegaron a la cubierta de carga. Había cajones enormes atados a las costillas del barco así como a diferentes vigas. El rastro continuaba recto, obviando los bultos y recovecos Hasta que llegaron al mar de escombros .

- HALAF- Pero el Rubio no respondía. Ante ellos una cuerda que seguía bajando a la cubierta que había debajo de esta. Se balanceaba mecida por la nada en mitad de un agujero digno de un mumakil. Rodearon el agujero y continuaron su camino para toparse con algo extraño.
- Pero que demonios…
- Es el mandoble de Garred. – Angost se topó con el mago en toda la cara. Estaba incrustado en el dintel de la puerta y el arco de madera que subía hasta el techo. Angost intentó tirar de él para sacarlo, pero estaba seriamente incrustado en la madera, más de tres palmos de hoja habían desaparecido dentro de las entrañas del barco.
- Garred nunca abandonaría sus armas. – Dijo Tyrok, conocedor del celo del Dunedain por sus reliquias familiares
- Creo que ni el mismo Garred sería capaz de desincrustar esto de la pared.¿ Qué hacemos ahora?
- Seguir adelante.
Pero nada más decir eso, escucharon algo. Un ruido pequeño detrás de uno de los fardos.

Angost fue por delante y Tyrok por detrás y entre los dos sorprendieron a un hombre agazapado en el suelo.
- Arriba y despacito le increpó Tyrok.
- No me hagáis daño por favor. – imploró el haradan con su marcado acento. Sus manos reposaban en su vientre. – estoy herido, ayuda.
- ¿Qué diablos ha pasado aquí?- Tyrok no cambio el tono, aunque le dejo estar sentado en el suelo.
- Algo perverso ha atacado el barco. El capitán y el enorme soldado fueron los primeros en caer, luego uno tras otro fuimos atacados.
- ¿Por quién?
- No lo sé, viene envuelto en la oscuridad y se lleva a uno o dos. Nadie puede hacerle frente. AGGG. – Un espasmo de dolor le recorrió el cuerpo y dejó una astilla del tamaño de una estaca asomando por el costado. Angost sabía que no le quedaba mucho.
- ¿A dónde y por dónde se los lleva?
- No lo se… AAAAGGG.- Se estaba muriendo.

Halaf habían muchos metros, empezaba a pensar que pronto empezaría a cansarse de verdad. Rezaba por encontrar suelo de inmediato. No podía ser que hubiese bajado una sola cubierta. En Algún momento se pasó una cubierta. Pero como el que no quiere la cosa sus pies le sacaron del problema. Toco una pila de escombros y de pronto se encendió la luz. El marinero habían conseguido encender una antorcha. Nada más ver, el Rubio observó algo curioso. El puño de Siniestra se elevaba sobre los escombros. Se había clavado de punta sobre el suelo, tal cual la abandonó Lothar. Porque el Tahúr no aparecía por ninguna parte. Ni él ni ninguno de los marineros que se cayeron.
- LOTHAR- Gritó el Rubio. Pero nada.
Mientras se acercó a la espada inerte. Agarró el puño y la desclavó con suavidad. La sensación fue demasiado agradable. Era como si la espada estuviera viva o tuviese alma. Halaf pudo sentir el poder del acero en su mano. Ahora comprendía la arrogancia de Lothar en el combate. Con algo así en las manos….
- Izquierda o derecha- Otto, el marinero, le sacó de su trance.
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MensajeTema: Re: Capítulo VIII Las nieblas de Tharbad   Vie Mayo 20, 2016 10:50 am

Angost sabía que el haradan estaba desahuciado. A pesar de ello le ofreció agua y le dijo que esperara allí. Regresarían a por el cuando todo terminase,   como si aquella mentira piadosa fuera a ser verdad, el haradan se aferró a ella.
Continuaron adentrándose en las profundidades del barco. Llegaron al final de la bodega para descubrir unas escaleras que bajaban.  La oscuridad se hizo fuerte como si se negara a ser relegada por la luz del candil. El rumor del agua contra la madera del barco se escuchaba por dentro, como si de un macabro cantico se tratara. Poco a poco con más miedo que otra cosa fueron adentrándose. Tyrók echó de menos más que nunca al tahúr, el aplomo que tenía el viejo tramposo no lo tenía ninguno de sus compañeros. Tyrok no le había visto temblar en su vida, ni cuando salieron a plantar batalla al ejercito orco.
No tardaron mucho en encontrarse con una nueva sorpresa en la sombra….

Halaf siguió a Otto con siniestra en la mano, aquella espada le confería una seguridad extra y avanzó con paso firme.  Al segundo paso descubrieron entre los escombros el cuerpo sin vida de uno de los marineros, casi totalmente cubierto por la montaña de restos.  
- No hay nada que hacer por este. – Sentenció el Rubio.
En cambio el marinero rezó una pequeña plegaria al dios de las aguas.
- No podemos perder tiempo. Vámonos.
Pero ya era tarde…

Angost y Tyrok
Abrieron la puerta que separaba la bodega de la sala que había tras ella. La puerta no se resistió, es mas estaba descuajaringada, le habían sacudido tan fuerte que parecía imposible que aun estuviera en pie.  Traspasaron la puerta y se quedaron prácticamente bajo ella. Angost  sintió  como se le revolvieron las tripas. Tyrok soportó mejor el envite.
Una pila de cadáveres amontonados como si fueran leña se concentraban en una esquina. Mientras nada más entrar pudieron ver una pila de cabezas perfectamente ordenadas, formando una pirámide desmochada, justo delante de esa pirámide había un tronco con un hacha clavada, estaba claro que ahí decapitaron a toda la tripulación. Justo encima de esa montaña un manuscrito. Angost supo de inmediato que era el libro de Lady Melissa. Justo en frente de la montaña de cadáveres Tyrok encontró lo que buscaba.  Lothar estaba tirado en el suelo con una buena brecha en la cabeza. la sangre empezaba a coagularse, por lo que la herida era escandalosa pero no seria, o eso creía el Rubio. A su lado también maniatados Toro y dos de sus hombres, también inconscientes.


Halaf
Se adentró en el pasillo con la luz y la espada en la mano. Siniestra estaba ávida de sangre. El rubio lo notaba, como haría Lothar para no ir cortando cabezas a diestro y siniestro, desde luego el acero incitaba a ello.
Ell pasillo era largo lleno de fardos y cajas. Encontró un rastro de sangre fresco cuando escuchó un grito de terror a su espalda. Se dio la vuelta y deshizo lo andado. El marinero había desparecido, ni rastro de él.
- Otto- Gritó el Rubio, pero no obtuvo respuesta. Empezó a correr, quien o que se hubiese llevado a Otto no estaría lejos…


Angost y Tyrok


- ¿Estás vivo?  - Estaba tan sorprendido como el propio Angost.
- Si tu también. – sus palabras casi salieron forzadas.
- Patrocinder me dijo que habíais muerto todos, que os pillaron y os cortaron la cabeza.
- Y Por eso te fuiste, ¿no?- Angost  dijo lo evidente
- Claro. No os iba a dejar solos de haber sabido que estabais vivos. Aun me quedan cosas pendientes con vosotros
Mientras Garred salía de las sombras. Parecía cansado, su cara se había vuelto cetrina, aunque su porte era inmeso. no le recordaban tan grande. La verdad es que grande no era la palabra adecuada para ese mastodonte, la palabra era poderoso. Si despedía un aura muy fuerte.
- ¿Qué ha pasado aquí, Garred?
- Lo que tenía que pasar. Ya sé cómo acabar con Daverloth y conseguir el puesto que me merezco en el ejército real de Tharbad. Llegaré a ser el lord comandante de la ciudad. Iré a Tharbad y le diré a Dave que este enorme barco va a la deriba. Si viene con unos cuantos hombres podrá hacerse con él y con todo lo que lleva dentro. Según la ley del mar quien encuentra un barco a la deriba puede quedárselo. Esa rata no perderá ocasión de reclamarlo para si. Y cuando suba a bordo me los comeré a todos. Luego dire que yo fui el único superviviente y como regalo le traeré a la ciudad el mayor buque de guerra del mundo.
Angost tenía la sensación de que el Afable estaba perdiendo la cabeza…. Luego vio que arrastraba un cuerpo inerte.
- ¿ y ese?
- Acabo de rescatarlo.
- ¿Igual que a Lothar y el resto?
- Si, aparta, deja que lo ponga a buen recaudo. – Y haciendo a un lado al príncipe tiró sin ternura ninguna al marinero junto con el resto de hombres.  y ahora que estáis aquí que voy a hacer con vosotros. Desde luego esto no entraba en mis planes. Pero no pasa nada, vuestras almas son poderosas, me vendrán bien. No os resistáis, el Garred que conocisteis ya no existe, ahora soy lo que debería haber sido siempre, restauraré el honor de los dunedain en Tharbad. Devolveré el gobierno a quien verdaderamente está destinado a tenerlo.
- Osea tú.
- Si, ¿acaso conoces a alguien más noble o con más derecho?
El afable empezó a caminar hacia ellos firmemente. No portaba armas, ni armadura, y a pesar de ello daba miedo.
- No os resistáis, vuestras cabezas van a acabar en la pila como el resto. No os preocupéis será rápido. Al único que pienso hacerle sufrir el al Tahúr. Tengo 12 cuentas pendientes con él- Por supuesto se refería a todos los dientes que Lothar le saltó de un puñetazo.
Out Roll

El afable se dirige a por vosotros dos en posición ofensiva, parece claro que va a soltaros una ostia con el puño. Podeis tirar a ver quien le toca la primera ostia. 2 vs 1
Halaf, no puede estar lejos. Tendrá que correr si quiere llegar al lugar del combate.
15 aciertos en movimiento ( tn 5))  es lo que te separa del príncipe y de la serpiente.
En cuanto a Targill, está perdido dentro del barco a pesar de que ha conseguido luz, no me dijiste si ir a por la luz o seeguir intentándolo, así que t vas a quedar fuera de la acción, por suerte para tí. Tira por orientarte y/rastrear a tus compis.
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MensajeTema: Re: Capítulo VIII Las nieblas de Tharbad   Vie Mayo 20, 2016 7:55 pm

Angost sonrió al mastodonte. Pero algo en su interior le decía que aquello que tenía delante no era una persona. Le dio una patada a una mesa que salió volando hacia Garred. El mastodonte le propinó un puñetazo partiéndola en mil pedazos.
- SOY UN DIOS, NO PUEDES HUIR INSECTO.- Rugió

Su cara empezó a enrojecer mientras los ojos luchaban por escapar de las orbitas. Dio otro paso y su cabeza empezó a crecer y deformarse. Su lengua dio un lametazo al aire de más de un palmo mientras su frente se plagaba de venas a punto de estallar.
Angost retrocedió pero ya solo quedaba la pirámide de cabezas. Sin dudarlo le dio un golpe con el plano del escudo al libro. Pero Garred ni se inmutó siguió hacia él. El príncipe acorralado se refugió detrás de su escudo. Sintió una ola de poder que le recordó al mismísimo Ankalagor en la batalla orca.

Tyrok se avalanzó sobre Lothar. Le agarró por las axilas y tiró de él. Estaba a punto de traspasar la puerta cuando levantó la vista para ver cómo le iba a Angost. Pero solo vio como Garred descargaba un puñetazo sobre el escudo del pobre Angost. La Serpiente vio volar y estrellarse contra la pared al pobre Angost. Instintivamente soltó al Tahúr y sacó sus armas. Garred se giró hacia él.

-Tu turno. - se estaba transformando en un demonio
Tyrok se refugió en el pasillo para que el tamaño fuera una desventaja. Garred sonrió y se acercó sin prisa. Agarró un cadáver y sin previo aviso se lo lanzó a la serpiente, atrapado en el cuello de botella el cadáver impactó de lleno contra Tyrok.

Halaf venía a todo correr por el pasillo. Escuchó a Garred vociferar. De pronto se encontró con el golpetazo que sufrió la Serpiente. Que se quedó hecho un guiñapo en el suelo.

Halaf no se lo pensó Saltó por encima de su amigo y entró en escena como un gladiador sediento de sangre.

- GARRED HIJO DE PERRA –
- No podías estar lejos. Sabes.- Hizo una pausa- Tiene gracia la cosa. Eres el único de esta panda de ratas al que le perdonaría la vida. Pero como sabrás eso no va a ocurrir.
-HIJO DE PERRA, ¿POR QUÉ NOS HAS TRAICIONADO?. NOSOTROS CUIDAMOS DE TI TE VOY A MATAR

- Vosotros sois delincuentes, escoria. Además ya no lo soportaba más. - Pareció divagar, momento que el Rubio aprobechó para acecarse- Bueno, no importa, esto acabara pronto. Seré bueno, creo que te debo algo así que a ti te mataré el último.

- Voy a matarte con la espada de Lothar. Creo que al Tahúr le gustará saberlo.

- Iluso.

Halaf se abalanzó sobre Garred y puso toda su fuerza en el brazo vio como la cabeza se partía como un melón y … No se había movido ni un milímetro, todo eso había ocurrido en su mente. No su mente se lo había ordenado a su cuerpo pero este no lo hizo. Simplemente se negó a obedecerle. Solo podía mover los ojos. Y sintió el terror, estaba totalmente a su merced.
Garred avanzaba hacia él. Lentamente le quitó a siniestra de la mano. Apreció un momento el acero y le dio la espalda al rubio

- A Lothar lo decapitaré con su propia espada. Creo que le gustará saberlo. – Al mismo tiempo dio un par de sablazos al aire. – Te acuedas cuando invocaste el poder del libro. ¿Qué pasa se te ha comido la lengua el gato, jeje? – Halaf no podía moverse, tampoco hablar. – pues bien, no te visitó a ti solo. Yo también hable con él. – hizo una pausa y clavó a siniestra en el tocón. - Me ofreció lo que yo quería, el poder suficiente para destruir a Daverloth. Sabes, miró dentro de mí, igual que miró dentro de ti. Y lo sabe todo. Incluso mi secreto. - Se volvió hacia el Rubio. - Gracias por el barco y la tripulación. Mañana será el día en que obtendré mi venganza. Como regalo te decapitaré después de Daverloth en mi ofrenda a Desidia.
-

Se acercó hasta poner la frente contra la del Rubio.- Hasta mañana Halaf – El rubio sintió un puñetazo que se le incrustaba en el vientre y se sumió en la inconsciencia.
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MensajeTema: Re: Capítulo VIII Las nieblas de Tharbad   Lun Mayo 23, 2016 7:18 am

Se despertó con un fuerte dolor de cabeza. Abrió un ojo e intentó ubicarse, estaba algo aturdido. Trató de incorporarse y un martillazo le golpeó los sesos.

- ¿Se puede saber dónde estamos?

Lo primero que vio el tahúr fue una pila de cabezas y al fondo un amasijo de cuerpos.

- En la bodega inferior del Espuma, en la popa del barco.
- Me duele todo, ¿Alguien ha visto al mumakil que le atropelló?
Se echó mano a la cara y se encontró con un labio partido y un chicón en la cabeza. Angost le sonreía con otro chicón parecido.

- ¿Y qué diablos ha pasado aquí?
Arrastrando un poco la pierna Lothar se encaminó hacia su espada. Al acercarse se percató de una cosa. Todas esas cabezas fueron cercenadas aquí. ¿y la sangre? Al pensar eso, intuitivamente buscó en el suelo. Encontró al primer vistazo un dibujo de letras oscuras. Había que acercase con luz para verlo detenidamente.
- Halaf ven a ver esto. – Lothar sabía leer, pero Halaf tenía una educación superior. – ¿Qué te parece?
- Me resulta familiar, esto lo he visto yo en algún sitio.
Halaf se estrujaba los sesos, ¿Dónde había visto eso antes?

Lothar agarró a Siniestra y tiró de ella. Nada ni pestañeó. No fue hasta que la agarró con dos manos y tiró con toda su alma cuando salió la espada.
- Por todos los Dioses, ¿cómo ha clavado este engendro mi espada así?
- Pues no has visto como ha dejado su mandoble, parecía que quisiera matar al barco.
- ¿Y cuál es el plan?- Tyrok apretó el hombro al Tahúr dándole la bienvenida y sentenció con su habitual frase rápida, escueta y directa.
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MensajeTema: Re: Capítulo VIII Las nieblas de Tharbad   Vie Mayo 27, 2016 6:28 pm

El lugar era horripilante. Un amasijo de cuerpos cetrinos les hacía compañía. Todas la cabezas cortadas tenían una cara contraída por el dolor o el horror. Sus gestos adquirían formas distorsionadas hasta el punto de empezar a no parecer humanas. La ausencia de sangre de la carnicería inquietaba aún más. Tendían que estar nadando en un lago bermellón oscuro, casi negro. Era difícil no mirarlas y el silencio no ayudaba.
Los rayos no dejaban de escucharse fuera. De pronto el barco se estremeció como si le hubiese alcanzado un rayo, casi pudieron oír el estrector de muerte del buque. Todas las miradas se buscaron. Y luego nada, solo una calma perturbadora. Dejaron con miedo que pasara el tiempo, que se negaba a correr…

- Nos largamos en cuanto ese mastodonte se largue. –

Ese era el plan, construir una balsa y navegar a tierra seca. Después del varapalo nadie tenía ganas de que le volvieran a pasar por encima.
Toro tenía un semblante siniestro. Acababa de perder su barco, y no había levantado ni un meñique.

- Salgamos de aquí, no puedo soportarlo más. – El capitán salió por la puerta dando espalda al horror que allí moraba.
Salieron del camarote inferior de popa. Dejaron atrás el macabro escenario pasado un rato muy largo. Hasta a un ciego cojo le habría dado tiempo a llegar al Luna de Agosto.

Halaf salió el último se apoyó en la pared y la notó húmeda. Enfocó con el candil y para su asombró pudo leer lo siguiente en un rojo oscuro bermellón.

- No Halaf, eso no fue lo que pediste.

El rubio pestañeó para enfocar mejor, pero era ya tarde, las letras se habían desparramado pared abajo. se preguntó si realmente lo había visto o fue una mala jugarreta de su mente.
Había cantidad de bultos envueltos, fados de dos metros de alto por tres de largo jalonaban la cubierta inferior hasta atestar la cubierta. La escalera quedaba al fondo para cuando Halaf fue a tomar el primer escalón, Toro, seguido de Otto iban por la mitad. Se quedó mirando la empinada escalera que salvaba unos doce metros hasta llegar a la siguiente cubierta. Lo vio todo. Otto se agarró a la barandilla y se le quedó mirando. Le pareció que iba a sonreír cuando escuchó el crujido. La barandilla se quebró y el pobre infeliz cayó de cabeza al vacio. Su cabeza tenía un ángulo demasiado extraño como para que estuviese vivo. Tenía la lengua partida casi en dos, y sus ojos incrédulos miraban al Rubio.
El capitán de barco bajó en un suspiro. Apartó al Rubio sin miramientos y recogió a Otto como si de un padre o un hijo se tratara.

- NOOOOOOOOOOOOO- El grito desgarrador del capitán retumbó en todo el barco.
- NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
HIJOS DE MIL PUTAS, MALDITO EL DIA EN QUE NACISTEIS, MALDITO EL DIA EN QUE PISASTEIS MI CUBIERTA, HIJOS DE PUTA…..

Toro depositó al marinero con toda la dulzura del mundo en el suelo. Luego le besó la frente, y después los labios. Fue entonces cuando Halaf pudo verle la cara. Dos carbones hirvientes le miraron con odio, con todo el odio que un hombre era capaz de sentir o soportar.

- OS VOY A MATAR A TODOS HIJOS DE PUTA.


OUT ROLL
Toro
40 años, ágil y fuerte, 85 kilos, altura 177. Piel curtida, se le está tornando rojiza. Coraza de cuero, , hombros, pecho, antebrazos. Armado con un exótico sable negro sediento de sangre quiere acabar con el primero que se cruce en su camino.
El Dj requiere.
Tirada de 1 a 100 de cada uno de vosotros para ver a quien le toca la china. El que menos saque tiene un capitán endemoniado con ganas de llevarse por delante a todo el que pueda.
El que menos saque se enfrenta a un rival que os atacará con sablazo vertical en el que va a invertir 17 dados para conseguirlo. Por supuesto podéis invertir en movimiento, cosa que el también hará Restandose dados de su segundo round, calro. os recuedo que os movéis en su terreno, barco.

El que tenga el placer de intimar primero con Toro ( TERMINOLOGIA ROLICA VAMOS AL QUE LE TOCA) que postee como se imagina el combate y en base a eso resolveré el primer y segundo asalto del primer Round. El resto no llegareis hasta el segundo round, en caso de llegar claro. Si empezáis a correr unos y otros puede que os cueste más ayudar al compañero.

Alea yacta est.
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MensajeTema: Re: Capítulo VIII Las nieblas de Tharbad   Dom Mayo 29, 2016 7:32 pm

Al parecer tenía dos deudas con un demonio pero yo no había conseguido nada. Debería haber aprendido a no jugar con éstas cosas.
Ya te lo advertí. Me decía a mi mismo, con aquella estúpida promesa que me hice al acabar con la Mano. No volver a jugar con magia negra.
"El plan es claro. En cuanto esta cosa se vaya, nos marchamos" el príncipe lo tenía claro.
Había algo de luchador en mi. Pero yo no era un luchador. No era como el noble marqués, que se batía en duelo cara a cara y con las reglas de la cortesía y ética de la esgrima. Yo era un ladrón. Y cuando tenía que acabar con alguien era más parecido a un asesino.
¿por qué batirse si puedo degollarte cuando duermes? Aunque así era yo, era como si ni yo mismo estuviera de acuerdo con esa forma de ser mía.
"Halaf, en cuanto veamos que se ha ido tu inspeccionarás el barco"
"De acuerdo. Podeís buscar barriles vosotros mientras. Si los atais serán una muy buena balsa. Y remos, seguro que habrá remos en un barco como este" Era mi pequeña aportación para el plan de huida. Justo lo contrario a lo que mi ser me pedía.
Ibamos con las armas fuera y el escudo embrazado. Sabíamos que hasta un cojo ciego habría podido salir ha del barco, pero nos gustaba ir sobre seguro.
En la pared pude ver un mensaje para mí
"No Halaf, eso no fue lo que pediste"
Maldito cabrón. Se burlaba de mi. Pero ¿acaso no era éso lo que hacían todos los demonios?.
Clarisse. Otra vez vuelve a mi mente.
Subíamos por la escalera y esta se derrumbó. Casi caigo con ella. Pero la única victima fue Otto.
Toro se puso como loco. Abrazaba y besaba a Otto. Reconocí el amor. Amor entre dos hombres. Y sentí una mezcla de asco y compasión.
Toro se volvió hacia nosotros. Nos insultaba y nos culpaba por lo sucedido. Estaba fuera de sí. Y me acordé de las lecciones de Angost. La forma más fácil de morir es dejarse llevar por las emociones. Toro no solo se dejaba llevar, estaba poseido por ellas. Venía hacia mí. Sabía claramente qué pensaba hacerme. Iba a darme un mandoblazo vertical para abrirme la cabeza en dos. Y no sé por qué, sabía que después vendría una estocada. Sin duda, pensaba eso dado la situación, el lugar y la rabia que lo poseía. Solo cabía partirme en dos o atravesarme con todo su acero.
Odiaba tener que matar a un buen hombre. Solo era una víctima como nosotros. Había perdido su barco, su tripulación y ahora perdía a su amado o tal vez a su hijo. En cualquier caso, a mi me estaba empezando a dar todo un poco igual.
Con el escudo por delante me puse a la defensiva. Pensaba parar su embite y después estocar su pierna. Con suerte dado que su primer golpe vendría por arriba. Si conseguía pararlo estaría en desventaja ante un ataque por abajo. Así, con su pierna maltrecha sería más fácil de reducir y calmar. Y si no se calmaba, sería más fácil de matar.
No obstante, si eso no funcionaba solo tendría que parar sus golpes una y otra vez, hasta que alguno de los míos acabase con él. Mi escudo me daba una ventaja en ése sentido. Pese a que su armadura era de cuero, pesaba. Yo no llevaba armadura. El era viejo y yo joven. Y la ira que lo poseía podía darle una fuerza adicional a sus golpes, pero no una resistencia, así que acabaría cansado antes que yo. Si ninguno de mis compañeros acababa con él podría volver a intentar la estocada en la pierna y así reducirlo sin matarlo. Para ello pensaba usar mi espada corta envenenada.
Aún así, para darle una opción a la tregua le hablé, aunque sabía que no iba a convencerlo y acabaríamos peleando tal y como había imaginado.
"Tranquilizate. Estamos en el mismo bando. Nosotros también hemos perdido gente muy querida. El enemigo es otro. No nosotros."

Off Roll. Posición defensiva. Doy dos pasos atrás (no gasto movimiento, solo quiero que mis compañeros puedan flanquearlo) El sitio no era estrecho al entrar si no todo lo contrario, así que no habrá problema de espacio. Tengo 21 cp más 2 posición defensiva, más 2 de la espada. El escudo tamaño normal no me pusiste que me quitase nada. Si quita restalo del segundo round. Primero paro con 16 contra sus 15. Después pincho a la pierna con los 9 restantes. Creo que suma uno por atacar a la pierna ¿no?. Si es así súmalo, si no, déjalo. Me guardo dos al daño. Después lo que he descrito dejar que se canse o que el veneno actue. Es decir, los 21 (porque el resto creo que no se sumaría) pararía con 14 y 7 cada round dependiendo de con cuanto ataque, porque no tendrá mucho más para el segundo. Si veo que la cosa se tuerce, se alarga, o que yo me cansara antes que él (improbable) volvería a parar en el primero y atacar en el segundo a la pierna. Espero que el resto se lo reduzca o se lo cargue.
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MensajeTema: Re: Capítulo VIII Las nieblas de Tharbad   Jue Jun 09, 2016 3:28 pm

Toro no entraba en razones. Miré sus ojos y diría que estaba poseído por un demonio. Pero eso también era lo que pensaba de Garred y me equivoqué.
Sus golpes vinieron tal y como predije. Primero uno vertical a mi cabeza. Lo paré con el escudo; notando una fuerza más potente de la esperada.
Era mi turno. Inicié mi ataque, pero la bestia no se detenía. El también iba a golpearme.
Mi estocada fue más rápida, pero no mucho más. Tal vez el hecho de ver que seguía atacando sin tregua ni defensa me desconcentró, porque mi golpe fue muy flojo.
Aún así, mi acero debió atravesar su piel, pero no lo hizo. Ni lo más mínimo.
Una fuerza mayor, una dureza sobrehumana, una locura en atacar sin importar su propia integridad……cada vez tenía más claro que lo había poseído algo maligno.
Me preparé para su golpe, que gracias a Iluvatar fue una patada en el pecho, pues un sablazo podría haberme hecho demasiado daño sin nada de protección.
Su patada era fuerte pero poco potente, apenas me moví, lo justo para que Angost y Lothar que venían por los flancos quedaran más adelantados que yo.
Como en un baile de salón, de la alta sociedad, Lothar y yo nos movimos sincronizados. El ocupó mi lugar y yo el suyo, estábamos los tres contra Toro. No pude ver a Tyrok ni Tarsil. Pero lo que si teníamos claro es que Toro pensaba dar un mandoblazo del revés atacando Lothar.
Si el golpe era efectivo, y tras probar su fuerza contra mi escudo, sabía que el ataque podría llegar hasta Angost.
Tenía que adelantarme para herirlo. Había elegido mi espada corta para inmovilizarlo. Ahora iba a matarlo. Con mi escudo en pasivo por delante, lancé una estocada esta vez al cuello. Si conseguía ser más rápido que mi rival lo mataría antes de que atacara a Lothar, si no era así, que los dioses nos acompañasen.

Off Roll. Eso mismo. Golpe doble a Lothar y Angost. Yo voy por el otro lado. Tyrok o Tarsil pueden tirar por movimiento y atacar por la espalda.
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MensajeTema: Re: Capítulo VIII Las nieblas de Tharbad   Jue Jun 09, 2016 3:43 pm

En el segundo embite, Toro encaraba a Lothar. Yo estaba a un flanco y Angost a otro.
El capitán lanzó un mandoblazo horizontal con el brazo del revés. Ojala pudiera advertir a Angost de la que se le avecinaba.
Intenté adelantarme al ataque pero fue imposible.
El ataque fue tremendo; pero no lo suficiente como para que Lothar no pudiera parar con su espada aquella hoja. El sonido metálico de los dos aceros chocando tan violentamente casi me deja sordo de un oído. Toro no se estaba reservando nada.
Era nuestro turno. Por el rabillo del ojo pude ver que el Príncipe se había movido. No era nuestro maestro de armas por casualidad; había visto la intención de Toro y se había apartado lo suficiente como para que no le llegara el golpe.
Mi ataque fue un pinchazo al costado, pues lo había dejado totalmente descubierto en su embestida. Lancé una gran estocada, atravesé su coraza de curtida sin problema. Pero la hoja se detuvo en la piel. Como si de un dragón se tratase mi hoja rebotó.
Peor fue lo de Angost. Su mandoblazo iba dirigido a la parte trasera de la pierna; la cual estaba totalmente desprotegida. El Príncipe quería seccionarla. Su ataque no fue muy fuerte, pero si lo suficiente como para haber causado algún daño en una persona normal. Pero Toro tenía algo dentro de sí que hizo que su hoja también rebotara.
Sin poder prestar mucha más atención a éste hecho, Toro lanzó su segundo ataque. Cogió su sable con ambas manos, elevándolo sobre su cabeza, para dejarlo caer con furia contra el Tahur. Lothar lo esperaba. Su intención desde el principio era retenerlo para que nosotros acabáramos con él; y no íbamos a decepcionarlo.
Cuando el Tahur paró su golpe yo dirigí mi estocada al cuello; la hoja de Lothar retenía la de Toro y lo colocaba en una situación de desventaja. Sabía que el Príncipe intentaría decapitarlo, pues era una posición perfecta, incluso había bajado un poco la cabeza mientras estiraba el cuello para darle más potencia a su golpe vertical.
Mi estocada salio perfecta. Toro no se defendía y podíamos pegar a placer. Pero mi hoja fue rechazada nuevamente. Era imposible. Debería haber salido por el otro lado pero rebotó como si hubiera intentado apuñalar un muro. Aún absorto por éste hecho, pude ver el golpe de Angost.
El Príncipe había lanzado un mandoblazo con el fin de decapitarle. Lo conocía muy bien. Y la hoja golpeo perfectamente en la nuca de Toro. Un cuello desprotegido, con una fuerza como la que nunca le había visto a Angost. Lo siguiente que esperaba era ver cómo caía la cabeza, y el gran chorro de sangre que bañaría a Lothar. Pero en lugar de eso, su hoja también rebotó como si nada. Acero contra cuello, y la hoja había rebotado.
Entonces comprendí que no podríamos vencerle y que moriríamos allí, como habían muerto el resto de marinos.
Solo quedaba morir peleando, pues sería cuestión de tiempo que nosotros nos cansásemos, cosa que Toro seguro que no haría.
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MensajeTema: Re: Capítulo VIII Las nieblas de Tharbad   Jue Jun 09, 2016 10:07 pm

Me había quedado perplejo ante la imbencibilidad de nuestro enemigo. Era imposible atravesar su piel. Moriríamos tarde o temprano. Era cuestión de tiempo. Nos cansaríamos y él acabaría con nosotros.
Una vez más me quedé en blanco sin hacer nada. Fui un simple espectador. Se me ocurría atacarlo solo tres a la vez para ir descansando más y tener alguna posibilidad de ganar. Pero mi boca no dijo nada.
Tarsil se había acercado por la retaguardia, pero Toro lo vió. Decidió darle a él el mandoblazo, y me di cuenta que tras el Trovador, el sable me daría a mí.
Todo iba despacio, y comencé a verlo desde abajo, como si estuviera tirado en el suelo. Y de repente, la acción recobró su velocidad vertiginosa.
Yo estaba en el suelo, Tyrok me había empujado para colocarse en mi posición al verme inmóvil.
Toro descargó su golpe con mayor fuerza aún. Era como si nos culpara de todos y cada uno de los males ocurridos en su vida; pues cada golpe no lo debilitaba ni lo cansaba, si no todo lo contrario, parecía darle más fuerza.
Increíblemente la nueva adquisición de la banca del sastre se defendió muy bien. Paró el golpe como si nada, como si lo hubiera visto venir mucho antes.
Entonces llegaron los ataques de nuestra parte. Angost, como siempre, realizó un ataque preciso y técnico. Si bien era una estocada en el vientre, lo hizo tan limpiamente y con tal precisión que no pretendía introducir más que el filo por la panza para rajarlo de lado a lado. Y en cualquier otro ser lo habría hecho, de hecho le rajó completamente la ropa y la coraza de cuero que llevaba. Pero ni una gota de sangre. Ni un gesto de dolor.
Lothar lo tenía por la espalda. Vi como levantaba el brazo izquierdo para coger más inercia con el derecho. Pretendía empalar a Toro con la espada que llevaba en la derecha. Su mano izquierda descendía con fuerza mientras su derecha ascendía para que la punta de su espada penetrara la columna del Capitán y asomara por delante. Pero eso tampoco pasó. No fue porque el golpe no llevara fuerza, ni estuviera mal ejecutado. Era porque esa piel parecía imposible de traspasar. Habría jurado que hasta vi combarse el acerco al no poder penetrar la espalda de Toro.
Cuando llegó el turno de Tyrok, yo me levanté, pues debía seguir junto a mis compañeros peleando.
Tyrok. La Serpiente que nunca habla. Había permanecido inmóvil en el flanco derecho de Toro. Pero como el reptil del que cogió el apodo, se movió rápido. La hoja subió veloz, y con la misma velocidad o más bajó cargada de peligro y muerte. Mis ojos fueron por detrás del movimiento de tan rápido que fue. Supe la trayectoria del mismo por la estela blanca que dejo el acero. El resto pareció un espejismo. Algo irreal. La hoja había partido la cabeza de Toro por la mitad desde el lateral. De hecho no siguió más abajo de su cuello porque ambos hombros se lo impidieron. Pero el golpe fue tan rápido y potente, que la Serpiente la retiro de inmediato. Así que cuando me di cuenta, la hoja no estaba enganchada en la cabeza del Capitán, si no firme en la mano de Tyrok.
La cabeza había estallado como estalla un huevo cuando lo aprietas con fuerza entre las manos. Lo que podía ser su cerebro había saltado en dos mitades para caer a las espaldas de Targil y de Lothar. La sangre había convulsionado hacia arriba y hacia fuera como si de un champiñón o una seta se tratase, pero con mucha menos altura, por lo que las caras de Lothar, Angost, Targil y Tyrok estuvieran cubiertas de rojo de una forma macabra, pues la sangre estaba tan fresca que les goteaba por múltiples sitios al llegar a sus barbillas. Y el sudor del combate no hacía si no acentuar aún más le titánica obra que había acometido.
Tyrok se volvió con el rostro de color rojo brillante oscuro por la sangre, y me sonrió abiertamente, dejando un clarísimo contraste entre el blanco de sus dientes y el rojo de su cara.
Aunque había participado en el combate me sentí culpable por haber perdido tan pronto la esperanza.
Había que salir de allí, pero queríamos disfrutar de esta pequeña victoria.
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MensajeTema: Re: Capítulo VIII Las nieblas de Tharbad   Vie Jun 10, 2016 7:23 am

La cabeza de Toro estaba esparcida en un par de metros a su alrededor. El que más y el que menos tuvo que quitarse trozos del pobre desgraciado. Tocaba subir a la cubierta intermedia.
El buque estaba a rebosar de mercancía. Construir cualquier cosa no sería problema. Lo malo era que se habían quedado sin marineros, salvo el que estaba perdido en la cubierta principal. Aunque no había muchas esperanzas de encontrarlo vivo. Luego estaba el haradrin y el halcón. Había que encontrarlo antes de que se fuera al otro barrio.
Subieron a la siguiente cubierta y avanzaron hasta el lugar donde el haradrin se había escondido. Pero allí solo encontraron el cadáver de un hombre del sur. El haradrin yacía muerto sobre un charco de su propia sangre. Habían llegado demasiado tarde.
Halaf se estaba preguntando si el demonio del libro realmente cumplía lo que prometía. Halaf rebuscó entre las ropas, pero solo encontró una bolsa con algunas platas y un anillo de bronce, uno de esos sellos familiares. Este en concreto tenía un par de runas o letras haradaicas. Halaf no sabía bien si era una u otra cosa. El caso es que se agenció el anillo.
Pasaron por la viga que tendría que haber alojado el mandoble de Garred. Pero en su lugar solo encontraron una hendidura muy profunda. Como si el barco estuviese vivo, goteaba una liquido oscuro y algo pegajoso que ninguno se atrevió a tocar.
El jilguero tuvo la sensación de que el barco se estremeció no por un rayo, sino cuando le arrancaron de sus entrañas ese pedazo de acero. El juglar hizo una especie de signo de protección de sus dioses. A Lothar le hubiese gustado hacer un gesto por el estilo para espantar sus propios miedos, pero hacía tiempo que había perdido la fe en dioses demonios. El solo había visto demonios y nunca les ayudaban precisamente.
La cubierta principal les recibió como se despidió de ellos, con una niebla espesa y rayos sacudiendo el cielo. Ahora parecía que se estaba levantando el viento, para colmo de males.
No tardaron en reunir todo lo necesario para construir una balsa. Toneles, tablas, mástiles y cuerdas. Empezaron la construcción justo al lado de un cabrestante. Este bajaría los veinticinco metros de la cubierta al rio, la pesada balsa. Trabajaban con esmero y la construcción no tardó mucho rato en tomar forma. Al cavo de un par de horas tenían una estupenda balsa lista para ser botada. Los cinco tomaron sus cavos y empezaron a halar de las cuerdas. Elevaron la balsa y giraron el cabrestante que sacó la balsa fuera.
Poco a poco la embarcación fue bajando hacia el rio. Fue entonces cuando Halaf que dirigía la operación tuvo ese presentimiento, ese pájaro de mal agüero que se posó sobre él.
Como si la cuerda se riese, soltó un grito y estalló con un latigazo. La cuerda se partió de súbito y la barca cabeceó hacia la izquierda estrellándose contra el costado del barco. Luego el mismo cabrestante pronunció un ruido sordo y más por miedo e intuición todos soltaron las cuerdas y saltaron hacia atrás. El desastre no se hizo esperar. El cabrestante se partió por la mitad precipitándose al vacío. Cuando se asomaron solo vieron restos de tablas a la deriva.
Halaf se quedó en blanco y descorazonado. Sin querer sus propias palabras regresaron a su mente:
"Quiero acabar con el demonio que ha poseído a Garred. Destruirlo para así salvar a mis amigos, la tripulación y al resto de desgraciados que puedan cruzarse con él un día"

Tenía la impresión de estar atrapado por su propio deseo. Empezó a divagar, si hubiese pedido salvarse a él y a sus amigos, escapar…Pero no, pidió acabar con Garred y quizás si no lo hacía puede que sus amigos empezasen a caer uno tras otro. Ya había muerto toda la tripulación…¿ o no?
Empezaron a oir algo que se acercaba, como si estuvieran arrastrando un trozo de madera o hueso por la cubierta. La niebla no dejaba ver que era aquello. Pero algo se acercaba…
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MensajeTema: Re: Capítulo VIII Las nieblas de Tharbad   Vie Jun 10, 2016 9:49 am

El ruido se iba acercando inexorable mientras los restos de la balsa se alejaban igualmente.
Angost fue el primero en volverse con su espada en la mano. Sin querer admiró la hoja. Le pareció que el acero cobró vida en su mano, pero la sensación fue de asco. Si esa espada tenía asco de lo que se acercaba, lo sentía con total claridad. Angost se sacudió el escalofrio. No supo si era la propia espada, o que el también sintió lo mismo que ella sobre lo que se acercaba. Era la espada perfecta para el príncipe, tan elaborada, como sutil. Tan mortal como bella. Sacudió su mente y su padre apareció desde un recoveco muy alejado en su cabeza.
- Tienes que ser consciente de todo lo que te rodea sin distraerte por nada.
- ¿Y eso como se hace? No puedo estar pendiente de todo y plenamente entregado al combate.
- Eso es porque para ti esto aun es un juego. Toma esta espada. Ha llegado la hora de ver que sabes hacer de verdad.
- Pero padre hoy no me apetece luchar.
Angost lo vivió como si ocurriese en ese momento. Su padre se lanzó a por él sin contemplaciones. A punto estuvo de cortarle la oreja si Angost no interponer su acero. Luego todo ocurrió demasiado deprisa, pensó incluso que su padre se había vuelto loco hasta el punto de luchar por su propia vida. Fue entonces cuando la espada silbó, cortó e hizo brotar la sangre. Angost vio como la punta pasaba de largo por delante de la pupila, le cortó un mechón de pelo al pasar el resto de la hoja. Y por encima de la oreja hizo un fino pero permanente corte. La patada en el estomago le sentó de culo. Y le hizo mirar hacia arriba con lagrimas en los ojos.
- El enemigo no esperará a a que encuentres de humor, o hayas dormido. No.
- Padre, pensé… se le cortó la voz en un sollozo bronco.
- Que quería matarte. Espero que pasaras miedo, eso te hará prudente.

Embrazó el escudo y encaró la niebla. Siete cuerpos renqueantes se dirigían hacia ellos. De vez en cuando se convulsionaban, e incluso parecía que iban a caerse, pero no. Un rayo partió en dos el cielo y de entre los girones asomaron siete cuerpos mutilados, medio descompuestos y sin cabeza.

Out roll

Vuestros enemigos son lentos podéis correr pero no esconderos. Tarde o temprano os alcanzaran. Siempre van en grupo por lo que intentar dividirlos y demás descartarlo. claro está podéis huir a la niebla a saber que hay por allí dentro y si tenéis suerte y no os caeis por algún agujero, tropezais con algo y os caies por la borda, o teneis un encuentro inesperadao, podeis concebir algún plan para libraros de ellos.

En caso de querer luchar e intentar quitároslos de encima en ese instante:

Tirad para ver quien tiene dos. Los dos que menos saquen tienen premio.
atacan con 10 de cp. Presa.

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MensajeTema: Re: Capítulo VIII Las nieblas de Tharbad   Dom Jun 26, 2016 8:58 am


Angost tardó lo suyo en encargarse del ser que le acosaba. tras el primer envite la criatura soltó una descarga de trozos de su cuerpo que abrasaron el escudo. como pudo se apartó del repugnante ser y se cortó las ligaduras del escudo, que practicamente se caía a pedazos. La corrosión fue tan salvaje que al principe no le dio tiempo a quitarse el escudo sin quemarse el antebrazo. Luego con un quiebro evitó a la criatura y de un sablazo terminó cortandole la pierna.

Halaf pareció seguir el mismo camino que su maestro y acabó igual que él sin escudo y con una quemadura en el brazo. e igual que angost termino cortandole la pierna a uno de sus enjendros. al final de una par de envites ambas criaturas acababan en el suelo sin pierna gracias a la ayuda del príncipe.

Tyrok protegido por su escudo se avalanzó contra la criatura. A pesar de golpearle certeramente en la rodilla, la dureza sorprendió a la serpiente. la espada rebotó y la criatura se avalanzó sobre el pobre tyrok. Esta le abrazó con escudo y todo y Tyrok sintió el enorme calor que empezó a desprender el no muerto. Despues del calor vino el dolor. el escudo empezaba derretirse entre el y el bicho que lo apresaba. En un ataque de furia Tyrok se deshizo del bicho justo cuando el tahur llegaba por la espalda y cortaba la rodilla del monstruo.

Despues y con unos bicheros tiraron a los dos que perseguían al jilguero y el resto de cuerpos despiernados al río.

Una vez a solas en la cubierta se enfrentaron a la vieja situación en la que estaban. como salir de allí.

Lothar se asomó a la barandilla, más allá de cuatro o cinco metros no se veía nada, hasta que algún rayo iluminaba el mundo al que no podían llegar.
En su cabeza no paraba de asaltarle la duda de porqué el Afable no les había matado, era como si los hubiese dejado almacenados como bellotas por una ardilla que hace acopio para el invierno.

- Tenemos que hacer otra balsa - Repitió Angost, loco por salir de aquel infierno. El Tahur empezaba a pensar que salir de allí no iba a ser tan sencillo.

Out roll

Tyrok has perdido tu continue, mal enfoque del combate, le has pegado pero apenas si le has hecho daño, la criatura te ha abrazo tras tu penosos ataque y ha sacado muchisimo daño en su ataque especial.
Angost y Halaf quemadura herida 1 en el antebrazo - 2 cp hasta que la herida cure
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kang
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MensajeTema: Re: Capítulo VIII Las nieblas de Tharbad   Mar Jun 28, 2016 9:23 pm


La niebla empezaba a devorar la cubierta del barco, otra vez.

- Hagamos una balsa - Angost estaba como loco por salir de allí. SU nerviosismo estaba más que patente. ¿Qué loco querría estar en ese barco un instante más?

Lothar sin embargo estaba en otro cantar. No recordaba haber cogido su escudo, o escudo alguno. A pesar de ello tenía uno en su brazo. Intentó escudriñar en la niebla, pero era un lobo hambriento que no dejaba de comer.

- Tenemos que salir de la cubierta, aquí no se ve nada y cualquier cosa podría asaltarnos. Hemos de bajar a la cubierta y esperar a que se haga de día.- El tahúr quería salir de allí, de la cubierta. Ir a algún lugar donde al menos vieran acercarse al peligro. Porque una cosa estaba clara, la fiesta no había terminado.

De pronto se giró, le pareció oír una voz familiar detrás de su oreja.
Allí no había nadie, la voz le era familiar pero no consiguió oír nada. Un rayo partió la noche, otra vez. Todo el Espuma del aguas grises se dibujó en la noche. Hala no lo recordaba así. Era más pequeño, estilizado...
<AGGGG > Halaf sufrió un intenso dolor de cabeza, un pinchazo inmisericorde. Por un segundo su mente se deformó, como si la estrangularan igual que al escurrir un trapo.

Le asaltaron imágenes crueles. La cara de Garred se acercó violentamente hacia él. Quería devorarlo. Luego todo se quebró y apareció como un espectador de un teatro. En el escenario Garred cortaba una cabeza y como un poseso se abalanzaba sobre el cuerpo decapitado. Metió su propia cabeza en el hueco y empezó a beber y comer.
No tardó mucho en engullir su esencia, su sangre. Luego arrojó el cuerpo y se levantó.
Parecía otro, estaba desfigurado. Despedía una fuerza que no tenía antes. luego se fijó en sus ojos. sus ojos. Dos ópalos de fuego a punto de estallar
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MensajeTema: Re: Capítulo VIII Las nieblas de Tharbad   Dom Jul 17, 2016 7:57 am

Para sorpresa del grupo la niebla se estaba disipando a marchas forzadas. Las primeras luces empezaban a romper la oscuridad y a colarse entre los jirones de niebla. Su primer aliado en la parte del plan se esfumaba como el humo que era.

- Maldita niebla-

Una nave de guerra se acercaba al costado del barco, parecía una mosca al lado del Espuma. Era el momento de bajar al tablón que colgaba a unos tres metros la cubierta opuesta a la cadena. Sentados en el tablón miraban como las olas lamían abajo del todo la pared del barco. Habría unos veinticinco metros hasta el agua. Una caída que podría ser dolorosa pero no mortal. Cada uno asía una cuerda que asomaban desde la cubierta. Todo el tinglado, estaba oculto por una lona encima de la barandilla.


Burdux trepaba por la cadena casi sin esfuerzo. Era uno de los pocos supervivientes de las Salamandras Rojas que había conseguido salir con vida del asedio orco de la ciudad. De un cuerpo de trescientos hombres apenas quedaban cincuenta. Daverloth los había convocado esa misma madrugada. La misión: rescate de un barco. En realidad asalto al mismo. El bigotes les había reunido y explicado la extraña misión, el barco estaba cargado con un cargamento ilegal de oro. la tripulación había descubierto el oro y se había amotinado. Una batalla campal desencadenó una masacre de la que solo el oficial Garred sobrevivó. Un punto a destacar fue el oficial Garred. No se le podía quitar el ojo de encima. A nadie pasó por alto la extraña historia, tan difícil de creer como plausible.

Burdux trepaba justo debajo del gigantón, encima del afable su propio sargento encabezaba la marcha. Tomaron la cubierta principal. Aquello parecía el escenario de una batalla campal. El mástil principal estaba partido y esparcido por la cubierta. Los desperfectos afectaban sobre todo a la decoración, salvo el mástil y el agujero del centro, el barco estaba funcional. Hasta que dieron con el mecanismo que controlaba el ancla. De un solo vistazo vieron que habría que cortar el ancla o el mecanismo.
- Desplegaos. Vosotros tres con Garred id a la cubierta inferior. El resto asegurad la cubierta. MOVEOS.

Abajo en el tablón
Halaf miraba el agua rielar contra el barco… de pronto se vio inmerso en un sueño…
Veía por lo ojos de otro, delante él las enormes espaldas de Garred abrían la marcha. Bajaban las escaleras , sorteaban la carga.
- El cargamento de oro está al fondo de la cubierta de carga. No tardaremos en llegar.
Garred le habló con un tono que no era exactamente el suyo. Su voz despertaba confianza y seguridad. Pero en el interior del cuerpo que ocupaba Halaf sabía que no tenía que fiarse de él.
De pronto el Afable se dio la vuelta y estrelló un puño contra la cara de Burdux. Este caia al suelo semi inconsciente. Mientras caia pudo ver como el gigantón agarró por el cuello a sus dos camaradas a la velocidad del rayo. De un fuerte empellón los empotró contra la pared. Sus cabezas sonaron a melón maduro al partirse.
El grandullón esputó sangre en un violento ataque de tos tras la rapidísima maniobra. Se apoyó contra la pared para recuperar algo de aliento.

- Lastima de estos dos- Dijo mirando al pobre Budux. – Tenían buena pinta. Por sueste aun me quedan los Sastres. Tengo hambre, mucha hambre.
Uno de los del suelo se retorció incosciente. Garred se relamió con una sonrisa hambrienta en la cara.
- Vaya, este no está muerto…
Burdux, semiinconsciente veía como el gigantón arrastraba con una mano a su camarada y a él mismo hacia el fondo de la cubierta…
Halaf se despertó de su trance.
- Tenemos que subir ya.- Dijo en un susurro.
- ¿Joder y eso?
- Garred se ha hecho con dos soldados y se dirige a la sala de decapitaciones, si no le paramos ahora mismo va a renovar su poder. Podemos atajar por el agujero bajando por la cuerda atada al mástil…

Out roll
Si subís encontrareis a 8 guardias incluidos el sargento. Corazas de cuero rojo con una salamandra en el pecho. Cimitarras y escudo, casco metalico no cubre el rostro.
A ver que milonga le contais al sargento para que no os liquide nada mas veros..
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MensajeTema: Re: Capítulo VIII Las nieblas de Tharbad   Mar Jul 19, 2016 8:37 am

- Socorro –
Los gritos de auxilio empezaron a cobrar vida. No tardó mucho tiempo en asomar una cabeza con gesto sorprendido por encima de la barandilla.

- Pero qué demonios. Subid.

La voz fuerte del sargento no dejó lugar a dudas.

- ¿Qué hacían ustedes sentados en ese tablón?

Los sastres contaron su versión de la historia.

- ¿Y el motín? Preguntó el sargento.

- ¿Motín, que motín? Un hombre enorme se volvió loco, lo primero que hizo fue matar al capitán, luego uno a uno el resto de la tripulación fue desapareciendo. Era como un demonio al que no se le podía hacer frente. Terminanos escondidos aquí hasta que alguien nos rescatase.

La historia no parecía convencer al curtido soldado. Pero tras un reconocimiento de la cubierta principal, no había cadáveres ni sangre por ningún lado y la historia de Garred empezaba a hacer aguas.

Todo cambió con un grito de dolor. Tanto el curtido sargento como el resto de sus hombres, así como la misma banda del sastre se giró para ver quien había gritado.
Un soldado estaba esparcido y partido en dos en el suelo. Detrás de él una figura enorme asía un mandoble. Dio un paso y todo el mundo retrocedió. Eran mas de diez contra uno, pero esa figura despedía algo funesto, maligno…

- En guardia – A una voz del sargento que no se dejó amilanar sus hombres formaron en cuña. La figura dio otro paso y dio un grito desgarrador.

- INSECTOS.

Todos se cubrieron los ojos, la figura empezó a emitir una luz intensa. De pronto, una enorme explosión de luz les alcanzó a todos.
Halaf se cubrió los ojos con el brazo y giró la cara para protegerse. Notó una violenta onda de choque sobre su cuerpo, le desplazó sin llegar a tirarlo un par de metros.
Cuando notó que la luz dejó de quemarle apartó el brazo. A su alrededor no se mantenía en pie nadie. Lothar no estaba muy lejos. Parecía inconsciente, aunque bien pudiera estar muerto. Levantó la vista y delante de él estaba Garred. Su aspecto era cadavérico, una triste figura de lo que fue. Pero sus ojos, sus ojos no eran los suyos.

- Hijo de perra, ¿Cómo es que aún estás en pie?

< Ni yo mismo lo sé, lo que si se es que te voy a mandar al infierno>

Halaf encaró el escudo y adoptó una posición neutra.

<¿Escudo, de donde he sacado yo un escudo? El mío se disolvió cuando nos atacaron esos seres descabezados.>

De pronto notó como el mismo barco temblaba, como si se contrajera sobre si mismo y las tablas se negaran a ceder. El sonido era como si estuvieran masticando al propio barco.

- Tiene gracia que sea yo mismo quien te mande al infierno, Rubio. Y una pena, de todos los hijos de puta con los que vas siempre fuiste el único que mereció mi respeto. Y al que más he hecho sufrir.

- Sufrir, no me hagas reir. Tu no has hecho nada, ni podrás hacer nada que me haga sufrir. – Fue la primera frase del Rubio.

- Eso crees. Yo te he quitado todo y ahora te quitaré la vida.
Garred se avalanzó sobre el Rubio y le mandó un sablazo vertical. Pero halaf bloqueó sin problemas. La fuerza arrebatadora de Garred se había disipado como la anterior luz. De hecho hasta el juglar le habría pegado más fuerte. Halaf presionó y golpeó con su escudo la guardia y después el pechó del gigantón. Cayó de espaldas. Poco después el pie de Halaf presionó el pecho de Garred con fuerza. La punta de la espada apartó el mandoble de las manos de Garred.

- No puede ser. No puede ser, no puede ser….

Repetía como un loco la frase. El Rubio miraba como la cara de su antiguo camarada se convulsionaba y empezaba a echar espumarajos mientras repetía una y otra vez la frase.
- Le pedí el poder suficiente para acabar con Dave.

- Y TE LO DÍ.
Una voz surgida de la nada se coló entre ambos.
- QUE NO LO CONSIGUIERAS ES OTRO CANTAR. DE HABER PEDIDO: QUIERO MATAR A DAVERLOTH YA ESTARÍA MUERTO.

- < Por eso he acabado yo a Garred.>
- POR ESO MISMO, HALAF, TU DESEO ES BIEN DISTINTO.

- Hijo de perra me has engañado, maldito demonio.

- No, NO, NO. YO TE DÍ LO QUE ME PEDISTE. PREPARATE PARA ENTREGARME TU ALMA.
- Espera no me mates. Suplicó Garred. Te prometo decirte quien mató a Clarisse si me dejas ir. - El afable contrajo la cara y miró suplicante al Rubio. - PROMETEME QUE ME DEJARÁS IR Y TE CONTARE TODO LO QUE LE OCURRIÓ A CLARISSE...
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MensajeTema: Re: Capítulo VIII Las nieblas de Tharbad   Mar Jul 19, 2016 10:29 pm

No sabía lo que ocurría, pero los cabos empezaban a atarse solos.
Ese malnacido suplicaba por su vida debajo de mi pie, pero ya era tarde. No podía decirme nada que no supiera ya.
"¿que te deje ir?¿cómo voy a dejarte ir, si fuiste tú quién mató a Clarisse?"
Le dediqué una sonrisa fría y tensa.
"Lo único que siento es no tener más tiempo para dedicarte como mereces. Hacerte sufrir. Hasta dejaría a Tyrok participar. A él se le ocurrirían más cosas que a mí seguro."
Mientras decía esto, bajaba la punta de mi espada hasta su pecho. Ya estaba tocándolo y solo quedaba el empujón final para acabar con su vida. Para ver esas convulsiones mientras la boca suelta bocanadas de sangre y no de aire.

Off Roll. Dejo que des tu el golpe de gracia, o bien que en el último momento diga un nombre que no sea el suyo. Dependiendo de lo que haga puede que la hoja baje de golpe o no. En cualquier caso si no grita nombre alguno lo mato, no quiero tentar al demonio y que por tardar le vuelva a dar poderes al cabrón éste.
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MensajeTema: Re: Capítulo VIII Las nieblas de Tharbad   Miér Jul 20, 2016 8:46 am

Sin piedad.
La mano de Halaf acarició el momento al asir la espada. Todo quedó suspendido mientras el acero volaba primero hacia atrás y luego hacia la muerte. El tajo abrió la caja torácica de Garred en dos. Sin saber como la espada volvió a abrirse paso entre el hueso y la carne. El Afable esputó un borbotón de sangre por la boca y otro más con el nuevo hachazo. Todo se tiñó rojo acompañado de una violencia salvaje. El ruido se acalló entre la violencia…
No fue hasta que todo estalló cuando el rubio volvió en sí. Miró hacia abajo y encontró un amasijo de carne sangre hueso y madera. Fue entonces cuando se dio cuenta de lo que pasaba. El barco estaba sufriendo, empezó a emitir un quejido sordo. Notó como las tablas se contraían bajo sus pies…
Luego vino la luz, una luz intensa, cegadora y cruel…

Lothar despertó mojado. A su lado estaba el príncipe con media cara hundida en el barro.
Estaban en la ribera del Aguas Grises. El resto de la banda estaba esparcida junto con los restos de lo que fue el Espuma del Aguas grises. Lothar se sentó sobre una roca. Era un día precioso. El sol se elevaba sobre unos muros nuevos de una ciudad vieja. El tahúr se alegró de ver la ciudad donde se crió.
< Ya hemos vuelto Zurdo, en cuanto pueda te llevaré un ramo de flores viejo>
Escuchó un ruido familiar. Un ave de presa revoloteaba sobre ellos sin parar de chillar.
- Vaya, te echábamos de menos, Relampago.

Halaf abrió los ojos. Lo que vio no le gustó. Ante él un demonio o un dios, no lo sabía.
- Te he dejado el libro en tu bolsillo. Por si un día quieres, o necesitas mi ayuda.
- No creo que lo necesite más veces.
- No digas eso, nunca se sabe.
Esas palabras sonaron funestas y al rubio no le hicieron gracia.
- Es el momento de pagar Halaf.
- ¿Qué quieres? – El Rubio se puso nervioso.
- Quiero que mates a Ankalagon. He sido generoso contigo y solo te pido una cosa a cambio de todos los favores que te he concedido.
- ¿Si? Y mi pájaro?
- Lo he liberado del hechizo del haradan, está esperando a que despiertes, también has acabado con la amenaza sobre tus amigos. Todos me debéis la vida… y para que veas que soy más que generoso mira.
Out roll.
Juan, si quieres puedes ir a las sesiones privadas de Garred y leerlas. Es un regalo del demonio.
Voy a dar puntos por aki.
Angost 15
Tyrok 15
Targil 16
Lothar 15
Halaf 25
. No tengo mi pc ni vuestras hojas, así que os los repartís como queráis.
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Capítulo VIII Las nieblas de Tharbad
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