Bienvenidos a la 6ª Edad de los hombres

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 En tiempos de guerra

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kang
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MensajeTema: En tiempos de guerra   Lun Mar 02, 2015 8:56 am

¡A sus ordenes Señor!.  Con un taconazo y un puño al pecho, el suboficial dio media vuelta sobre sus talones y se dirigio hacia la puerta. Habia mucho movimiento tras las puertas de Daverloth, los soldados corrian de aqui para allí. La lucha dentro del cuartel había puesto a los soldados en estado de alerta, como si de un hormiguero se tratase.
La ciudad se habia estremecido, un terremoto, un enorme temblor había conmocionado a la ciudad. Para colmo de males la subida del rio había anegado los lindes de la ciudad. El perimetro de la muralla estaba siendo rebasado  por un a inmensa masa agua. Pero lo peor fue el miedo cuando la tierra habia temblado como si Aule la hubiese golpeado con su martillo.
No dejaban de llegar informes al cuartel sobre la situación de la urbe, la gente del ciudad incriminaba a los orcos de todo lo que estaba sucediendo. El terror convertido en informacion no hacia nada mas que correr por las calles tocando cada alma, haciendo estremecer hasta el corazon del mas bravo. Los informes llegaban al cuartel, un ataque en el puerto, otro en el burdel la paloma, disturbios en la calle de la carnicería. La gente se atrincheraba en sus casas, los lugares de vida nocturna tambien cerraban sus puertas y echaban a sus clientes, poco a poco todo se iba convirtiendo en una ciudad caotica y temerosa del dia de mañana mientras las campanas no dejaban de sonar.


Por fin las noticias iban aclarándose. Los restos del palacio habian desaparecido en el fondo del rio, parecía que era eso lo que había causado la crecida. De los orcos lo unico que se sabia era que permanecían acampados, esperando al otro lado de la colina. Sus fuegos se veian en la noche, como si de otra ciudad iluminada se tratase, acompañado de un océano de estrellas que muy lentamente dejaban paso al dia siguiente.

Bajó por las escaleras, con paso firme cruzó la distancia hasta el patio de armas. Se acerco a un soldado de guardia y le dijo que se presentara en el patio de armas en menos de cinco minutos con quince hombres. El soldado se cuadro, saludo y salio corriendo como una flecha perdiéndose por un pasillo.
No tardaron mucho con el cuartel en estado de alerta. El patio de armas se llenó con los soldados.
El suboficial repasó a sus hombres. Tres filas de cinco hombres cada una, con uniforme de soldado y cota de malla, sus yelmos relucian a la luz de las antorchas, escudos grandes con el emblema de la ciudad, espadas cortas al cinto, que cuando vieron al suboficial se cuadraron. En ese momento recordo las palabras de Daverloth, el comandante tenia entre sus ideas un grupo de elite, pero que aun no tenia nombre ni componentes. Los suboficiales como personas que eran siempre aspiraban a algo mas que sus puestos actuales, El suboficial, se imaginó  al frente de dicho escuadron, bautizandolo como Escuadron Lobo, su simbolo para que amigos lo venerasen y enemigos temiesen, una cabeza de lobo plateado rodeado por una cerca de espinas.




- Caballeros, tenemos ordenes de arrestar a la banda del sastre, sabemos que  son  delincuentes, peligrosos y escurridizos, asi que manteneos alerta. No creo que se nieguen a acatar la orden de la guardia, pero si ese fuera el caso en que la diplomacia no surtiera efecto, la casa estara rodeada por diez de vosotros por si intentan huir, yo quedare al frente con el resto. ¿ ¡Entendido!?. Señor, si Señor, esa fue la respuesta al unisono del escuadrón. El suboficial encabezaba la invitacion de Daverloth a la banda del sastre, salieron del cuartel, de las casas se podia escuchar muchos ruidos y luces encendidas, casi nadie en la ciudad podia conciliar el sueño, aquello parecia un hormiguero en pleno otoño recogiendo todo lo que podia para prepararse para el invierno. La sastreria empezo a verse a lo lejos gracias a los primeros rayos del sol, la gente seguia haciendo sus labores sin salir de sus casas, en la calle solo estaban los soldados. El suboficial se acerco, examino la casa, dio tres golpes en la puerta y pregunto en voz alta: ¿Hay alguien?...

out roll

No lleváis ni cinco minutos cuando se presenta la guardia ante vuestra puerta. apenas si os ha dado tiempo a quitaros el yelmo. Vosotros diréis que hacéis. Quien baja a abrir la puerta, que lleva puesto ( armas, armadura, ropa)
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Ankalagorn
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MensajeTema: Re: En tiempos de guerra   Lun Mar 02, 2015 9:46 am

- Es la guardia!- Dijo Lothar tras asomarse por el huco que siempre se asomaba para ver sin ser visto.
- Esta bien. Tranquilos todos.- Dijo Angost- Clarisse o Rosa. Abrid la puerta y entretenerlos, no nos conviene que nos cojan con estas armas y armaduras. Ayudemonos y quitemonoslas, las esconderemos donde teniamos escondido a Yasuo, es un muy buen escondite, aunque si hay alguno mejor, Lothar lo sabra. Algo me dice que vienen a por nosotros- Angost se quito el anillo desgastado del dedo.- Yo no voy a poner resistencia, y supongo que vosotros tampoco. Nos presentaremos como patriotas, si hace falta, para luchar por la ciudad. Aqui no estan los enemigos, sino fuera...esos malditos orcos.


OFF: En el post va implicito cual sera mi intencion.No es que lea el futuro, es por ahorrar posts a Luismi.
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kang
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MensajeTema: Re: En tiempos de guerra   Mar Mar 03, 2015 9:20 am

La guardia esperaba fuera. Rosita bajó a recibirles, mientras arriba, la banda del sastre se afanaba en quitarse los atavíos de guerra.
Lothar y la serpiente se ayudaban mutuamente.
- Sabes, hoy es un día agridulce.
- ¿Y eso?
- Por un lado he encontrado la dama de corazones, el sueño de toda una vida junto al Zurdo. Y por otro…
La muerte de Yasuo había empañado lo que para el Tahúr hubiese sido una noche perfecta.
- Voy a echar de menos a ese pescuezo testarudo.
El tahúr pensó que la vida podía ser tan caprichosa como cruel. El heredero a la corona al trono de la ciudad, no era otro que un mendigo. Si la vida era caprichosa, el robo de la dama de corazones se había empañado con la muerte de su camarada.
- Sabéis, nunca os lo he dicho, pero ya no sois los desconocidos que tramaban su primer golpe en el signo del orco. Ahora sois mi familia.
- No te pongas sentimental Lothar. – La serpiente le dio un toque con su mano en la espalda.
- Ya, pero puede que mañana no veamos la luz del sol, y hay cosas que mejor darles las ultimas puntadas, puede que mañana sea tarde.

Angost y Halaf habían terminado. El príncipe salió de la habitación para toparse con Clarisse. Su mirada estaba fija tras él. Angost giró la cabeza como un acto reflejo. Se encontró a Lothar cerrando su mochila.
- ¿Me permites?
- AH, si claro.- Angost pareció sacarla de su ensimismamiento.
Halaf se acercó a la puerta. La pelirroja estaba encantadora.
- ¿ya te vas?- Parecía desencantada.
- Tengo que irme..
- Como siempre.
- Esta vez no puedo decir que no.
- Claro.
- ¿Qué te pasa mi amor?
- Que puede que alguna vez yo no esté cuando tu vuelvas.
- ¿A qué viene todo esto?
- Vete. Tienes que irte ¿no?
- Nos vemos a mi regreso. -Fue a darle un beso pero la pelirroja apartó la cara.


Rosita abrió la puerta. Delante de ella un grandullón con los emblemas de la guardia. Tras él unos cuantos, bastantes hombres. Su cara era pétrea, pero a la costurera le pareció que en realidad pensaba que clase de hombres mandan a una mujer a dar la cara.

- Buenas noches.- Rosita se restregó los puños. – ¿Qué se les ofrece?
- Buenas noches. Tenemos órdenes de que todas las personas de esta casa se presenten ante mí.
- Un momento. Estamos aun en pijama mi señor.
Tardaron un rato. El suboficial esperaba de todo corazón que no opusieran resistencia. Al final la banda del sastre y sus dos mujeres se presentaron a la puerta de la sastrería.
- ¿Y bien?
- Tengo órdenes de que me acompañen al cuartel de la puerta norte, si son tan amables de seguirnos.
Para sorpresa del suboficial la banda acató sus órdenes como mansos corderitos.
La ciudad despierta no parecía querer salir de sus casas. Solo los soldados pululaban por ella. Se toparon con varias patrullas hasta llegar a su destino. Por lo visto había habido varios altercados graves por toda la urbe.
El cuartel no era otra excepción. Los soldados estaban nerviosos. Se veía a simple vista. Les cachearon en la puerta hasta dejarlos limpios. El patio de armas era un ir y venir de soldados. Los condujeron a las dependencias administrativas.
Al final entraron el una habitación. Sentado tras un escritorio Lord Daverloth lucía su odiosa sonrisa. Pero a ninguno le pasó por alto el brazo en cabestrillo del oficial mayor.
- Buenos días. Fue el escueto saludo del oficial. – ¿Os preguntareis que hacéis aquí? Quiero que me respondáis a unas preguntas.
La primera, que sabéis de Bill el carnicero, Imilce la dueña de la Paloma o Yuri, el jefe estibador del puerto.
- ¿Por qué lo preguntas? Lothar no iba a dejarse acuchararse así porque sí.
- Porque los han encontrado muertos. Los han asesinado de forma violenta, bueno eso se queda corto, la palabra es brutal.
- ¿y cree que hemos sido nosotros?
- No, se quienes son los asesinos. Lo que quiero saber es porqué sus guardaespaldas acabaron con ellos de esa forma.

Out roll.
Aquí se supone que tendríais que contestar. Podéis ayudar a Daverloth a esclarecer las muertes o decirles que no sabéis nada. En cuyo caso tendréis que tirar por actuar. Por cierto estar toda la noche de farra tiene sus desventajas, estáis todos a -2 dados en cualquier acción que emprendáis hasta que descanséis.
In Roll.

- Pero esto no es lo que de verdad os ha traído hasta aquí. Aquí tengo un documento. Ordenes del estado mayor. Leedlo.
Halaf estiró la mano y comenzó a leer el papiro.
- Como podéis comprobar, eso es un edicto por el cual se reclutará a cualquier hombre en la ciudad para ingresar en la guardia. Garred- dijo refiriéndose al suboficial. ¿tú crees que son capaces de portar armas?
El hombretón ni les echó un vistazo. En su posición de firmes contestó seco y tajante.
- Sí señor, son más que capaces
- Bien, en eso estamos todos más que de acuerdo.
- ¿y qué es lo que quieres? El tahúr fue directo al grano.
- Vosotros tenéis habilidades fuera de lo común. Y sería una lástima desperdiciarlas encima de un muro, parando flechas que perfectamente puede pararlas un labriego.
- Al grano. – El tahúr parecía que no estaba muy contento con la idea de ser guardia. Toda la vida dándoles esquinazo para ahora ingresar en el cuerpo. La cara del Tahúr fue dejando de ser la de escalera de figuras.
- Tengo una misión para la que necesito de gente con vuestras habilidades. Si me firmáis este documento de ingreso en la guardia, yo me encargaré de formar un escuadrón con vosotros. Estaréis solo bajo mi mando y os librareis de vigilar el muro, o de la vanguardia cuando empiecen los asaltos. ¿Hay trato?
- ¡NO¡ No hay trato. Tú necesitas a alguien para jugarse el cuello. Por lo visto la misión es importante y si lo logras cosecharas otro triunfo. Por otro lado también sales ganando si fracasamos y morimos. Seguro que no le importaría vernos muertos.
La cara del oficial mayor Daverloth volvió a esgrimir esa sonrisa que tanto odiaba Lothar.
- ¿y qué es lo que quieres, el muro?
- No, eso tampoco. Algo intermedio.
- ¿En qué estás pensando?
- Quiero que nos concedas el estatus de gremio mercenario. Así podrás contratarnos, podremos llevar armas, pero no aplicar la ley. Y por supuesto lucharemos por la ciudad hasta el final. ¿Qué me decís?
- Yo no puedo…
- Si que puedes, eres un oficial del estado mayor. Discútelo con quien tengas que hacerlo. Si no tienes nada más que decir nosotros nos vamos. Tienes tanto tiempo para pensarlo como el que nos conceda la guardia antes de que se cumpla ese edicito. Ahora si nos disculpas… Nos vamos

Out roll
Esta es la oferta del tahúr. Formar un gremio mercenario por el que se nos contrate. Podremos llevar armas armaduras. Pero no somos la ley. Como gremio estamos obligados a acudir en defensa de la ciudad siempre que se nos llame, pero también recibiremos una bolsa por nuestra colaboración.
Si no queréis formar el gremio hay dos caminos
Aceptar entrar en la guardia a las órdenes de Daverloth
Ingresar en la guardia a ver que pasa.
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Ankalagorn
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MensajeTema: Re: En tiempos de guerra   Miér Mar 04, 2015 9:58 am

- Supongo que aun quedaran los restos de una bestia a la que pudimos dar muerte, hace unas horas. Es muy probable que sea el causante de la muerte de los Dedos.
Daverloth enarco las cejas
- SI se da cuenta, mi Lord, son 4 y solo falta el Recaudador, el cual era la bestia... Ya se que es dificil de creer...
- Dejate de gilipolleces, chico- Le corto Daverloth- Con decir que no teneis idea, habria bastado. Tienes suerte de que os necesite, si no te cortaria la lengua ahora mismo por tu insolencia ante la Autoridad.
Quiero que sepais que si yo hubiese sido otra clase de persona, en mi posicion, ya os habria matado 5 o 6 veces, por lo que aun deberiais darme las gracias por todo.
EL grupo sabia que tenia razon, a pesar de que los habia usado para sus propios intereses, ademas de por la Organizacion, podrian estar muertos, si el oficial fuera cualquier otro, ironicamente menos ambicioso y menos calculador.

-Yo estoy con Lothar. Le serviremos, pero con alguna libertad a nivel armamentistico, y de movimiento.
- Esta bien. Yo os armare- Dijo Daverloth.
- No hace falta- Dijo Angost sonriente, con una sonrisa imposible de resisitir- Ya nos armamos nosotros.
El Oficial Mayor intento escudriñar la sonrisa del Principe, pero no supo de que se trataba hasta mas tarde.
- ...Eso que me ahorro- Dijo por lo bajini Daverloth.
Angost sabia que mejor tener el beneplacito de un Oficial Mayor con influencia, que subirse al muro en primera linea, donde sus habilidades se veian reducidas, unica y exclusivamente a lo que decidiera el Dios Azar.
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MensajeTema: Re: En tiempos de guerra   Miér Mar 04, 2015 8:45 pm

Lothar y Angost ya habían hablado.
Yo estaba aún preocupado por las palabras de Clarisse, allí presente. Nos habían llevado a todos. Rosa y Clarisse incluidas.
"Bueno. Nos ha llamado la banda del sastre. Y el sastre ha hablado. Estoy con él. Solo me gustaría dejar constancia que ya que nos ha traído a todos" en ése momento me giré para mirar fijamente tanto a Clarisse como a Rosa dejando claro que iba a hablar por y sobre ellas "imagino que nos requerirá a todos. Por lo que en el documento aceptando nuestro gremio nos debe incluir a todos.......y todas"
Sin duda sabía que el oficial no nos diría antes de tiempo ni para qué nos quería ni qué pintaban las dos mujeres en ello. Pero ya que estaban metidas, que las incluyesen en la posible recompensa, no estaba de más.
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kang
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MensajeTema: Re: En tiempos de guerra   Jue Mar 05, 2015 8:50 am

Daverloth miró a las chicas. Parecía que estuviese retratando en la retina a las dos mujeres de la banda, como si se regodeara en ellas o las grabase en su memoria.
- Perdonad por este pequeño error, mi suboficial es un hombre demasiado estricto y competente, cuando le dije que trajese a todas las personas se lo tomó al pie de la letra, tendría que haber dicho solo delincuentes. – Sus ojos regresaron al Rubio- Por otra parte, las mujeres no pueden pertenecer a un gremio mercenario según las leyes de la ciudad. Sopesaré vuestra oferta. Mañana a medio día presentaros de nuevo aquí. Ya tendré una respuesta para vosotros. Ahora si me hacéis el favor, podéis retiraros. Hasta mañana….
Salieron del cuartel sin mayor problema. El suboficial los acompañó a la puerta. Era un dunedain de la vieja escuela. Sus casi dos metros, combinados con sus ojos claros y su tez morena lo convertían en el arquetipo de su raza. Una escueta y marcial despedida puso punto y final a su aventura en el cuartel.
El Tahúr estaba contento, se le veía a simple vista. Si a Daverloth le interesaba triunfar en su misión intentaría resolver lo de la creación de un nuevo gremio. A Lothar, como el resto, le asaltaba la duda de que el oficial mayor pudiera no hacer nada y luego argumentarles que la única solución sería entrar a sus órdenes. De todas maneras Lothar ya sabía que iba a hacer con su día y medio.
- Esta mañana voy a dormir hasta hacerle sangre a la cama.
- Y por eso estás con esa sonrisa,¿ por una cama?
- Por eso y porque esta noche, voy a jugar, a beber, a fumármelo todo y después me iré a la cama con un par de buenas mujeres hasta reventar.
Las risas se contagiaron. Pero cuando Halaf esbozó una sonrisa se topó con los ojos de Clarisse. Ella precisamente no estaba riéndose.

Out rolll
Daverloth estudiará lo del gremio con el estado mayor. Mañana al medio día tneis quee presentaros ante él. Seguramente os informará del resultado de la negociación de vuestro nuevo gremio ( Id pensando un nombre) y os explicará la misión. Pero Antes tenéis una noche para hacer lo que queráis, si las féminas os dejan…. Jejeje Rubio se te complica el asunto con la chati. Claramente está cansada de que cada vez que sales por la puerta puede que no regreses.
Lothar y seguramente Angost se van de farra. El Perfume, el burdel más caro de toda la ciudad va a arder….pero antes nos pasaremos por el Ancla Dorada a beber, jugar, fumar y reir hasta reventar.
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MensajeTema: Re: En tiempos de guerra   Jue Mar 05, 2015 8:37 pm

Por fin problemas que no me costasen las vida.
"¿pretendías meterme en un gremio de mercenarios?¿qué crees que soy?"
"Pretendía que compartieses mi vida por completo. Estar juntos aunque eso sea robar una casa juntos, o bien sacarle las tripas a alguien"
"Eso suena muy romántico como plan de pareja"
Me paré en seco y la agarré del brazo.
"Romántico o no, lo que quiero decir es que solo anhelo pasar el mayor tiempo contigo haciendo lo que sea. Lo que sea. Cuando me marcho no es el mayor de mis deseos. Hemos hecho cosas que pueden que hayan salvado esta ciudad; los Indagadores dicen que el mundo entero. Pero si yo estaba dispuesto a entregar mi vida no era para salvar esta ciudad o el mundo; era para salvarte a ti. Ahora estamos juntos y haremos lo que quieras."
"No tienes buena cara"
"Porque llevo mucho sin dormir. Pero por ti no descansare si es tu deseo y estaré a tu lado. Y si lo deseas." dije bajando la voz "Nos marcharemos a escondidas y no formaré parte de ningún gremio ni nada parecido. Pero has de pensar dónde iremos, ya que en ésta ciudad no podremos quedarnos. Si decides que nos quedemos, no me queda otra que acatar lo que dice ése oficial. Tú has estado presente. La mayoría de veces que me ausento es por cosas como ésta. Alguien que dice, ven o huye. Pero si no vienes huye de por vida. En cualquier la decisión la dejo en tus manos."
Clarisse se quedó pensativa.
"De momento. Duerme. Después ya veremos"

Volvimos a andar apresuradamente para alcanzar al resto del grupo. Angost parecía haberse detenido o relentizado la marcha al ver que nos quedábamos rezagados.
"¿Qué opinas tú?" me preguntó
"Que si no acepta lo del gremio, deberíamos tenerlo todo preparado para salir de la ciudad. A no ser que queráis plegarnos a sus órdenes"
"Fuiste tú quien dijo que si huimos sería para siempre y de mala manera"
"Sí, así es. Por mi parte esperaría a ver qué nos depara. Hay cosas peores que vagar por el mundo como menesterosos. En cualquier caso, no puedo opinar con libertad sobre si huir o quedarnos. Si pudiera, decidiría quedarnos; a menos que Daverloth nos obligue a huir"
Pese a contestar a su pregunta. Angost se quedó preocupado por mis palabras. Seguro que intuía lo que estaba pasando entre Clarisse y yo.

Off Roll. A ver cómo desarrollas psicológicamente a Clarisse, porque ella viene del mismo mundo de delincuencia que nosotros. Sabía con quien se unía y lo que hacíamos. De hecho fue voluntad suya, por no decir imposición, querer entrar en la Mano. Además que está informada de todo lo que hacemos y sería comprensible saber que no disponemos de nuestro tiempo.
Por otro lado. Nombre del gremio, tanto en broma como en serio: si antes éramos la Mano porque robábamos, ahora que vamos a dar palos, podemos llamarnos "El Puño", jejejeje. Imagino que no solo seremos mercenarios, seguiremos siendo ladrones e intentaremos controlar a los ladrones, pero éso no se lo íbamos a decir al oficial.
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MensajeTema: Re: En tiempos de guerra   Mar Mar 10, 2015 10:56 am

- Puedes retirarte. Por cierto estás de permio hasta mañana al medio día. Descansa lo vas a necesitar.
Tras el saludo marcial, el suboficial, salió por la puerta. Las palabras de Daverloth fueron como las de un pájaro de mal agüero. No se acordaba de la última vez que le dio un permiso.
Miró por la ventana de su habitación mientras se quitaba el cinto de las armas. La ciudad era un hervidero de gente de ir y venir, la urbe se preparaba para la guerra a marchas forzadas. No tardó en quitarse la armadura. A pesar de que la guarnición de la ciudad había sido reforzada con los restos del ejército cruzado, se respiraba miedo. Se acostó en su lecho e intentó dormir. <Llegan los tiempos de los héroes, de la sangre y de la batalla> entonces comprendió a su amada ciudad. También podía ser el tiempo de la derrota.

Garred se levantó. Como siempre se atavió con su armadura, cogió sus armas y se dirigió al barrio del puerto, al otro lado de la ciudad. Esa noche celebraría que estaba vivo, algo le decía que Daverloth tenía una peligrosa sorpresa para él. El barrio del puerto parecía que estaba animado. Según sus compañeros de cuartel, los destrozos del puerto habían dejado sin faena a muchos de los marineros, así que los bares de esa zona estaban haciendo caja. El mejor lugar que se le ocurrió fue El Ancla Dorada, buenas cervezas y seguramente algunas faldas.
Cruzó una ciudad casi desierta. Las calles eran tan lúgubres como el espíritu de la gente de la ciudad. Le habían robado la alegría a la ciudad de los ladrones. Las mismas piedras del suelo parecían una congoja triste de adoquines. Garred intentó quitarse ese mal estar, ese regusto agrio de la certeza de la amenaza, de la muerte y su inminente llegada.
Al fin encontró lo que buscaba. La posada más famosa del puerto siempre fue El Ancla Dorada se apareció delante de sus pies. Abrió la puerta y pasó debajo del llamativo cartel de la puerta, un ancla pintada de dorado. Al entrar podía verse una barra al fondo, mesas y sillas por el salón, pero el escenario con forma de quilla de un barco resaltaba sobre el resto. Apartó a un par de borrachines y se colocó en la barra.
- Una cerveza.- El camarero le hizo un gesto.
Garred se fijó en la decoración de la pared. Un aparejo de pesca y un timón rococó le miraban de frente. A la izquierda un mapa del tesoro. Los dos borrachines empezaron a subir el tono
- Este antro ha perdido mucho desde que bardo no está
- Donde e habrá metido ese granuja
- Yo te diré donde, se ha marchado de la ciudad. Maldito sea
No era el único que tenía pensamientos cenizos en la cabeza. Ese sentimiento era como un murmullo, una especie de conciencia colectiva que había desarrollado la ciudad. Su conclusión final parecía ser que esta noche seria la ultima que pasarían tranquilamente.
Se giró de cara a la galería cuando el camarero le puso la cerveza.No pudo remediar el escuchar a varios marineros comentar el estado del Aguas Grises.
- La crecida del Aguas Grises ha hundido varios barcos en el puerto, grandes trozos de roca, troncos y demás sedimentos asoman como dientes feroces-
- Es un desastre que ha beneficiado a la ciudad-, dijo otro marinero, -ya que la invasión por el rio queda descartada.
-
A mi lo que más miedo me da es el clan orco de Dratha, esos desgraciados seguro que se unen al ejército orco -.
- el lider del clan orco ha jurado que se mantendrá fiel a la ciudad hasta la última gota de su sangre. Pero quien puede confiar en la palabra de un orco.
- ¿Dratha el aplasta cráneos, ha jurado que mantendrá su fidelidad hasta el final de la batalla? No tenía ni idea. De todas formas todos los sedimentos han formado una barrera innavegable, así que la toma del puerto queda descartada. Poco podrá hacer Dratha para ayudar a los orcos
- -Ya, por el puerto es imposible, pero, ¿Quién te dice a ti que no traicione a la ciudad desde dentro y vayan a abrirles las puertas?, date cuenta que son orcos, yo no me fiaria mucho ...
Garred dejó de prestar atención. Al suboficial le encantaba la diversión y las mujeresy esta noche era noche de faldas. Su salario no le permitía irse de farra tanto como él quisiera, pero hoy era un día especial.
Echó un vistazo al fondo y para su sorpresa se encontró a Lothar, alias el sastre, alias el tahúr. Estaba jugando con cuatro tipos. Garred era jugador, pero meterse en la partida de un tipo al que llamaban el tahúr no era lo mejor para la bolsa, que diablos…
Pasó por la barra y casi pasó por alto a otro de la banda. Tyrok, alias la serpiente bebía de su copa mientras hablaba con otro tipo. Pasó de largo y colocándose de espaldas a la pared preguntó.
- ¿Hay sitio para uno más?
Uno de ellos le dedicó una mirada torva. Que fue desde su cara a las charreteras y de vuelta a su cara.
- Si, claro suboficial. El dinero venga de donde venga siempre es bueno.
Su sonrisa parecía sincera, sus ojos marrones oscuros tenían una mirada limpia, inocente. Le inspiraban confianza. Garred, jugaba con ventaja y evitó el embrujo, no podía fiarse de él.Fue entones cuando reparó en Angost King, alias el príncipe.
Las manos iban sucediéndose sin mayor contratiempo para el dunedain. Incluso estaba ganando dinero. De pronto, en una descontrolada mano donde el tahúr no hacía más que ver las apuestas de un marinero casi tan grande como él mismo, la dama de corazones hacía papilla el color de la jota del grandullón. El incauto se había jugado hasta la camisa.
- Maldito hijo de perra, te voy….
De pronto la cara del marinero recayó en la de Garred. Apretó el puño y miró a Lothar. Garred no pasó por alto la templanza con la que se tomó aquello el tahúr. O bien se estaba aprovechando de la presencia del suboficial, o realmente no temía a aquella mole. Garred no lo tenía claro. El marinero cogió su capa y se fue mascullando.
- Hay gente que tiene mal perder. – Lothar sonrió e instó al suboficial para que repartiera.
Justo cuando la noche estaba en su climax, aparecieron por la puerta cuatro de los que en ese momento estaban siendo mal mirados en la ciudad.
Gartz el hermano del Aplasta Craneos paso el umbral de la taberna con dos orcos más y un gigantón acorazado. El silencio sepulcral se apodero del local, el silencio pasó a un murmullo igual de sonoro que un arroyo, los cuellos se giraban para observar a los orcos, muchos de ellos, les dedicaron unas miradas llenas de recelo y odio. Pero el orco no se dejo amedrentar por el murmullo desaprobatorio. Muy al contrario lo aprovechó para gritar fuertemente
- Camarero cuatro cervezas-
Con esas palabras la tensión fue disipándose en el humo de la sala, entonces comenzaron a andar hasta llegar a la mesa contigua donde se hallaba Angost, Lothar y el suboficial y otro jugador. Se sentaron y esperaron a su bebida.
De pronto la cabeza de Garzh asomó por encima de la partida.
- Caballeros, parece que ustedes saben jugar a la escalera de figuras, ¿podría unirse mi bolsa a la partida?
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Ankalagorn
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MensajeTema: Re: En tiempos de guerra   Miér Mar 11, 2015 12:13 pm

-Ocupa mi lugar, compatriota- Le dijo Angost, tal vez con algo de socarroneria, tal vez con algo de complicidad.- Por mi ya esta bien por hoy. He tenido la suerte de cara- Lothar le habia tirado las cartas que necesitba en momentos justos para ganar, sin parecer sospechoso- Y no quiero que el dios Azar empiece a darme la espalda- Lo cierto es que Angost no queria compartir mesa con aquella alimaña, que solo podia traer problemas, ganase o perdiera- A mi me espera una de las señoritas de la sala... dare buena cuenta de mis ganancias ahora mismo... ja,ja,ja! Salud!- Dijo mientras se levantaba y apuraba su ultimo trago de cerveza y se iba a coquetear con alguna mujerzuela.
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Abdulfin
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MensajeTema: Re: En tiempos de guerra   Dom Mar 15, 2015 3:52 pm

La noche habia pasado sin mas contratiempos que la de mi bolsa venida a menos. Ese truan llamado Lothar no tenia por nada el sobrenombre de el Tahur por nada. Hasta le habia sacado buena tajada al orco, fue divertido.
A la mañana siguiente Daverloth nos dio una mision casi sin retorno, sabotear una maquina de guerra capaz de destruir ciudades con suma facilidad. El campamento orco se encontraba a pocas horas de distancia de la ciudad asi que decidimos salir al alba, despues de un desastroso viaje en barca en el cual casi me ahogo, perdiendo una bota y mis armas, algo vergonzoso por mi parte, vaya primera impresion de un dunedain sobre el grupo, aunque lo de la bota lo pude solucionar cuando dimos muerte a unos diez orcos que intentaron frustrar nuestro incendio en el bosque. Habia partido a dos por la mitad gracias al hacha de leñador que traiamos para el sabotaje, un orco pequeño fue el que me soluciono el problema de la bota, casualmente tenia el pie un poco mas grande que el mio.
Ya con el fuego en el bosque nos internamos en el campamento por la muralla improvisada alrededor del castillo del conde, el fuego se encaminaba hacia esa estructura, los orcos corrian como locos por el fuerte, fuimos descubiertos pero rapidamente nos desicimos de los que se encontraban a nuestro alcance, los de las torretas era otro cantar, los cuernos sonaban de manera extraña. Halaf se tuvo que concentrar poco para abrir la enorme puerta de la maquina de asedio, parecia un castillo andante, era casi tan grande como la casa colindante.
Una vez dentro comenzamos a prender fuego al primer piso, las llamas iban creciendo poco a poco. Un sonido estremecedor dio con la puerta de la entrada en el suelo, dejando ver una enorme criatura portando una gran hacha de combate, un olog-hai pertrechado hasta los dientes hizo su entrada en escena, el cual me miro con los ojos inyectados en sangre, sabia que su primer golpe iba dirigido a mi asi que lo incite para que no cambiase de opinion en el ultimo momento. Por los pelos pude evitar el golpe del hacha, el cual hizo temblar el suelo de la maquina y ese moento fue aprovechado por mis compañeros en un acto heroico cercenar la pierna de la bestia. Corriamos como ratas delante de un fuego y decenas de orcos; el ultimo piso daba al exterior pero la ruta de escape no estaba muy clara, unos treinta y cinco metros de altura los separaban del suelo. Con gran fortuna lanzamos una cuerda que nos sirvio de escape, pero las ansias de salir con vida de ese infierno hizo que nos precipitaramos al vacio al romperse la cuerda, era obvio que no soportaria el peso de los cinco ....
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kang
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MensajeTema: Re: En tiempos de guerra   Lun Mar 16, 2015 5:52 pm

La celda era oscura y algo húmeda. Al menos estaban todos juntos.
Tyrok había sobrevivido como sus compañeros a los primeros envites de los juegos orcos.
Pero aquello pintaba mal, muy mal. Jugar una partida con el dios del azar día si día también era una apuesta segura que conducía a la muerte. Lothar miró, o intentó escudriñar entre las sombras. Sus acompañantes era un cruzado, compañero de Tyrok , un hombre maduro y otro joven, ambos compañeros. Resultaron ser padre e hijo. Ninguno mencionó como había llegado a parar allí. Las pocas preguntas a las que contestaron no deparaban un futuro halagüeño. Por lo visto estaban entreteniendo a los mandos orcos mientras preparaban el asedio. El repentino desastre del rio había retrasado los planes orcos de la invasión. Así que por lo visto y para levantar el ánimo, el estado mayor orco había hecho que los presos divirtieran a la tropa. Y por su puesto habían reservado a los mejores luchadores para el divertimento de los oficiales.
Era paradójico que fueran el entretenimiento de esos seres inferiores, repugnantes y crueles. Y si aquello continuaba por ese camino podría amenazarlos con convertirlos en bestias como sus espectadores. Tarde o temprano, los amigos terminarían por enfrentarse a muerte. ¿Les arrebatarían los orcos su amistad? O por el contrario ¿se negarían a luchar unos con otros?
Rengaw se asomó por el escueto agujero, otro combate enfrentaba a un mastodonte manco, armado con un garrote y su compañero, un rubio de pelo enmarañado. En comparación parecían el punto y la i. En frente un par de hombres, por su aspecto, soldados o cruzados de la Luz.
- ¿Cómo va el combate?
- El mastodonte es algo lento, pero está manteniendo a ralla a su rival. El rubio parece más diestro.
Al poco Rengaw se apeó se su asidero.
- Han ganado los soldados. Esos dos pobres diablos no han tenido oportunidad.
Los vítores orcos reverberaban en la oscura y húmeda celda. Era como si sus vidas no valiesen nada de nada.
- Tenías un plan para escapar, ¿no?
- Ese hijo de perra orco nos ha frustrado el plan. Antes venían demasiado confiados. Ahora si os fijáis, han tomado precauciones. Pero se podría intentar.
- Habla te escucho. – Lothar quería averiguar cómo pensaba escapar el viejo soldado.
- El plan no es ninguna obra maestra del escapismo. Consiste en reducir a los guardias, armarnos y salir por el pasillo abriéndonos paso. Hasta ver la luz del sol. Luego toca improvisar.
- Eso es una sentencia de muerte. – Angost se reacomodó el trasero para aliviarse de la dura piedra del suelo. Luego volvió a hundir la cabeza entre los brazos.
- Esto sí que es una sentencia de muerte. Tarde o temprano alguien acabará con nosotros en la arena. Y por lo que veo será antes que después…
No tardó mucho en aparecer unos tres orcos armados hasta los dientes. Señalaron a Rengaw y a su hijo.
- Vosotros dos, os toca salir…. - El orco se dirigió a la banda del sastre al completo
Vosotros id preparándose, dentro de poco os toca.
Rengaw y su hijo salieron por la puerta, dos orcos los acompañaban. El tercero, él único que había hablado con ellos entornó la puerta.
- Tú y tú- Dijo señalando al príncipe y al tahúr.- Venid conmigo.
Salieron por la puerta tras el orco. Llegaron a la habitación de las armas y los dedos. sus compañeros los vieron salir, dejándolos solos en la celda

En la celda Tyrok se asomó a la escueta ventana. Para su sorpresa pudo ver como esta vez habían enfrentado a padre e hijo a muerte. El combate por parejas había terminado. Los orcos habían cribado a los presos para dejar un magnifico elenco de luchadores para el final. Pero no solo buscaban a los mejores. El sufrimiento y la tragedia de enfrentar a padre e hijo era una sorpresa que nadie esperaba. Tyrok se aferró para ver que sucedía. La serpiente se llevó una sorpresa.
- Hoy me complace entregar en sacrificio a esta pareja de padre e hijo a esta arena para vuestro solaz. – Era la voz de un orco, podía oírlo pero no verlo. – También honraremos la presencia de nuestro general, y su llegada al campamento. Disfrutad de los combates. Y ahora luchad perros, para el disfrute del general Mandíbula de hierro.


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Ankalagorn
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MensajeTema: Re: En tiempos de guerra   Mar Mar 17, 2015 10:07 am

Habia sido una encerrona Rengaw sabia que tarde o temprano la crueldad de los orcos se acentuaria. Su proposito era vivir el maximo tiempo posible, pero sabia que sus muertes llegarian, pero asi? asi no. El no seria capaz de matar a su hijo y su hijo no seria capaz de matarlo a el,y en el fondo... para que, para vivir 2 dias mas? No, no merecia la pena.
- Maldita emboscada- Penso para si Rengaw. Todo empezo unas semanas atras. Fueron contratados por un importante general de Tharbad para realizar una mision rutinaria: Limpieza de orcos y extracion, si los hubiera, de prisioneros, de una atalaya situada en un lugar estrategico, a unos 4 dias de viaje desde Tharbad, pero de manera inexplicable, los orcos sabian de su llegada, de el y de sus hombres, de su hijo, de todos. Alguien habia avisado a los orcos o alguna de esas alimañas los habia visto antes de llegar al objetivo. Sea como fuere Los Guardianes de la Paz, su grupo de mercenarios, habia sido emboscado por los orcos. Todos murieron, los 27, todos, excepto Rengaw y su hijo Nascim, que lucharon como leones, hasta que fueron reducidos, por el elevado numero de enemigos...otro error mas de aquel general... el numero de esas criaturas del palio, mucho mas elevado del que habian estimado sus espias y exploradores...un error FATAL.

Angost y Lothar regresaron a la celda junto con los demas
- Que querian?- Pregunto Halaf.
- Idioteces- Respondio Angost, el cual se sento abrazando sus piernas y hundiendo la cabeza entre sus rodillas, como en el era habitual cuando se sentaba en el suelo; la posicion "bicho bola" la llamaba. Era como si el, alguien que era un Principe, no debia sentarse en el suelo y se tapara la cara por vergüenza, al menos el bromeaba con eso, pero ahora las cosas no estaban para bromas.
Tyrok miraba a traves de la ventanilla con barrotes la arena, donde algo singular estaba ocurriendo:- Estan saliendo muchos orcos...- Dijo la serpiente.
-Que ocurre?- DIjo Lothar.
- Hace un rato que han sacado al padre y al hijo y parece ser que los orcos quieren que luchen entre ellos.
-No jodas!- Maldijo Lothar- Y que ha pasado?
- De momento nada. Se han quedado quietos un buen rato. - Respondio el RUbio-
-AAAOOOOH!!- EL grito de sorpresa de Tyrok llamo la atencion de todos, incluido el de Angost- Los orcos, los orcos! Estan atacando muchos ! Mira como se mueve ese tipo!- Dijo refireindose a Rengaw.
Todos corrieron a la ventanilla apretando sus cabezas para poder mirar todos, lo que estaba pasando fuera.

Los dos se quedaron parados, padre e hijo.No hacian nada.Asi estuvieron un buen rato.
- Hogtia hijosputas!mierdozogs humanogs! pelearrse o osg destrozareg a logs dogs!- El orco los maldijo con su peculiar manera de expresarse en Lengua Comun.
- Si os negais a luchar, cogere a tu hijo y lo torturaremos hasta que no te puedas imaginar!- Continuo hablando y soltando espumarajos por la boca,el orco.
-Orco de mierda- Respondio calmado Rengaw aunque levantando la voz para que lo oyeran bien- Esto es algo que tu ni ninguno de tus alimañas camaradas entendeis, pues no sabeis que es amar a una persona. Sois seres tan despreciables que no sois capaces de tener aprecio por otros seres, ni siquiera por vuestros semejantes. - Los orcos tenian cara de no saber muy bien lo que queria decir aquel humano.
- Lo que mi padre quiere decir- Nascim tomo la palabra- Es que ninguna torutra es comparable, a tener que matar a un padre, o un padre tener que matar a su hijo. Podreis hacerme la tortura mas dolorosa, pues tanto mi padre, como yo, sabemos que no sera comparable. Lo entendeis asi?
- QUe cojones estas diciendo?!Luchad!!!!-Pero ambos siguieron quietos, sin mover un musculo- Me Giño en vuestra cara humana!!!- EL orco miro a su general con cara de circunstancias, pues no sabia que hacer, y un orco en su posicion, que no sabia que hacer, era carne de catapulta. El General se mantuvo imperturbable, esperaba una resolucion de su subdito y la esperaba ya.Fue un chispazo, se le ocurrio algo, puede que no fuera lo mejor, pero si salvaria su cabeza:
- Todo el que quiera destrozar a esos 2 humanos, que salte a la arena! Vamos! sois libres de hacer lo que querais con ellos! Destrozadlos!!! Desolladlos!!!! Aniquilarlos!!! Exterminarlos!!!!MANDARLOS A TOMAR PORCULOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!
De repente una marabunta de orcos, se lanzaron a la arena, sedientos de sangre. Los orcos eran asi, si habia algo mas divertido que ver como se mataban los humanos entre ellos, era, matarlos ellos mismos.
EL plan de Rengaw y Nascim habia funcionado. Moririran, si, pero moririan luchando contra esas asquerosas criaturas y llevandose a muchas por delante.
Las espadas silbaron en el aire, las cabezas y miembros volaron, Las entrañas se desparramaron, los musculos, hueso y tendones se cercenaron. Rengaw manejaba con suma maestria sus dos espadas, era ambidiestro y conocia muchas tecnicas de combate, habia luchado en la Legion de Valle.A ANgost le parecio increible como se movia.
Nascim habia sido entrenado por su padre y habia empuñado por mucho tiempo el mandoble de este, era otro peligroso rival entrenado por el, uno de los mejores soldados de Valle de los ultimos tiempos, y a pesar de ello, un simple sargento.Un sargento maltratado por su condicion de familia humilde y mas tarde un desertor. Un traidor de la PAtria.

Los orcos cayeron por decenas, tal vez alcanzaron el centenar, era imposible contarlos , pero desde la ventanilla de barrotes, veian como la montaña de cadaveres y sangre negra se iba acumulando en la arena. Fue asi, hasta que los propios cadaveres, sangre y visceras hicieron perder el equilibrio, primero a Rengaw, despues a Nascim, para que una marabunta orca los engullera. Observaron como uno de esos orcos llevaba la pierna arrancada, que no amputada, de uno de ellos, como trofeo, un trofeo que habia costado la vida a decenas de sus camaradas, pero como habia dicho Rengaw, que le importaba a ellos las vidas, incluso de los suyos. Asi eran esas viles criaturas, crueles, rastreras y terribles.
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MensajeTema: Re: En tiempos de guerra   Mar Mar 17, 2015 5:50 pm

"Creo que éste es el momento. Están distraídos. Tirad esa maldita puerta, y acabemos con los guardias, nadie nos oirá. Vamos"
Y así me quedé mirando al resto para ver si reaccionaba y podíamos escapar de allí.
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MensajeTema: Re: En tiempos de guerra   Mar Mar 17, 2015 6:15 pm

es absurdo intentar tirar esa puerta abajo Halaf- Dijo Angost- King.- Si quereis saber que ha pasado en la runion que hemos tenido Lothar y yo con uno de los oficiales orcos, sentaos y os contaremos, pero debe de ser rapido. Esto es todo lo que paso.

Angost y Lothar, maestro y pupilo estaban frente al orco. Este dejó el látigo encima de la mesa tranquilamente, incluso les ofreció el flanco de su mano mala. Y empezó a hablar.
- El general Mandíbula de hierro ha prometido dejar libre al prisionero que gane el torneo. Se supone que tendría que haberos informado de ello, para motivaros. Pero conociendo al general como lo conozco seguramente clave la cabeza del vencedor en una pica.
- ¿y por qué nos dices eso?- Lothar no pudo reprimir la pregunta.
- Porque yo sí que puedo garantizar la salvación del ganador. Y creo que vosotros dos tenéis posibilidades de ganar.
- ¿Y qué es lo que quieres? Angost fue tan directo como Lothar.
- Que matéis al general.
- ¿Y como se supone que vamos a hacer eso?
- El general tiene una extraña costumbre. Suele mezclar su sangre con los ganadores de los torneos, dice que así algo de la fuerza vital de esos guerreros pasa a su sangre. Ese será el momento. Yo os proporcionaré una aguja, más bien un discreto anillo con un pincho apenas perceptible. Con que le hagáis un pequeño arañazo servirá. La aguja irá impregnada de un potente veneno. No mata al instante pero si a los pocos días.
Si aceptáis yo os armaré adecuadamente para que lleguéis a la final. La lástima es que no podáis ganar los dos. Pero pensad, uno de vosotros verá la luz del sol otra vez. ¿Qué me decís, hay trato?

Nuestra respuesta fue la siguiente:
- Y por que no lo haces tu mismo o mandas a alguno de los tuyos para que lo haga- Respondio Angost.- Crees que alguno de nosotros estaria tranquilo si fuese el unico que saliese con vida de aqui, Milord? No somos como vosotros! Si alguno de nosotros hace eso, no podria nunca vivir con su conciencia en paz.
- Aceptamos- Dijo Lothar, sorprendiendo a Angost, el cual lo miro agriamente.
- Que estas dici...
- Angost... No nos queda otra. Aceptamos.
-Pues yo no, yo no acepto.
- El tambien acepta- DIjo Lothar.

Pero la intencion de Lothar era otra:ganar tiempo
Estaba de acuerdo en lo que habia dicho Angost, el nunca aceptaria ese trato, de hecho solo lo hizo de cara al orco. Ademas, una vez revelada esa informacion, si no aceptaban es posible que algun orco los asesinara, para que no tuviesen posiblidad de hablar.
Angost tenia una idea, pero no encontraba la posiblidad de llevarla a cabo: Sorprender al General Orco, Mandibulas de Hierro y darle la informacion del Motin...ANgost, incluso soño, con el perdon del General y salir de aquel lugar, con esa importante revelacion. Pero como llegar hasta el General? puede que ese fuera el momento, pues parecia estar presente en el palco hoy. pero como?
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MensajeTema: Re: En tiempos de guerra   Miér Mar 18, 2015 1:03 am

Desperte en una celda cubierto con un taparrabos, me dolia todo el cuerpo. Lo unico bueno de aquella situacion fue que me reuni con dos viejos amigos mios, los gemelos Brant y Henks. Hacia mucho tiempo que habian partido para las cruzadas y cuando nos disponiamos a separarnos de un abrazo, me llamaron para un combate en la arena, de compañero tenia al Tahur y de adversarios a dos orcos. Rapidamente dimos muerte a esas alimañas, la pierna de la mia salio volando por encima de su cabeza, no sin antes salvarme de una estocada mortal gracias a una inspiracion divina. No tube mucho tiempo de despedirme de los gemelos, pues muy ponto salieron al patio y alli muy a mi pesar sus cuerpos fueron recogidos por orcos, despues de un gran combate entre Angost, Haral y ellos. Esos malditos orcos deberan pagar caro todo aquello que le hacian al mundo. Mire a través de los barrotes de la celda hacia la arena y en ese momento me maldije por no hacer caso a mi instinto. Podria haber salvado la vida de esos dos que estaban teniendo un combate encarnizado contra decenas de orcos, si tan solo le hubiese roto el cuello en cuanto ese padre comento lo de escapar ahora no tendria que lamentarme de lo que estaba observando. Pero me dije a mi mismo que si salia con vida de esta no me volveria a pasar. El instinto es lo que te hace muchas veces salir con vida de los peligros.  
Angost-King y Lothar acababan de terminar su encuentro con un orco. Este les habia propuesto asesinar al Comandante, no era una mala idea, pero lo malo de esto es que si ese caia es porque otro queria subir a su puesto, sin sospechas, por eso se lo encargaba a ellos, de todas formas ibamos a morir todos, asi que porque no intentar salvarnos la vida jodiendo a un orco mas. Una idea surgio a la vez que los termine de escuchar, ¿ porque no salir corriendo en medio del combate hacia el comandante para advertirlo de una posible traicion?, pero no sabria que credevilidad podria tener siendo nosotros un dunedain y unos hombres que estan a punto de morir. De todas maneras las posibilidades de escape eran muy lejanas a una sola. Pero otra idea me vino rapida a la mente, ¿ y si retabamos directamente al Comandante y asi tenerlo mas cerca para poder decirselo cara a cara. Ningun plan lo veia factible pero de todas maneras se los hice saber.
-Acercaros, tengo algo que deciros, se me ocurren dos planes ahora mismo, a ver que os parecen, uno puede ser que en medio de la arena le griteis al Comandante que le quieren asesinar a causa de una traicion; el otro plan seria retarlo a un duelo y asi tenerlo mas cerca para poder comentarselo a ver como reacciona, si alguien tiene algun plan en mente es el momento de exponerlo, cualquier idea es bienvenida-.
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MensajeTema: Re: En tiempos de guerra   Miér Mar 18, 2015 9:03 am

- No veo clara esas ideas , amigo Dunadan- Respondio el Principe, que volvio adoptar la posicion de bicho bola- Gritar en mitad de un combate te van a matar, es muy probable que el General haga caso omiso y si no sales muerto en el combate, lo haras momentos despues por la bravuconeria, por algun complice del otro orco... demasiado arriesgado.
Y retar al General Orco, estando en su posicion, dudo mucho que aceptara, si lo hiciera, nos habria dado como solucion el Orco, eso mismo y no arriesgarse a que lleguemos uno de los 2 a una posible final y en el caso de que aceptase, ponte a dialogar y negociar con un orco sediento de sangre y rabia por tu insolencia, durante un combate.
Por otra parte, creo que ha quedado claro que si aceptamos el plan del otro Orco, solo 1 saldra con vida de aqui.
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MensajeTema: Re: En tiempos de guerra   Miér Mar 18, 2015 7:47 pm

Pues si no ves esas ideas claras, en las que yo lo que proponia era justo al salir a la arena sin previo aviso soltarselo asi, tal cual, que lo van a traicionar, pero vamos, que en vez de estar en esa posicion de bicho bola, podrias argumentarnos algun plan que sea del agrado de todos.
Habia intentado ser lo mas afable posible dada la situacion, pero lo que no me entraba en la cabeza es como podia criticar mi plan sin exponer ninguno todavia. Asi que me pare delante del bicho bola y le inste con buenas maneras a que revelase algun plan si es que poseía tal.
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MensajeTema: Re: En tiempos de guerra   Jue Mar 19, 2015 8:12 am

Lothar miraba por el hueco pegado a la serpiente. El suboficial de Valle y su hijo estaban haciendo una carnicería. El espectáculo no duró mucho, a pesar de los muertos esos dos no aguantaron mucho. A pesar de todo esos dos se habían llevado por delante a un buen número de esas alimañas. Al final el tahúr se apeó de su asidero cuando la marabunta se tragó a esos dos héroes.
< Malditas ratas>
El tahúr no sabía si alegrarse o no de haber perdido a esos dos, si hubiesen peleado con ellos en la arena no podría asegurar el resultado. Dejar que la armadura absorbiera cualquier golpe era un camino que tarde o temprano le conducía a uno a su tumba, el estilo de combate de su compañero dejaba bastante que desear. Seguramente si hubiese peleado con Rengaw y su hijo con el dunedain de compañero significaría que tendría que luchar con esas dos bestias a la vez. No podía confiar en ese grandullón lento y torpe.
Miró a su compañero. Era el tipo de guerrero que basaba su estilo en la fuerza. Acostumbrado a que la armadura repeliera los golpes, solo se preocupaba de asestar un golpe demoledor. Que diferente del suyo. Angost había sido un maestro ejemplar. Despreciaba ese estilo, si es que a eso se le podía llamar así. Angost le había enseñado a estudiar a su rival, a no menospreciar a nadie y lo más importante, a manejar las armas con destreza para que fueran ellas las que bailaran al son de la canción de la muerte. En definitiva Angost le había convertido en un espadachín peligroso, muy peligroso. Carecía de la fuerza del dunedain, pero le sobraba destreza para derrotar a casi cualquiera. Volvió a fijarse en Garred cuando se levantó para increpar al príncipe.
- Si tienes un plan mejor será mejor que lo digas ahora.
Lothar no dejó de mirar al grandullón desde las sombras.
< ¿Este de que va? Esto es el colmo de la arrogancia. Voy a tener que ponerle los pies en su sitio. >
Se levantó de un salto y se fue directo a por él ni corto ni perezoso.
- “Amigo” será mejor que te calmes, no sea que sufras un accidente y acabes con el culo en el suelo.
- ¿Cómo? – Garred se giró y miró al Tahúr desde muy arriba como si fuera un insecto. Al instante se fijó en la sonrisa que le dedicaba aquel pequeñajo. Del golpe se acordó de cómo se movía ese escurridizo insecto y del peligro que se escondía tras esa apariencia delgada. Pero sin armas y cuerpo a cuerpo el dunedain creía que tenía las de ganar.
- Mira Lothar, si tiene un plan que lo diga ahora. La cosa no está para bromas.
- Mira Suboficial, te voy a dejar las cosas claras, otra idiotez como esa, otra insolencia así y te doy la paliza de tu vida.
- No me calientes que no estoy para bromas enano.
Garred dio un paso al frente y arrugó el morro, como diciendo no me intimidas chaval. Fue un error. El puño del Tahúr se incrustó en su estomagó nada más plantar el pie tras ese paso. La cabeza de Garred bajó automáticamente como un resorte para ponerse a la altura del croché que Lothar le propinó en la mandíbula. El cuello giró hasta que la barbilla tocó el hombro. A continuación el dunedain caía como un saco de patatas al asqueroso suelo. Visto y no visto. El tahúr no poseía la fuerza de Halaf, pero tenía destreza de sobra suficiente fuerza como para tumbar a cualquiera.
Angost miró la escena desde su posición de bicho bola.
- ¿Pero qué has hecho, Lothar?
- Nada, solo darle una lección de modales. Se despertará de aquí a un rato. Espero que más tranquilo. Me joden los arrogantes sin educación.
- ¿Y si se levanta con ganas de gresca?
- Pues nada, que bese el suelo otra vez. A ver si se calma.
Dejó al dunedain que durmiera la mona. Roncaba como un lirón y desde luego no envidiaba el dolor de boca que le esperaba cuando despertara.
< Así no vamos a ningún lado, peleando entre nosotros. Joder si tuviera mi espada… >
Se agarró a los barrotes y miró fuera. Sintió como los nudillos se le quedaban blancos como la nácar por la presión. Pegó la frente al hierro horizontal, sintió su frio. Quiso gritar de rabia.
Se bajó de allí y se hizo un bicho bola. Si al menos tuviese sus cartas…
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Tyrok
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MensajeTema: Re: En tiempos de guerra   Jue Mar 19, 2015 12:09 pm

A la Serpiente se le escapó una sonrisa al ver como Lothar había dado una lección de modales a aquel grandullón. Se la merecía sin duda, uno no podía llegar de la nada a un grupo ya creado y afianzado,para creerse el lider del mismo, no señor. De no haberlo hecho el Tahur, posiblemente lo habría intentado hacer Tyrok, o tal vez hacerlo a su manera, como a él le gustaba, arropado por el silencio y la oscuridad, posiblemente de un pisotón en el cuello que se lo hubiese roto, por eso se alegró de que fuese su amigo quien le diese aquella merecida lección de modales.
- Has hecho muy bien compañero, de no haberlo hecho tú, lo habría hecho yo - Tyrok sabía que tal vez no le ganase en una pelea a aquel mastodonte, pero se sentía seguro junto a sus compañeros y no dejaría que nadie los humillase como había intentado aquel imbécil - Había oído de la arrogancia de estos hombres altos, pero no sabía hasta que punto podían llegar. Aquí no tiene a su querido Daverloth que lo proteja este comemierdas. -

Tyrok se puso a buscar por la celda algo que le pudiese ser útil para poder escapar de aquella celda, miró a aquel grandullón tirado en el suelo y pensó en la idea de utilizarlo a modo de ariete, aquella cómica imagen que se dibujó en su cerebro lo hizo volver a sonreir.
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MensajeTema: Re: En tiempos de guerra   Vie Mar 20, 2015 9:20 am

- No Lothar!- El Dunadan ya estaba en el suelo- No debiste, es un guardia y no lo va a perdonar si salimos de aqui.
Era dificil de enteder, pero Angost lo entendia un poco, era propio de un Dunadan que ademas era la autoridad, un soldado, mientras ellos solo eran ladrones.
- No hacia falta la violencia, yo lo habria puesto en su sitio con la palabra.
- Pues deberias ser mas rapido la proxima vez- Respondio Lothar, algo malhumorado desde la ventana- Y ahora dime que no me he equivocado al machacarle la cara a ese inepto. Dime que tienes un plan...
- Tengo un plan... Pero no se si va a dar resultado. Es posiblemente que tenga las mismas posiblidades de resultado que lo que proponia Garred...
- Entonces...en que se diferencia? - Pregunto Halaf intrigado.
- En que no nos arriesgamos. Nuestra vida no correria peligro, salvando lo inevitable del combate que nos toque en ese momento.- Respondio Angost, que parecia volver a tener claridad en la mente, como desde antes de que sucediera aquello con su amiga Alyzia.
- Entonces a que esperamos? Adelante- Dijo Halaf.
- No tan rapido... dejadme que os explique un poco como va la cosa- Los demas asintieron- Para hacer esto necesitamos luchar contra seres humanos.
- Parece que el siguiente combate, lo tienes contra humanos- Respondio Lothar.
- Bien... Lo siguiente es lo peor. Vamos a tener que convertirnos en Orcos y cuando digo convertirnos en Orcos, no es fisicamente, cuando digo eso me refiero a ser un Orco en todo lo demas. La unica manera de impresionar al General en un solo combate es ser uno de sus subditos.
Una pregunta... hasta cuanto estais dispuestos para salir de aqui? Estariais dispuestos a llegar al extremo mas horrible del ser humano, acercarse a la raza mas miserable de la tierra, con tal de salir de aqui? A nuestro favor decir... a caso nuestras vidas valen tanto como para que tengamos que salir de aqui y no hacerlos otros?- La personalidad de Halaf aqui le dijo que seria demasiado para el, Angost sabia que Halaf nunca podria vivir con la conciencia tranquila si hacia aquello que pedia.
- Voy a tener que cambiar de compañero para el siguiente combate. El Orco que quiere dar el golpe de estado nos ha permitido ciertos privilegios y voy a escoger a Lothar, aunque tal vez Tyrok seria el mas indicado, necesito ganar el siguiente combate al 100% de posiblidades.
Halaf quiso protestar, pero tal vez era mejor asi.
- Dime Lothar... estas dispuesto a ser un orco?
Lothar dudo unos instantes, despues afirmo con dudas, luego con seguridad.
- Pues te explico el plan...

El combate iba a comenzar, las 2 parejas salieron a la arena. Por un lado Lothar y Angost, por otro lado 2 Cruzados. 2 hombres elegidos para la causa...ayudar a salir de aquel lugar a la banda del Sastre, sin que ellos supieran nada.
Los Curados pusieron cara de repulsion al ver aquella masa ingente de Orcos. Algunos aun jugaban con las visceras y miembros del padre y su hijo. Entonces, sorprendiendo a los 2 Cruzados y al resto de inmundicia, tanto Angost como Lothar se arrodillaron ante el General, como 2 subditos.
- Brindamos este espectaculo a nuestro gran General Mandibulas de Hierro. Nuestro amo y señor. Espero que disfrute viendo como destrozamos a estos apestosos humanos, hijos del imperio enemigo, que se deshace ante la grandeza, de nuestro General!
- Pero... que estas diciendo!!! Hijo de PUTA!!!- Uno de los Cruzados no pudo aguantarse- Os vamos a Destrozar!!!Traidores!!!
LA idea era bien clara. Agradando de esta manera al General, este pediria un encuentro con ellos, asi podrian avisarle del golpe de estado, su lealtad seria intachable y tal vez podrian trabajar para el como Espias de los hombres.
Si EL Orco que queria el golpe de estado veia aquello, bien podia imaginar que lo estaban haciendo para poder acercarse a el, antes de que solo quedara uno de los 2 para envenenar al General, con lo que sus vidas no correrian peligro... excepto por tener que aguantar las embestidas de 2 cruzados encolerizados...
Pero nada o poco tenian que hacer con 2 luchadores como Lothar y Angost. La Capacidad de combate de los 2 ladrones era muy superior a la de sus rivales. Angost y Lothar manejaban la espada como si fuera parte de su cuerpo, pero aqui llegaba lo realmente complicado... terminar la conversion en Orco, algo que Halaf no habria superado, tenian que destrozar a 2 compatriotas, a 2 seres humanos y cuando decia destrozar, me referia a eso mismo. Los Orcos no luchaban, los orcos destrozaban, trituraban cuerpos, se los comian!
Aquello se convirtio en un baño de sangre. Miembros amputados y viseceras convirtieron la arena en barro. ANgost y Lothar se embadurnaron en esta mezcla de horror e inmundicia. Halaf no queria mirar por la ventana, pero escuchaba los gritos de sufrimiento de los 2 cruzados.Tyrok observaba en silencio la transformacion de Lothar y Angost en bestias.
La cabeza del cruzado de Angost rodo por la arena, instantes antes lo habia hecho el cuerpo del enemigo de Lothar.
-Por ti Mi Señor! - Grito Angost, a la vez que rajaba el cadaber del Cruzado, sacaba su corazon, con sus propias manos, para posteriormente darle un mordisco y tragar el trozo.La transformacion habia finalizado.

Las puertas de la celda se abrieron. Angost y Lothar aparecieron tras ellas, empapados en sangre, visceras y escrementos. Las puertas se cerraron a sus espaldas. Ambos vomitaron en un rincon.
Hasta donde estarias dispuesto a llegar por salvar tu vida?
Ahora tocaba esperar la respuesta de los Orcos.
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Haral
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MensajeTema: Re: En tiempos de guerra   Vie Mar 20, 2015 11:38 am

No me había gustado como Lothar había tratado al dúnadain. La verdad es que yo estaba más de parte de Angost. Los ánimos estaban muy alterados. Íbamos a morir y ahora el príncipe nos proponía un plan repulsivo.
¿Estaría dispuesto a hacer eso con tal ver a Clarisse? Si, haría cualquier cosa. Pero si hacía eso, dejaría de ser yo mismo para ser otro. Otro que tal vez no le gustase a la pelirroja.
No. A la hora de la verdad no podría. Todos llevamos un monstruo dentro; lo que ocurre es que para que salga, a uno nos cuesta más que a otros.

Los combates iban a empezar. Me retiré al lugar que ocupaba para dormir. No podía ver aquello. Cerré los ojos. Escuchaba los gritos, las alabanzas que Angost y Lothar le daban al general. Pero......
......podía verlos. Los veía desde arriba.
¡Relámpago!
Casi me había olvidado de ella. Pero era como si me contestara que ella no se olvidaba de mi.
"Será mejor que te vayas"
"He venido a cuidar de tí"
"Si te quedas no podrás hacer nada. Solo verme morir"
"Eso es cosa mía"
Pude ver el combate de Angost y Lothar desde una posición privilegiada. Nadie se había percatado el Halcón. Casí sentía pena por ella; pues cuando ocupaba su cuerpo, podía sentir su sincera preocupación hacia mí.
Ojala todo saliera bien. Ojala pudiéramos salir de allí. Cuando vi a Angost y Lothar embadurnarse de tripas humanas. Ver el sacrificio que hacían por nosotros; me acordé de Yasuo y el sacrificio que él un día también hizo.
El sacrificio por el grupo cada vez era mayor. Y yo no lo había hecho aún. Espero estar a la altura cuando me toque a mí.
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Haral
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MensajeTema: Re: En tiempos de guerra   Vie Mar 20, 2015 11:38 am

No me había gustado como Lothar había tratado al dúnadain. La verdad es que yo estaba más de parte de Angost. Los ánimos estaban muy alterados. Íbamos a morir y ahora el príncipe nos proponía un plan repulsivo.
¿Estaría dispuesto a hacer eso con tal ver a Clarisse? Si, haría cualquier cosa. Pero si hacía eso, dejaría de ser yo mismo para ser otro. Otro que tal vez no le gustase a la pelirroja.
No. A la hora de la verdad no podría. Todos llevamos un monstruo dentro; lo que ocurre es que para que salga, a uno nos cuesta más que a otros.

Los combates iban a empezar. Me retiré al lugar que ocupaba para dormir. No podía ver aquello. Cerré los ojos. Escuchaba los gritos, las alabanzas que Angost y Lothar le daban al general. Pero......
......podía verlos. Los veía desde arriba.
¡Relámpago!
Casi me había olvidado de ella. Pero era como si me contestara que ella no se olvidaba de mi.
"Será mejor que te vayas"
"He venido a cuidar de tí"
"Si te quedas no podrás hacer nada. Solo verme morir"
"Eso es cosa mía"
Pude ver el combate de Angost y Lothar desde una posición privilegiada. Nadie se había percatado el Halcón. Casí sentía pena por ella; pues cuando ocupaba su cuerpo, podía sentir su sincera preocupación hacia mí.
Ojala todo saliera bien. Ojala pudiéramos salir de allí. Cuando vi a Angost y Lothar embadurnarse de tripas humanas. Ver el sacrificio que hacían por nosotros; me acordé de Yasuo y el sacrificio que él un día también hizo.
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MensajeTema: Re: En tiempos de guerra   Vie Mar 20, 2015 11:38 am

No me había gustado como Lothar había tratado al dúnadain. La verdad es que yo estaba más de parte de Angost. Los ánimos estaban muy alterados. Íbamos a morir y ahora el príncipe nos proponía un plan repulsivo.
¿Estaría dispuesto a hacer eso con tal ver a Clarisse? Si, haría cualquier cosa. Pero si hacía eso, dejaría de ser yo mismo para ser otro. Otro que tal vez no le gustase a la pelirroja.
No. A la hora de la verdad no podría. Todos llevamos un monstruo dentro; lo que ocurre es que para que salga, a uno nos cuesta más que a otros.

Los combates iban a empezar. Me retiré al lugar que ocupaba para dormir. No podía ver aquello. Cerré los ojos. Escuchaba los gritos, las alabanzas que Angost y Lothar le daban al general. Pero......
......podía verlos. Los veía desde arriba.
¡Relámpago!
Casi me había olvidado de ella. Pero era como si me contestara que ella no se olvidaba de mi.
"Será mejor que te vayas"
"He venido a cuidar de tí"
"Si te quedas no podrás hacer nada. Solo verme morir"
"Eso es cosa mía"
Pude ver el combate de Angost y Lothar desde una posición privilegiada. Nadie se había percatado el Halcón. Casí sentía pena por ella; pues cuando ocupaba su cuerpo, podía sentir su sincera preocupación hacia mí.
Ojala todo saliera bien. Ojala pudiéramos salir de allí. Cuando vi a Angost y Lothar embadurnarse de tripas humanas. Ver el sacrificio que hacían por nosotros; me acordé de Yasuo y el sacrificio que él un día también hizo.
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MensajeTema: Re: En tiempos de guerra   Vie Mar 20, 2015 11:40 am

No me había gustado como Lothar había tratado al dúnadain. La verdad es que yo estaba más de parte de Angost. Los ánimos estaban muy alterados. Íbamos a morir y ahora el príncipe nos proponía un plan repulsivo.
¿Estaría dispuesto a hacer eso con tal ver a Clarisse? Si, haría cualquier cosa. Pero si hacía eso, dejaría de ser yo mismo para ser otro. Otro que tal vez no le gustase a la pelirroja.
No. A la hora de la verdad no podría. Todos llevamos un monstruo dentro; lo que ocurre es que para que salga, a uno nos cuesta más que a otros.

Los combates iban a empezar. Me retiré al lugar que ocupaba para dormir. No podía ver aquello. Cerré los ojos. Escuchaba los gritos, las alabanzas que Angost y Lothar le daban al general. Pero......
......podía verlos. Los veía desde arriba.
¡Relámpago!
Casi me había olvidado de ella. Pero era como si me contestara que ella no se olvidaba de mi.
"Será mejor que te vayas"
"He venido a cuidar de tí"
"Si te quedas no podrás hacer nada. Solo verme morir"
"Eso es cosa mía"
Pude ver el combate de Angost y Lothar desde una posición privilegiada. Nadie se había percatado el Halcón. Casí sentía pena por ella; pues cuando ocupaba su cuerpo, podía sentir su sincera preocupación hacia mí.
Ojala todo saliera bien. Ojala pudiéramos salir de allí. Cuando vi a Angost y Lothar embadurnarse de tripas humanas. Ver el sacrificio que hacían por nosotros; me acordé de Yasuo y el sacrificio que él un día también hizo.
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MensajeTema: Re: En tiempos de guerra   Sáb Mar 21, 2015 2:01 pm

Me desperte con un fuerte dolor de boca, lo veia todo confuso, pero poco a poco empezaba a recordar, un puño pequeño pero demasiado bien colocado. Escuche como ofrecian sus vidas al servicio del Comandante orco, a los cruzados maldiciendo a sus rivales, pero la carniceria duro poco tiempo, a los pocos minutos habian acabado con la vida de los cruzados. Escupi dientes, demasiados, aquella escoria iba a tener su merecido. Intente levantarme pero el dolor lo hizo imposible, asi que cuando terminaron de vomitar lo que se habian comido, mire directamente a Lothar y declare su sentencia.

Espero que hayas disfrutado del golpe, pues si salimos con vida de esta, no te esperara nada bueno, eso te lo puedo asegurar. Al cabo de decir esto me meti los dedos en la boca para sacarme el ultimo diente que quedaba colgando, nueve piezas en total. Todavia no tenia pensado cual seria su suerte cuando salieramos de aqui, pues la esperanza de vida era escasa. Busque algo de agua para enjuagarme la boca, todo aquel sabor a sangre me estaba dando nauseas, pero lo que mas nauseas me dio fue el olor a muerte que emanaba de los que acaban de entrar de la arena, Lothar y Angost estaban impregnados de las vidas de los cruzados. Era un espectaculo repugnante, pero parecia ser que iba a ser la unica solución posible para aquel problema.

No me gustaba la idea de convertirme en un orco, me repugnaba el estar rodeado de tantos, comprendia perfectamenete el plan, pero era superior a mi orgullo declarar tales palabras como ofrecer mi vida al servicio de los orcos, los odiaba profundamente, no traen mas que desgracias, tendrian que estar todos exterminados, la lastima era que no podia convertirme en una gran bola de fuego y quemarlos a todos, sueños de un imposible. Pero llegado el momento de salvar mi vida seguramente claudicaria en pos de esas alimañas, una treta para salir de esa trampa mortal.
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