Bienvenidos a la 6ª Edad de los hombres

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 Asuntos sucios

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kang
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MensajeTema: Re: Asuntos sucios    Jue Feb 27, 2014 8:29 am

Lothar se quedó mirando el botín. El oro resplandecía sobre lo demás. Era una cantidad enorme de dinero. Le dio miedo estirar los dedos y tocarlo.
- Es demasiado dinero.
Miró a cada uno de los allí presentes, parecía que ninguno se daba cuenta de las repercusiones que podía traer aquello.
- Si la mano se entera de que hemos ganado esta suma… primero pedirá explicaciones y luego nos colgará de una soga. No se pero todo esto se está complicando demasiado. ¡Maldita sea! No podemos gastar ese dinero, por lo menos no ahora.
Las monedas eran todas de oro. No había posibilidad de cambiarlas sin levantar sospechas. La red de la Mano lo cubría todo, si gastaban una sola de aquellas monedas la Mano estiraría sus dedos hasta cogerlos.
- Si queremos que el plan continúe como si hubiese salido a la perfección ya podemos olvidarnos del oro. ¡JODER! Para una vez que la suerte nos sonreía.
Le dio un manotazo al botín y el pergamino levantó un poco el vuelo. Los ojos rápidos del Tahúr se fijaron en él. Lo cogió sin reservas.
Era el plano de la antigua fortaleza sur. Donde una vez reinó la casa Tharbad, cuando la ciudad consiguió su independencia. La casa real pereció al completo cuando la fortaleza se hundió. Ahora asomaba como dientes podridos en medio del cenagal. Había una marca un tanto sospechosa en uno de las habitaciones. Luego reparó en la leyenda del mapa. Estaba escrita en el margen izquierdo en una lengua de bonita, ligera y antigua caligrafía.
- ¿Y esto?
- No se estaba junto al resto de cosas en la caja fuerte del herrero.
- Podríamos llevarle la leyenda a un erudito que conozco, Quizás nos diga lo que significa.
- Déjate de mapas, que le vamos a decir a Turgoll. Siento la soga al cuello y no tengo ganas de sentir su abrazo.
- Hemos quedado con Turgoll dentro de tres días en el signo del orco. Mas vale que tengamos muy claro lo que le vamos a decir.- Tyrok estaba enfadándose por momentos.
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Haral
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MensajeTema: Re: Asuntos sucios    Sáb Mar 01, 2014 12:08 pm

Ante todo yo siempre había sido pragmático. Morir por morir nunca servía de nada.
"No os preocupeis tanto. Diremos que el golpe lo dimos uno o dos días antes y punto. Nadie sabe qué día ibamos a cometer el golpe. Y respecto el oro no te preocupes. Le preguntaremos a Turgoll si podíamos quedarnos con algo extra. Y para no levantar sospechas, diremos que éso extra que queríamos quedarnos eran las espadas que nos llevamos. Si dice que sí, ya veremos si hablamos del oro. Si dice no, les daremos las espadas y punto."
No parecía que el resto estuviera conmigo, pero eso ya daba igual. Si alguno tenía otra opinión que la expusiera. Yo tenía el dinero y el medallón en mi faltriquera. Si no podía gastarlo en Tharbad, lo haría en otra ciudad.
Sin duda, el plano sería algo importante, y habría que conservarlo, al igual que la daga. Pero lo importante era el dinero. Con él se podían hacer muchas cosas.
"De todas formas estoy contigo. El dinero habría que esperar a gastarlo. Aunque nos cueste, hemos de ser fuertes y no gastarlo."
"Habría que avisar a Turgoll, y decirle que el asunto ya estaba concluido. Que no se ponga nervioso por el fuego, que el libro está a buen recaudo. O de lo contrario pensará que ha ardido como el resto de la herrería." comentó Angost. No parecía mala idea.
Todos me miraban. Tal vez el hecho de haber aparecido con én a la reunión me hacía de mensajero. El problema era que lo mismo me pedía explicaciones en ése momento.
"Puedo avisar yo, o podemos vernos antes de lo previsto, ¿qué os parece?"
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Ankalagorn
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MensajeTema: Re: Asuntos sucios    Mar Mar 04, 2014 9:23 am

A mi me parece bien...Ademas si no hubiesemos cogido todo este dinero se habria perdido entre las llamas, eso debe comprenderlo Turgol -Miro lo que mas le importaba en ese momento- A cuanto tocamos cada uno? Repartamos!


OFF: Cuanto dinero tenemos y sumado al del Herrero en su bolsita, que compartire gustosamente con Lothar, secretamente para que los demas no se lo tomen a mal...jejeje!
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Abdulfin
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MensajeTema: Re: Asuntos sucios    Mar Mar 04, 2014 7:05 pm

Eso eso, lo que es nuestlo es nuestlo, asi que mejol lepaltamos y mila, lo que le dilemos a Tulgol es eso, que el tlabajo ya estaba hecho antes del incendio, nosotlos lo hicimos el dia anteliol y que fue todo un exito, asi que debemos mantenel la calma y espelal al menos un pal de dias mas pala que no palezca sospechoso, yo no me cleelia que no hemos sido nosotlos si despues del incendio vamos coliendo a decilselo, nos vela la cala de mentilosos y no se como podla leac-cional, y me pondlia hecho una fulia, y como veo que nadie dice nada de esta pleciosidad de aqui en adelante dolmila conmigo.

Mientras decia esto la mano de Yasuo se alargaba lentamente para coger la daga y guardarsela entre sus ropas, no queria que nadie le viese con ese conducto a la carcel o a la pena de muerte.
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kang
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MensajeTema: Re: Asuntos sucios    Mar Mar 04, 2014 9:49 pm

Yauso fue estirando lentamente la mano…
- Hagamos las partes-
Rápido como si estuviese repartiendo una mano de cartas atrajo todo hacia sí. Con fluidez repartió siete montones. Sobraba una moneda. Lothar sonrió al oriental.
- Tocamos a siete monedas de oro, contando con la parte de la Mano. ¿Qué os parece si con esa moneda pagamos al erudito para que traduzca la leyenda del mapa?
- Si no es mala idea. - Tyrok asintió por el resto.

Con cuidado rasgó el mapa y se quedó con la leyenda y le tendió el mapa a Halaf. De pronto Yauso reparó en que la daga había desaparecido.
- Lothal ¿y la daga?
- Daga, ¿qué daga?- El tahúr se encogió de hombros como si tal cosa.- Dentro de dos días nos vemos en el almacén abandonado cerca de la casa de Hoewar. Si os parece bien Halaf puede guardar las partes de Turgoll y la Mano. Hora de irse.
Salieron de la pocilga de Yauso. El naranja resplandecía e la oscuridad de la noche de Tharbad. El incendio tardaría en apagarse, pero eso no preocupaba a las ratas de la ciudad.

DOS DIAS DESPUES.

Turgoll tardaba en aparecer. Ellos hacía rato que esperaban y eso no le gustaba a ninguno. La ciudad trataba de recuperarse del incendio, según las autoridades parecía que había sido provocado. Si encontraban a los culpables era más que probable que acabasen en la Mazmorra para siempre, la soga era un castigo más suave. Arleg el capitán de la guardia de la ciudad estaba que echaba chispas, el Regente de la ciudad le estaba apretando las tuercas. No faltaba mucho para el torneo de cetrería de la ciudad. Ese torneo era el más importante de toda la Tierra Media, y atraía a personalidades de todo el mundo. Así como importantísimos ingresos para la urbe. Este desastre podía deslucir y reducir el impulso de las fortunas del mundo por dejarse caer por allí. Y eso que la cosa estaba calentita, ya que Dratha, el líder del gremio orco de la propia ciudad, era el ganador de los dos anteriores torneos con su halcón Sombra Blanca. Nunca en la historia de la ciudad había ganado un orco. La emoción estaba servida.

La puerta se abrió con un chirrido, las viejas y oxidadas bisagras necesitaban aceite.
- Hola. – Fue escueto y parecía tener cara de pocos amigos. – Solo os lo preguntaré una vez. ¿Habéis sido vosotros los que prendisteis el fuego?


Out Roll

Uno de vosotros ha de responder y tendrá que tirar por mentir, actuar o similar. Turgoll tirará para ver si mentís o no… Suerte
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Ankalagorn
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MensajeTema: Re: Asuntos sucios    Jue Mar 06, 2014 9:41 am

A ANgost King no le gustaba hacer esa clase de trabajos; es decir, si le gustaba, lo que no le gustaba era hacerlos como lo habian hecho: con victimas de por medio. Angost era un ladron, un estafador, un rufian...pero no un asesino. Angost no usaba sus armas si no era estrictamente necesario, pero habia que dar un voto de confianza al grupo; si Halaf habia prendido fuego, fue porque no habia otra opcion; si habian habido victomas habia sido sin duda, un horrible accidente. Nadie queria que hubieran victimas y Angost el primero.

Angost-King intento la clasica accion de los magos: desviar la atencion, mientras hacia su truco:- Turgol... Buenos dias...-Le hizo una reverencia, como era habitual en el- creo que ya va siendo hora de que me digas lo que habia en aquel saquito, no? ...-La cara de Turgol se mostro mas irritada aun si cabia, el desvio de atencion habia surtido efecto- JAJAJA! no en serio!... para que ibamos nosotros a prender fuego?! Lo nuestro es robar, no ir prendiendo fuegos cual piromanos locos... que necesidad teniamos de hacer eso, si debia de ser un trabajo discreto?PIENSALO!!-Puede que aqui Halaf se sintiera avergonzado, pero no debia mostrarlo y menos delante de Turgol, que era un perro viejo y se las sabia todas- Nuestro trabajo estaba ya hecho...el dia antes...fue una suerte que no nos pillara aquel fuego alli...si llegamos a posponer el plan un dia... que habria sido de la mision? Se habria quemado todo lo que encontramos -Aqui entro el otro "desvio de atencion", al mostrar el verdadero tesoro de aquella mision: todo lo que habian encontrado en casa del herrero.



OFF: espero que mis tretas y trampas de la conversacion tengan efecto y por ello me bajes la dificultad o me des algun positivo jejeje. HAgo tiradas de Actuar. http://sextopalio.forosactivos.net/t153-tiradas-de-angost#2456
esperemos la benevolencia del DJ y me de muchos positivos jeje
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MensajeTema: Re: Asuntos sucios    Vie Mar 07, 2014 6:02 am

El discurso de Angost King parecía tan real que cualquiera se lo hubiese tragado. Pero Turgoll no era n cualquiera, era el mentiroso entre los mentirosos.
- Buen intento chico, pero eso no me lo trago. Malditas ratas, la habéis cagado a base bien.
- Turgoll nosotros no tenemos nada que ver. Dimos el golpe antes.
- ¡No me mientas muchacho….!
La habitación estaba en penumbra. Pero todos podían ver la cara de Turgoll. Se paseaba arriba y abajo como un león enjaulado.

- Sois unos idiotas. Teníais que hacer un trabajo limpio y por poco le prendéis fuego a la ciudad. No sé porqué no os liquido malditas ratas. La Mano está muy enfadada, este no es su estilo.
Sus ojos, inyectados en sangre se clavaron en cada uno. Ninguno de ellos había visto al viejo truhan en ese estado, daba miedo.
- No os extrañe que una mañana aparezcáis colgados de una soga con la marca de la mano en el pecho. Dadme lo que robasteis de la herrería y largaos de aquí no quiero volver a veros. Si nuestros caminos se cruzan aunque sea por la más mínima casualidad daos por muertos.

Un año más tarde.

La vida en Tharbad, sin un padrino como Turgoll, se había vuelto peligrosa. Los golpes, siempre de poca monta, eran una temeridad. Si la Mano se enteraba podían darse por colgados, pero el hambre arreciaba y el estomago no entendía de leyes no escritas. Cada hurto era una hazaña en el camino de la supervivencia diaria.
Halaf  se las arreglaba como podía jugando a las cartas en antros de mala muerte disfrazado de marinero los sábados por la noche, cuando los barcos vomitaban cantidad de marineros. El Ancla Dorada y el Venado Desollado eran sus locales preferidos.
Yauso seguía haciendo su espectáculo en la plaza del Rey. Había tenido algún que otro problema con Bardo. El juglar, a pesar de ser contratado por las mejores familias de la ciudad seguía tocando en la calle. Su voz era la envidia de los ruiseñores pero odiaba que le hicieran sombra. Y Yauso aunque no rivalizaba con ese particular dios era una espinita que el juglar no soportaba. Al final, el oriental, cambió a una plaza menos concurrida por propia seguridad. Bardo le había “sugerido” que fuera a molestar a otro lugar, no fuese a ser el último día que diese volteretas y se partiera el cuello.
El oriental, pasó una temporada realmente mala, pensó incluso en trabajar como estibador en el puerto. Pero la idea no le hacía gracia él era un “artista”.
Por su parte, Angost King malvivía de las pocas bolsas que se atrevía a robar en las horas más oscuras. La violencia no entraba en su modus operandi pero en alguna que otra ocasión tuvo que refugiarse detrás de su daga para salir indemne de situaciones no deseadas. La noche escondía gatos negros y perros malos. Mala hora para las sucias ratas.
De Lothar y Tyrok no supieron nada, parecía que se los hubiese tragado la tierra. Al menos ninguno de ellos los vio colgados de una soga con la maldita marca. Aunque eso no significara que no hubiese ocurrido.
La cosa estaba tan mal que por todos pasó la idea de emigrar de Tharbad. Pero uno no podía ser el rey de los ladrones sin triunfar en la ciudad del pecado. Todos querían la corona que ostentaba “el Manco” la leyenda que pasaría a la historia como el mayor de todos los ladrones. Nadie conocía su rostro pero todos conocían sus fechorías, su valor y su ingenio. Esa corona invisible que todo ladrón que se preciara de ello ansiaba y que la leyenda del “Manco” no soltaba.  Renunciar era fracasar y ninguno de ellos quería, pero la cosa estaba realmente mal.

Halaf  se sorprendió cuando se encontró con el Tahúr. Estaba sentado en la mesa y cuando Lothar reparó en él le sonrió con su pícara sonrisa. Le faltaba un diente tras el  colmillo. Halaf no quiso preguntar.
- Una partida; quien sabe lo mismo te acompaña la suerte.
El Rubio, como se le conocía al rohir, estuvo tentado. Era buen jugador pero Lothar tenía una habilidad especial para sacar cartas de donde no las había, le hubiera gustado saber donde había aprendido a hacer su magia. De pronto una carta, la dama de corazones, apareció en sus dedos jugueteando con cada uno de ellos.
- No gracias, no tengo mucha liquidez.
- Sabes que eso no es problema conmigo…
El rubio se sentó. La niebla parecía perpetua en ese lugar, así como la penumbra y el mal olor. El mundo podía cambiar pero el Signo del Orco seguiría inmutable hasta que los hielos del Forchel se derritieran.
Yauso apareció un poco después, sus extraños zapatos de manera lo anunciaron antes de aparecer entre el humo.
- Buenas, palece que nos volvemos a encontlal.
- Hola oriental, como te va con tu espectáculo.
- Podía il mejol, da de comel.
No tardó en aparecer Angos King, su cara había adelgazado, pero su modo de caminar, así como su sonrisa de príncipe seguían intactos.  
- Hola muchachos, parece que el tiempo no pasa por vosotros.
Se sentó con elegancia, haciendo volar  su sucia capa antes de que sus posaderas se acomodaran a la silla.
- Parece que Turgoll nos ha perdonado, al fin.
Fue todo lo que dijo antes de que entre el humo apareciera el hurón de Turgoll.
- Valla aquí están mis ratas…
- Hola Turgoll.
- Dejaos de mierdas, por vuestra culpa casi pierdo el cuello. Vallamos al grano tengo un trabajo para vosotros. No va a ser fácil, no os va a gustar, pero es vuestra última oportunidad de entrar en la Mano. Esto será vuestra redención ante el gremio o vuestra muerte.
Sus palabras sonaron funestas. Todos se quedaron esperando, el hurón de Turgoll había dejado una pausa a conciencia.
- Todos conocéis al líder del gremio mercenario orco, ¿no?
Todos contrajeron el gesto. Toda la ciudad conocía de sobra al aplasta cráneos.
- La misión es sencilla, al menos la primera parte. Tenéis que entregar esta carta al uruk hai. La carta dice que tiene que dejar tranquilo a Hidryl. Por lo visto El aplasta cráneos tuvo un problema con él. Le compró un caballo que partió un colmillo. Sus orcos hostigan su cuadra y no deja que le lleguen suministros desde el puerto. Esas actividades han de cesar. Vosotros seréis los encargados de llevarle el mensaje en persona. Yo os aconsejo que valláis disfrazados.
- - ¿Y la segunda parte?- Angost King no se arredró así como así. Sabía que el Uruk Hai no les mataría si iban como emisarios de la Mano.
- La segunda parte ya os la comentaré. Eso si cuando entréis en el “Palacio Orco” tendréis que hacer un mapa mental de todo el recinto, así de cómo dispone los guardias y demás. Dibujad en vuestro cerebro de mosquito cada detalle de la plaza fuerte orca, lo necesitareis.
Turgoll dejó la carta lacrada con el sello de la mano encima de la mesa. Y se fue como había venido, envuelto en el humo, una sombra en la nada.


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Haral
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MensajeTema: Re: Asuntos sucios    Vie Mar 07, 2014 6:41 pm

Turgoll se levantaba cuando Halaf le retuvo.
"¿por qué he de ir disfrazado?¿y disfrazado de qué? y lo más importante ¿cuál es la segunda parte del plan?. Puede que no lo creas, pero había pensado incluso en irme de esta ciudad. No aceptaré algo que pueda empeorar aún más mi situación. Recuerda que soy un hombre desesperado. Y un hombre desesperado puede hacer cualquier cosa"
Esperé que las palabras calaran en él. Claro que aceptaría la misión, pero no quería sorpresas. La última vez todo se había ido al garete por una sorpresa inesperada, pero contaban con toda la información desde el principio. Ahora que solo contaban con parte..........la cosa podría salir más ruinosa aún.
Sé que a él no le importaba nada más que su cuello. Pero yo aún escuchaba lamentos por las noches, y soñaba con gente en llamas.
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kang
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MensajeTema: Re: Asuntos sucios    Sáb Mar 08, 2014 8:25 am

Turgoll miró a Haral a la cara.
- Disfrazados para que no os reconozca si os viese por la calle. o id así como vais, es vuestro pellejo. y la segunda parte no te la puedo decir ahora, no depende de mí sino de Dratha, el aplasta cráneos, si se viene a razones, no hará falta que entréis en acción, rezad por ello. Ahora, Halaf, me voy. Entregad el mensaje mañana por la mañana. Por cierto aquí tenéis algo para los gastos.
Una bolsa cayó encima de la mesa.
- Os recomiendo que no os lo gastéis en putas y vino. Puede que os haga falta material. Mañana por la noche nos vemos aquí.

Turgoll se disipó en el humo.
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MensajeTema: Re: Asuntos sucios    Sáb Mar 08, 2014 5:23 pm

Cuatro monedas de plata para cada uno. Éso era lo que había para gastos. O se dejaba en un fondo común o no harían nada de nada. Pero ¿quién se quedaría con la bolsa? No me fiaba de nadie. En el momento de reclamar el dinero para continuar con la misión, cualquiera de ellos podría poner cara de circunstancias y decir que no quedaba nada. Y lo peor era que yo no era la excepción. Sabía de mis debilidades. De mis carencias durante estos últimos meses.
"Sería mejor no hacer reparto. Si de verdad tenemos que comprar material, no nos dará mucho con cuatro monedas por cabeza."
"¿Y quién se quedará con la bolsa?" preguntó Lothar.
"Tyrok" el nombre me salió de repente, pero era éso, o ver cómo la rapidez de manos de Lothar o Angost, se hubiesen cernido sobre la bolsa, y entonces alguno lo habríamos impedido. Y el siguiente paso sería un lucha por cuatro monedas entre cinco perros hambrientos, y estaríamos como hace un año después del fatídico incendio.
"Otra cosa ¿conservaís todos vuestros aceros?" me refería a nuestras dagas. Sabía que dónde nos metíamos nos registrarían. Y que aunque no fuese así, cinco dagas contra lo que allí se guardaba era muy poco. Pero mejor muy poco que nada.
Interpreté el silencio como que así era.
"Bien. Pues memorizar aquello no será dificil. Lo que deberíamos planificar, por nuestra buena salud, sería un plan de huída si la cosa se tuerce. También algunas respuestas ante lo que nos puedan objetar, como que le demos la carta a un esbirro o que nos quieran vendar los ojos. ¿qué decis?"
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MensajeTema: Re: Asuntos sucios    Sáb Mar 08, 2014 8:35 pm

- El dinero cógelo tu Haral, yo me fio de ti. En cuanto a lo de planificar estoy de acuerdo. Pero no creo que la cosa se tuerza de momento. Dratha, el aplasta cráneos no es tonto, no matará a emisarios de la Mano, por su propio bien. Te olvidas Haral que quien gobierna esta ciudad no es el senescal, es la Mano.
En cuanto a lo de disfrazarnos conozco a un sastre que nos alquilará unos trajes a buen precio, ya he hecho algunos tratos con él y nos dejará ropa a buen precio. Pero pensad. Si Turgull quiere que vallamos nosotros será por algo, y ese algo requiere de hombres con nuestras habilidades. Una carta y una explicación la puede dar cualquiera. A nosotros nos quiere porque el Uruk no va a entrar en razones así como así. Y seguramente Turgoll quiere que entremos más adelante en el palacio orco. Ese hurón trama algo.
El verdadero problema es el hermano de Dratha, Garz ese maldito engendro tiene un olfato endiablado, es capaz de oler a un hombre y distinguir su olor en kilómetros, no le llaman el rastreador por casualidad, si entramos allí hemos de camuflarnos ese aspecto también. Lo bueno de Garz es que es un jugador empedernido, le encanta apuntarse a partidas clandestinas, es un muy buen jugador y un tramposo como pocos. cuando entremos por segunda vez y tened por seguro que volveremos hemos de sacar de allí a Garz antes de entrar
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MensajeTema: Re: Asuntos sucios    Dom Mar 09, 2014 12:09 pm

Todos sabíamos que había una segunda incursión. Ésa era la que nos preocupaba. Pero lo que apuntaba Lothar respecto al olor era cierto. Es más era el tipo de cosas que podríamos planificar con antelación para no llamar la atención.
"Lo del olor está claro. Nos untaremos con cosas que apesten. Pescado, o incluso pan recien hecho. La cuestión es algo que enmascare nuestro olor. Respecto si deberíamos apestar todos a los mismo...no sé....¿qué podría ser más sospechoso?¿que apestásemos todos a pescado, o que cada uno tuviera un olor distinto? Eso es una de las cosas que tenemos que decidir"
Puestos a pensar mal y a planificar con antelación, tenía que proponer otra idea que me costaba plantear
"Habeis pensado que tal vez no deberíamos ir todos a entregar la carta. Así tendríamos gente en la reserva para cualquier emergencia, o por si nos pillan, que no coincida el número de los mensajeros con el de los asaltantes. Contando siempre, que si todo sale bien, en el segundo asalto será Lothar o yo quienes entretengamos al engendro de Garz en una partida de cartas"
Aunque lo había propuesto yo, no me gustaba la idea. La última vez que el grupo se separó yo tuve que tomar una decisión que resultó fatídica. Y ahora no me encontraba aún con fuerzas como para tener que tomar otra decisión si la cosa se torcía. Pero éso no podía dejar que nadie lo viera.
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MensajeTema: Re: Asuntos sucios    Lun Mar 10, 2014 12:48 pm

Al rededor de la mesa todo eran elucubraciones. Maquinaciones en susurros para evitar oidos indiscretos. Se intentaba evitar decir nombres. ¿Había alguien en la ciudad que pudiera ayudarnos? Al resto no sé, pero a yo conocía alguna gente. Miraba el fondo de mi vaso, hasta que me dí cuenta que el vaso que estaba viendo, no era el que tenía delante de mí. Era otro. Similar. Parecido. Pero un vaso de hacía casi un año.

Habían pasado dós días desde la visita de Turgoll. Cada uno había ido por su lado. Sabía que en cada esquina la amenza de la muerte acechaba. Pero yo no iba a esconderme como un animal. Había dos opciones. O huía de la ciudad....o la que realmente tomé.
Me dirigí a un lugar escondido en el barrio perista. Ya conocía aquel lugar. Si querías deshacerte de algo robado, ése era el sitio.
Mandroc, el "tendero" no pareció muy sorprendido por mi extraña petición. No era ningún objeto, si no cuatro de monedas de oro. Las palabras sobraban. Sabía que ésas monedas serían conocidas por su dueño en la ciudad. El las cambiaría con algún mercader que se las llevaría lejos. Pero nada en ésta ciudad era gratis.
"Te daré cinco piezas de plata por cada una"
Me erguí para que viera no estaba de acuerdo. El regateo era algo cotidiano en Tharbath.
Tras un instante en silencio y quietitud por mi parte añadió. "Séis. Séis piezas por cada una"
"Sabes que puedes darme al menos ocho piezas por cada una"
Mandroc se irguió también y sentención "Te daré veintiséis por las cuatro. ¿Lo tomas o lo dejas?"
Me fuí directo al burdel. Si me iban a matar que al menos mis últimos días fueran memorables.
Dos días me duró la plata. Absolutamente borracho, y después de haber fornicado como si no hubiera mañana, mi cuerpo lo que pedía era alimento y descanso. No me podía creer que aún siguiera con vida.
Me adecenté como pude. Me lavé. Tomé el camino al puesto de Mandroc de nuevo. Increiblemente me quedaban dos piezas de oro. No sabía donde estaba la que faltaba, pero no me preocupaba. Mi amuleto seguía allí......y aquel medallón de plata y bornce.
Al llegar al antro de Mandroc y nada más entrar, comprobé que no había nadie. Puse las dos piezas de oro sobre el mostrador y dije lo más firme que pude
"Sin regateos. Ocho piezas de plata por cada una"
Mandroc me miró y sonrió. Contestó "Sin regateos. Trece piezas de plata por las dos"
Salí de aquel antro con quince piezas de plata. No había salido tan mal parado después de todo.
No tomaba precauciones. Al contrario. Cerraba los ojos al caminar. Notaba el sol en mi piel. Respiraba el aire fresco con intesidad. Que fuera rápido era lo que pedía.
Durante el camino había escuchado que un sitio la gente aportaba dinero, madera, víveres, etc, todo para las pobres gentes que habían perdido sus casas o familiares por culpa del incendio. Durante éste tiempo ni me había acordado del incendio, pero la ciudad no hablaba de otra cosa. Llegué al lugar y deposité trece piezas de plata. "Para la gente del incendio"
"¡Bendito seas hijo!" escuchaba en la lejanía mientras me alejaba.
Nada me importaba. Iba a morir y estaba tranquilo. No había dejado el dinero para ganarme el cielo o evitar el averno. Me sentía responsable y tenía que hacer algo para paliarlo. Si hubiera podido, habría vuelto atrás en el tiempo y no habría usado fuego alguno.
Mi siguiente parada era la fonda de Vielf. Lo conocía de mis años en el hospicio. Allí servían la mejor comida que podía haber disfrutado nunca. Y por supuesto, comí y bebí todo lo que mis dos piezas de plata me pudieron proporcionar.
Ahora ya estaba casi todo hecho. Enterré cerca de una tumba del hospicio de mi niñez, mi amuleto, el colgante y mi daga. Después me dirigí a una plaza en la que me gustaba tomar el sol de niño. Allí bajo un árbol, me tumbé. Y mientras notaba el sol nuevamente en mi piel me dormí, esperando no despertar por alguna cuchillada furtiva.

El frio de la noche me despertó. Algo pasaba. Empecé a comprender que tal vez mi vida había sido perdonada. Debería haber guardado algo de dinero. Desenterré mis pertenencias y comencé a pensar qué hacer. Ésa época fue durísima. Una semana estuve sin comer. Esperé al día santo. A la salida del templo siempre había gente rica con buenas bolsas que cortar.
Así fue. Ví a mi víctima. Esperé a que los niños se acercarán a pedir limosna. Me acerqué por detrás. Agarré su bolsa con la izquierda y con la derecha corté el nudo que la agarraba al cinturón. Era pesada. Un buen botín. Me veía cenando copiosamente y disfrutando del vino y de alguna mujer. Me alejaba tranquilamente, cuando en un callejón apareció ante mí un hombre. Miré hacia atrás y había otros dos. Oculté mi botín y agarré la daga sin que nadier la viera, oculta bajo la manga.
"Tranquilo. No vas a usar éso. Vengo a coger la parte que le corresponde a la Mano. De "trabajito" que acabas de hacer". Ahí iba a ser. Cuando les entregase la bolsa, me acuchillarían. Envainé mi daga y alargué la bolsa. Tensé los músculos esperando la puñalada. Pero el hombre cogió la bolsa con tranquilidad y se dió la vuelta
"Te llevas toda la bolsa" No era una pregunta era un obviedad estúpida.
"Te dejo toda la vida" aquello era una amenaza a medias. Me quedé mirandolo. Seguramente con la cara de tonto más grande que hubiera visto aquel rufián en su vida, pues con una sonrisa divertida añadió "Si tu último trabajo hubiera sido tan limpio como éste. Ahora no estarías llorando por una migaja como ésta" dijo enseñando la bolsa que acababa de robar.

"¿Tú que opinas?". La pregunta de Lothar me sacó de mis recuerdos.
"No sé. No estaba escuchando. ¿Que habeis dicho?"
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MensajeTema: Re: Asuntos sucios    Miér Mar 12, 2014 9:12 am

- Bien amigos; el plan debe ser algo mas sencillo para mi mente, al menos. No creo que debamos entrar apestando a mierda o a pescado podrido.Primero porque ese orco sabria que ese olor quiere camuflar otro olor, si no es tonto; ademas sabria que La Mano no mandaria a alguien asi a negociar... yo lo pensaria si tuviera esa capacidad o don. Segundo, porque estoy harto de oler a todo eso que dices, amigo Halaf. Esos olores son los que llevamos en nuestro cuerpo diariamente. Propongo un disfraz que nada tiene que ver con nosotros. Compraremos pelucas y disfraces que sean de clase normal-alta. EWn lugar de ensuciarnos en mierda, haremos lo contrario, algo a lo que no estamos acostumbrados... nos daremos un buen baño y oleremos bien. Es el mismo plan, pero haciando cosas agradables en lugar de hacer algo asqueroso. Una vez acabado el plan, nunca volveremos a opler tan bien como ese dia.
Entraremos 2. Otro y yo. No tiene que sentir, que hemos ido para "obligarlo" a cumplir la Ley de La Mano, ni para intentar intimidarlo. Sabra que si queremos pelea, habriamos mandado a mas gente y ese no puede ser el caso. Se podria sentir ofendido o molesto si vamos asi, de hecho yo dejaria a Halaf fuera, ya que su tamaño y fuerza puede llevar a engaño, aunque si entramos solo 2, podria entrar sin problema, la cosa esta en que no se vea como el guardaespaldas maton, que puede aparentar. Tenemos que ir sin armas para que piense...que cojones tiene La Mano al mandar a unos hombres asi y que cojones tienen ellos!
Dejaremos fuera, a la vista de la guardia de la puerta a nuestros otros 3 hombres, para que sepan que en caso de que los de dentro no salgamos, facilmente podran huir, para dar parte a La Mano. Esa sera nuestra "intimidacion".

Que os parece?

Estaba harto de vivir como las ratas. Cuando escucho lo de oler a pescado podrido le vino a la cabeza este ultimo año, donde no habia hecho otra cosa que apestar a pescado podrido y a mierda de pocilga. El ya podria estar dentro de la organizacion. Habia hecho bien su trabajo, pero el grupo la habia cagado y tuvo que malvivir ese ultimo año. Incluso se le ocurrio pasar por casa, para pedir ayuda a sus padres, pero su madre le cerro la puerta en las narices, le habia llegado a los oidos rumores de mis "talentos" poco honorables. Afortunadamente para mi, mi padre se escapo a hurtadillas y me dio algo de bronce y pan, con lo que pude seguir malviviendo un tiempo mas. EL negocio no iba del todo bien. Los turistas y comerciantes sabian bien de la fama de Tharbad y acudian bien precabidos a la ciudad, por lo que era poco lo que scacaba con mi ejercito de ratas y menos lo que me dejaba La Mano para mi. Afortundamente Turgol volvio a aparecer en mi vida. Fue una alegria aquella mañana cuando me llego el mensaje, aquella reunion podia volver a cambiar mi vida.
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MensajeTema: Re: Asuntos sucios    Miér Mar 12, 2014 1:11 pm

"¿Tú qué opinas?"
El plan era oler bien y disfrazarnos. Nunca volveríamos a oler así. La verdad es que me parecía bien.
Mi parte. Quedarme fuera y comprobar ventanas, alféizar, puertas, etc. Sería difícil cometer un gran error.
"Me parece estupendo. Además creo quién podría conseguirnos los perfumes"
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MensajeTema: Re: Asuntos sucios    Miér Mar 12, 2014 1:57 pm

Lo recordaba bien. Ahí sentado en la mesa.
Tras haber tenido el primer encuentro con los matones de la La Mano, tuve que malvivir buscando comida en la basura. Mi cuerpo se resintió bastante. Adelgacé muchísimo. Y en la basura solo encontraba cebollas y nabos podridos. Lo que aumentaba mi mal olor y aliento, algo que nunca antes había tenido.
Corté un par de bolsas más. Y todas ellas se las quedó la Mano. Empezaba a sentir ésa cara, ésa voz, siempre a mi lado. Cuando orinaba, cuando me despertaba...miraba para todos lados esperando encontrármelo con su sonrisa perversa.
Una mañana me situé en una plaza para hacer el truco de la carta oculta. Tres cartas boca abajo. Se movían, y el que adivinara donde estaba el rey ganaba. Por supuesto, el rey desaparecía en cuanto yo daba la vuelta a las cartas. Pero tal vez por mi presencia, tal vez por la escasez de dinero, no saqué mucho. Algún cobre que otro. Pero algo es algo. Para mi desdicha, llegó la guardia y tuve que huir a toda prisa, dejando que mi botín saltara al suelo y se perdiera.
Esa tarde pregunté en una panadería cuanto costaba una hogaza de pan. Con dos monedas de cobre podría tener pan, queso y algo de beber. Ése era ahora mi objetivo.

Al día siguiente repetí la operación. Antes del medio día tenía tres estaños, tres cobres y una pieza de bronce. Estaba exultante y decidí no tentar más a la suerte. Cogí mis ganancias y me dirigí a la panadería. Estaba ya casi en la puerta cuando apareció mi peor pesadilla con ésa sonrisa en la cara. No hice nada. Dejé que se acercará y extendí mi mano con mis ganancias. Nunca antes había sentido algo así, era rabia. Era tristeza. Era desesperación. Era odio. Era una mezcla de todo, pero solo sé que estaba a punto de llorar. Bajé la cabeza. No quería que viera mi derrota en mis ojos.
"Yo no soy tu enemigo. Solo hago mi trabajo"
Cuando alcé la vista, la moneda de bronce había desaparecido, pero el cobre y el estaño seguían allí. Mi alegría fue inmensa. Ese día comería.
He de decir que desde ése día mi vida mejoró. Pero para no llevarnos a engaño, la mejora fue pequeña pero palpable. Digamos que dejé de estar inmerso en mierda, para estar solo manchado de mierda.
Acudía cada vez que podía a ésa panadería y a la tienda de alimentación de al lado. Allí compraba pan, y cuando podía queso, cebollas tiernas, huevos.
En la panadería, a veces, encontraba una muchacha joven. O por lo menos más joven que yo. De ojos verdes y tez pálida. Pelo rubio como el mio. Bueno, como el mío no. El suyo era limpio y brillante, y olía de una forma que me hacía olvidar la mugre que me acompañaba y me atrevía a cruzar palabras con ella.
No sé si era timidez, miedo o lo que fuese, pero ella no respondía con palabras, solo con leves sonrisas.
Un día, antes de ir a mi paupérrima compra, decidí adecentarme un poco. Me lavé en la fuente de una plaza y limpié como pude mis ropas ajadas. Cuando estuve seco, me acerqué a la panadería. Compré media hogaza de pan. La tendera me sonrió, pero no dijo nada. Yo tampoco me sentí con fuerzas para nada. Pues de nada había servido mi esfuerzo.
Cuando ya estaba en la calle una voz me sobresaltó en la espalda
"Solo te falta una cosa"
Me giré esperando encontrarme aquella malévola sonrisa de matón. Pero en lugar de ello, me encontré ésos ojos verdes que me perdían.
"Acompáñame"
La seguí sin importarme a dónde me llevara. Me llevó a un puesto pequeño. Allí una anciana nos miraba complacida. No pasé por alto las miradas que se echaban la una a la otra y ésas sonrisas.
"Hola Mara. Este es el chico del que te hablé. ¿No parece un príncipe?" No había sorna ni ironía en sus palabras
"Si. Pero debería oler como tal" La anciana sacó un frasco pequeño y me echó unas gotas. Después me entregó el frasco. Era perfume y olía muy bien.
Así y con un beso en la mejilla en la puerta de aquél puesto, nos despedimos Claudia y yo.
Ésa noche soñé con ella. Un sueño que me ha atormentado hasta el día de hoy, junto con los gritos de dolor por el fuego. En el sueño Claudia se entregaba a mi como mujer. En cuanto lo hiciéramos seríamos felices y viviríamos juntos los dos. Pero antes de que pudiera hacer nada, el esbirro de la Mano aparecía para pedir su parte. Era como si nada en ésta vida pudiera ser totalmente mío. Me desperté asustado y recordé lo último que me dijo. Que él no era mi enemigo. Que solo hacía su trabajo. Tenía que pensar en éso. O me volvería loco. Claudia era la razón por la que no abandonaba esta maldita ciudad y me marchaba.

Necesitaba ingresos y rápido. Así que si no podía robar haría lo otro que mejor se me daba. Jugar a las cartas.
La primera noche me fue muy bien. Comencé la noche con una moneda de bronce y la terminé con diez. Solo para mí. Pensé que al día siguiente me podría comprar ropa nueva. Pero en la salida de la taberna me esperaba mi pesadilla, mi horror. Antes de que pudiera hacer o decir nada, dijo
"Acompáñame"
Lo seguí hasta un callejón. Pensé que ahora me llegaba la hora, ahora que no quería morir, ahora que quería vivir. Nos encontramos de bruces con un hombre que parecía huir de otros dos. Los dos compañeros de mi pesadilla. El hombre también había molestado a la Mano. Mi pesadilla viviente sacó una daga. El hombre una espada corta con una sonrisa de satisfacción. El esbirro de la Mano sonrió aún más y dijo
"El tamaño no es importante". Lanzó una cuchillada que cortó a su oponente pero no de forma mortal. El hombre lanzaba tajos y estocadas, pero el esbirro lo esquivaba bien. Muy bien. De hecho no hacía nada por devolver los golpes. Pronto el hombre empezó a jadear y el cansancio parecía poder con él. No lo entendía, no había pasado tanto tiempo. Pero entonces el hombre comenzó a toser de una forma muy fea. A continuación empezó a echar espuma por la boca y el esbirro le repitió
"El tamaño no es importante" La hoja estaba envenenada.
"Y ahora tú" Dijo dirigiéndose a mí, y ahí pensé que me tocaba morir, pero sabía que la hoja estaba envenenada, solo tenía que esquivar "tus ganancias. La Mano quiere su parte"
Así que solo era éso. Le extendí las ganancias, y me dejó solo con dos piezas de bronce. Me quedé muy decepcionado. Pensé incluso en expresar una protesta, pero antes de que hablara, me dijo.
"Piensa que hoy has duplicado tus posesiones. Y sigues vivo. Es para dar las gracias" Me dí cuenta que no era una amenaza, me estaba dando una lección. No sé cómo, pero hasta comprendí que él mismo había pasado por una situación como la mía. Ya se marchaba, y su compañeros se llevaban el cadáver de aquel pobre desgraciado que sin duda estaba peor que yo. Se agachó y le cortó la bolsa al muerto. No era abundante. Pero se giró hacia mí, me miró y dejó caer la bolsa al suelo
"Para que nadie diga que Valaf no es generoso, ni tiene compasión"
Un bronce, cinco cobres y nueve estaños. Yo el que una vez poseyó siete piezas de oro, ahora veía aquello como un tesoro. Pese al haber perdido nueve piezas de bronce, me sentí feliz. Y me marché a mi escondite como aquel día en que creí morir. Respirando y disfrutando de la brisa nocturna.
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MensajeTema: Re: Asuntos sucios    Miér Mar 12, 2014 9:50 pm

- Entonces repasemos el plan. Vosotros dos os encamináis hacia el Palacio. Halaf se queda en la puerta. Seguramente os cachearán. Angost entrega la carta.

Y espera la repuesta de Dratha, el líder del gremio.
El mensaje de la carta era:
Que dejara que los suministros que necesitaba su cuadra  pasaran la aduana. Hidril, dueño del semental, consideraba saldada la deuda del pura sangre que mató el Uruk, cuando el semental le dio una patada y le rompió un colmillo en una dudosa inspección.
     Reza para que no te pase nada.
¿Y los demás que hacemos?
- Estar por allí no me parece prudente. Estáis solos chicos.- Tyrok no se andaba por las ramas.

Lothar dejó que hablasen. Él estaba jugando con la dama de corazones. Dándole vueltas con los dedos. Sus dedos si, su mente no. Estaba tejiendo
< ¿sería el momento de dar un buen golpe? Uno bueno. Tengo la gente, tengo la oportunidad. Pero…
De todas formas hay que esperar...

- ¿Cuando lo hacemos?- la dama despareció de los dedos.
- Halaf y Angost os encargáis de equiparos, el resto intentaremos dibujar rutas de escape del Palacio orco.


Calló en el jergón rendido. La cabeza le daba vueltas.
- ¿Estás bien?
- Si no es nada. ¿Que haces despierto?
- A mi edad ya no se duerme mucho. sobrino.
- Déjate de monsergas. y a dormir
Se levantó y acostó al yayo, le tapó.
- ¿Como estás?
- Viejo. - Sonó tajante y un tanto agrio.
- Sabes, tengo un buen golpe.
-Y ¿de que se trata?
- Cartasss. - Lothar sonrió. Le levantó la cabeza al viejo y le puso la almohada debajo.

El viejo se quitó la almohada de debajo de la cabeza.- Quítamela, no puedo respirar con la almohada. Bueno ¿Y quien es el memo?-
- Garz, el rastreador.
- Te matará.
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MensajeTema: Re: Asuntos sucios    Vie Mar 14, 2014 4:45 pm

El plan ya estaba trazado. Angost y Yauso se internarían en la guarida. Tyrok, Lothar y yo nos quedaríamos en las afueras comprobando las zonas exteriores.
De camino a mi agujero, recordaba cómo había llegado allí. Cómo había aceptado todo aquello. Y cómo no me retractaría por nada.

Durante mucho tiempo, tras el encuentro en la posada, pasé hambre y necesidad. Pero estaba feliz. Cláudia estaba conmigo, y cuando podía se escapaba y paseaba conmigo. Hablábamos. Durante ése tiempo no hubo golpe que la mano no reclamara su parte de forma abusiva. A veces Valaf me visitaba el mismo día del golpe. Otras veces pasaban uno o dos días. Pero la Mano siempre venía. No sabía cómo lo sabían, pero siempre se enteraban.
Pero a mi me bastaba con mi pequeña parte y los besos de Cláudia. Llegué incluso a pensar en preguntarle a Valaf qué ocurriría si decidiera dejar de robar o jugar. Si me dedicara a trabajar y nada más ¿la Mano me dejaría en paz?.
No podía decirle a Cláudia a lo que me dedicaba. Yo quería ser un buen hombre para ella. Por éso últimamente nos veíamos poco. Y tal vez por éso, porque Cláudia intuía lo que era, ella estaba cada vez más distante.
Así, un día, como hiciera hacía tiempo. Me lavé y perfumé lo mejor que pude. Corte una bolsa a la salida del templo. Grande y jugosa. Esperaría a Valaf, le daría todo a la Mano y vería la posibilidad de acabar con todo aquello. Entraría a trabajar a algún gremio de aprendiz. Aunque yo era ya demasiado mayor para éso, no solicitaría sueldo ni sustento alguno. Me bastaba con la posiblidad de mejorar y ser un hombre honrado.
Mi pesadilla tardó bastante en venir. O tal vez, ahora que lo esperaba con ánsia, cada momento se me antojaba una eternidad.
Cuando por fín acudió, me dirigí a él rápidamente. Todos se pusieron en guardía. Ahora con la distancia que me da el tiempo me avergüenza aún más.
Le entregué la bolsa y le solté a bocajarro "quiero dejarlo" ante su perplejidad aclaré "quiero que me dejeis. Quiero trabajar como un jornalero más. No quiero tener más tratos con vosotros" mis tripas hicieron ruido. Los nervios, junto con el hecho de comer poco, no era una buena combinación.
"¿tiene ésto algo que ver con la novia que te has echado?" mi rostro se transformó en disgusto. Iba a sacar la daga y rajarlo allí mismo. Podía. Estaba seguro. Aunque después sus dos compinches me matarían. Y ya no podría estar con Cláudia. Así que me refrené.
Valaf metió una mano en la bolsa y sacó un par de monedas. Eran de plata, pero bien podían haber sido de oro, pues no elegió ni rebuscó. Solo me las dió y me dijo "yo que tu iría ahora mismo a ésa panadería y preguntaría por ella". Cada vez que me acuerdo me avergüenza más y más. Qué ciego estaba.

Corrí hasta la panadería. Entre rápido como el viento. Nada más entrar me arrepentí, pues iba a causar una mala impresión. Pero tenía dos piezas de plata y todo un pervenir. Gracias a los dioses no encontré a la madre de Cláudia, si no a una tendera nueva.
"¿Y Cláudia?", la chica se asustó ante mi pregunta.
"La señorita está en casa de sus tíos. Preparándose para su boda. Hoy se casa con el hijo del carnicero. Serán una pareja bonita y con buenas ganancias"
Aquello me dejó helado. Debía haber estado muy ciego, si hasta Valaf sabía aquello. Y lo sabía sin duda alguna.
Otra vez la rabia, la tristeza, la desesperación se adueñaban de mí. Salí corriendo y corrí y corrí. Corrí por toda la ciudad, corrí durante tanto tiempo que ni sé cuánto corrí. Pero cuando me dí cuenta ya era de noche y estaba ante el Signo del Orco.
Ahí me dí cuenta. Yo era un ladrón, un rufian. Y cualquier cosa que hiciera para cambiarlo sería en valde. Entré sin pensar. Solo quería beber y jugar, y éso hice. Bebí y jugue.
Pero la noche no se me daba bien. Dos hijosdeperra me estaban sacando todo el dinero. Después, a malas penas me mantuve mientras uno de esos cabrones desplumaba al otro. Pensé que había llegado mi oportunidad. Gané unas cuantas manos. Pero no eran suficientes, me quedaban doce piezas de bronce. Solo quedabamos en la mesa ése malnacido y yo. Y aunque yo estaba algo borracho, me daba la impresión que me había dejado ganar las dos últimas manos. No me di cuenta de nada. Ni de que ya no teníamos público ni de quién era hasta que me habló.
"Creo que ya es suficiente ¿no?" Me decía con una estúpida sonrisa en la boca. Y entonces lo ví
"¡Lothar!"
"Callate la boca, o todos creerán que estabamos compinchados y nos matarán"
Ni mi mente ni mi boca estaban ya lúcidos del todo
"Maldito bastardo. ¿qué haces tu por aquí? Me has sacado mi dinero. Devuélvemlo"
"Te he visto unas cuantas noches por aquí. Pero no quise molestarte. Yo estaba igual que tu. Jugando mis partidas para poder malvivir" su aspecto dejaba mucho que desear, por éso no lo había reconocido. Aunque seguramente el mío no era mucho mejor en ése momento.
"¿Y qué. Te ha servido ése disfraz para que la Mano no te sangre como ha hecho conmigo?"
Lothar sonrió. Era paciente. Yo en su lugar, ya me habría partido la cara.
"No. Me han pedido su parte. Como imagino que habrán hecho contigo. Pero ahora mi suerte ha cambiado"
"¿Sí. En serio?"
"Si. Ayer vi a Turgoll"
"Enhorabuena. Hip"
"No desesperes. Creo que te anda buscando a tí también."
"Sí. Pues aquí estoy. Y ahora me voy a la barra a beberme mi dinero. Mañana......¿mañana?.....mañana no sé donde estaré. Adiós"
Y tras ésa impertinencia me fui a la barra a beber. Creo que todos estaban al tanto de mi situación y desdicha. Si no, no sé cómo Lothar aguantaría todo aquello. Creo que ahí empezó a granjearse mi amistad.
En la barra, y tras dos jarras de vino, se sentó a mi lado mi amigo Valaf. Pero a mi ya me daba igual morir que vivir, y no pensaba huir ni suplicar. Por éso creo que me atreví a hablarle como lo hice. Por éso y porque ya iba bastante borracho.
"Hombre!.¿Has venido a por tu parte? Porque he perdido. ¿Eso significa que la Mano también? jejeje. Así que dame vuestra parte de las pérdidas. Tengo mucho por beber. JEJEJE. HIP"
"Pobre imbécil. Vas a desaprovechar otra ocasión. Y te lo aseguro. No hay hembra que merezca tanto la pena. Te espero fuera"
"Pues espérame sentado" aunque ésto último no creo que lo oyera.
Continué bebiendo y bebiendo. Y lo siguiente que recuerdo es que me despertaban con un cubo de agua arrojado en la cara. Estaba sobre un monton de estiercol. La cara que tenía frente a mí era la de Valaf.
"Escuchame y escuchame bien, pues ésto es lo último que hago por tí. Abre los oidos y haz caso a lo que van a decirte. O no volverás a oir nunca nada más" Su voz y mirada asesina habían vuelto. Me asuste. Pero el siguiente rostro que ví fue el de Turgoll.
"Mañana por la noche aquí. Tengo un asunto para vosotros. Sé puntual. Y lávate un poco"

Y así es como un año después. He acabado donde parece el mismo punto de salida.
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MensajeTema: Re: Asuntos sucios    Dom Mar 16, 2014 12:09 pm

Estaba hecho un pincel. Sus ropas eran dignas de un verdadero noble. Olía a sándalo rebajado con Jazmín. Lothar había hecho un buen trabajo con el sastre y Halaf con el perfume. Angost se sintió en su verdadera piel, así es como tendría que ser siempre. A su lado iba Yauso. El oriental caminaba seguro de sí mismo, como siempre. Se internaron por el nuevo barrio del puerto, hacía un año se quemó y estuvo a punto de alcanzar al palacio. Su muro exterior era de piedra, de unos tres metros de alto, rematado en tablas de madera acabadas en punta. El muro era fácil de trepar. Entre piedra y piedra había buenos huecos que servirían de asidero. Con ojos rápidos, echaron un vistazo. Una pareja de orcos custodiaba la entrada. En las cuatro torres se distinguían a un guardia por cada una.
- Arto, ¿qué queréis? - El orco de la entrada les paró en seco. Su acento orco se mezclaba con los salivazos.
- Tengo un mensaje para Dratha. Un mensaje de la Mano.
El orco entrecerró los ojos amarillos. A estos orcos no les afectaba el sol. Cientos, por no decir algún milenio habían acostumbrado a este gremio a soportar el inclemente sol.
- Déjame ver.
- El mensaje es para Dratha.
- Enséñamelo o no pasarás de aquí, escoria humana.
Angost King le enseñó el mensaje enrollayado y lacrado con el emblema de la Mano. El orco ni lo tocó. Pero indicó a su compañero que lo cachease. Cuando le tocó el turno a Yauso Angost interrumpió al orco.
- Él no va a entrar, así que no hace falta que lo registres, ¿no crees?
Lo condujeron al interior, de fondo se veía el antiguo tempo de los varlar. Nada más entrar, a la izquierda estaba el patio de armas, seguramente los orcos entrenarían allí.
A la derecha se veía la cuadra, paja desperdicios asomaban en la puerta. Pero lo que la delató fueron los constantes relinchos. Los caballos estaban más que nerviosos. Angost se preguntó que amedrentaría tanto a los caballos. El caso es que el ruido reverberaba en el recinto, acallando muchos sonidos. Detrás de las cuadras había una casona grande de madera, custodiada por un guardia. Por su puesto, todos los orcos iban cubiertos de hierro de pies a cabeza, armados con una rara cimitarra, más parecida a una guadaña. Y una lanza. El pasillo de columnas lo llevaba directo al templo. Eso orcos tenían su particular estilo de dcoración. En cada una de las columnas había empalada una cabeza de troll, ahora solo calaveras de las viejas bestias. El templo redondo sostenía una cúpula, otrora blanca, ahora negra y sucia. En la puerta dos guardias, custodiando una puerta doble de roble negra con un falo pintado en blanco a todo lo alto y ancho de la puerta.
- ¿Quien y que quieren estos?
- Tienen un mensaje de la Mano para Dratha.
Volvieron a registrarlo con tanta delicadeza como antes. Abrieron las puertas y Angost penetró en el la espaciosa estancia. Era una obra de arte en si misma, la arquitectura claro. Conseguir tanto espacio libre de columnas confería al plació un entorno de poder. Ahora el nuevo estilo decorativo era claramente orco. Las capillas de los antiguos dioses habían sido profanadas. Las estatuas de las deidades habían sido decapitadas y en su lugar habían colocado las efigies de los antiguos señores del clan orco. El suelo estaba alfombrado por distintas pieles. Humanas, orcas, de animales extraños. Formaban una especie de moqueta como un pasillo hasta llegar al trono que presidía la estancia desde el fondo. Sentado en él un enorme Uruk hai, parecía salirse por todos los lados del trono. A su lado, de pie y con la mirada asesina, su hermano gemelo Garz. Pero mientras Dratha era enorme, Garz era muy pequeño, un poco más bajo que Angost.

- ¿Quién es este insecto?
- Trae un mensaje de la Mano, mi señor.
El orco le cogió el mensaje a Angost y se le entregó al aplasta cráneos. Dratah examinó el lacre y con cuidado abrió la carta. A Angost le pareció curioso ese detalle. El Uruk era famoso por aplastar con sus propias manos las cabezas de sus enemigos.
Reparó en sus colmillos. Eran como los de un jabalí, salvo por el que se le veía roto por la mitad. El uruk torció el gesto mientras leía la carta. Angost siguó con su escrutinio. A la izquierda de la gran sala, había una puerta que seguramente comunicaría con la torre que se adosaba al templo. Luego como el que no quiere la cosa percibió al lado del trono un poste y en él un halcón blanco, con una capucha negra. Sin duda sería su famosohalcón, Sombra Blanca, campeón por tercer año consecutivo del torneo de cetrería de la ciudad. Sus ojos inquietos se cruzaron con los de Garz. Tenía la nariz arrugada y con un gesto de disgusto. Las lagrimas estaban a punto de saltar de sus horribles ojos amarillos. En ese instante la mole se movió y Angost volvió a mirar al uruk hai. El jefe del clan oroco levantó la vista. Angost se sintió pequeño. El señor del Dratha le miró con odio y Angost sintió miedo, se forzó a mantener el tipo, a no mover un musculo, nada debía dejar translucir sus emociones. Solo esperó.
- Decidle a la Mano que ya cobra su más que buena parte de nuestras actividades. Y que los asuntos que yo tenga con ese rohir de mierda es cosa mía. Ni toda su cuadra vale lo que mi colmillo. Como va a reparar esto la Mano. Yo te lo diré insecto, no puede. Así como yo no puedo hacer nada si los suministros que llegan al puerto están infectados. La aduana está para evitar que productos en mal estado, sospechosos de infección no entren en la ciudad. ¿Qué culpa tengo yo que ese bastardo no compre alfalfa de calidad?
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MensajeTema: Re: Asuntos sucios    Lun Mar 17, 2014 9:35 am

-Mi Gran Señor, Dratha, el aplastacraneos,permitame que me presente: mi nombre es Slavight Therion III,hijo de Slavaron Asaret, de Aderian-Toda la noche ensayando el, algo, grandielocuente nombre habia sido bueno.Hizo una reverencia intentando que fuera de maximo respeto, incluso para un Rey-. Y tengo que decirle -Continuo- que en mi vida habia estado MAS DE ACUERDO CON ALGUIEN! -Dijo sinceramente Angost, pues mas le valia.- Pero esto no depende de mi.-Dijo tristemente- YA sabe usted como es La Mano. Yo tan solo soy el mensajero y le hago llegar esa carta. Le mentiria si le dijese que no sabia nada sobre el asunto. He sido debidamente informado, es por ello que La Mano me ha elegido a mi para traer el mensaje, como puede comprobar no soy la mitad de fuerte que uno de sus solas columnas que usa como poderosos brazos, ni soy la mitad de alto y grande que usted, he sido elegido por mi forma de ser conciliadora, para que todos salgan bienparados de este asunto. Yo no soy la amenaza-Quiso remarcar mucho esta ultima frase- Bien sabe, Mi Gran Señor, quien es la Gran Amenaza. Piense usted, que si me han elegido a mi no es para que sea yo el que le initimide, nada mas lejos de la realidad! ni armado con un arma legendaria podria hacerlo! Si me han elegido a mi es porque soy el mejor para hacerle entrar en razon ante LA VERDADERA AMENAZA. Ademas, permitame decirlo, que su aspecto con el colmillo roto aun es mas fiero! Personalmente lo habia visto concursar, MAGISTRALEMNTE, con su precioso halcon,SOMBRABLANCA, en el concurso de cetreria, y realmente usted,permitame decirlo con el MAYOR DE LOS RESPETOS... asi... acojonaba! pero verlo hoy asi...joder! me he cagado en los pantalones!
Para mi es sin duda uno de los habitantes de los que no podria prescindir nunca Tharbad, para La Mano, se de buena tinta que tambien, por lo que le digo humildemente que acepte la condicion de La Mano. Le advierto que no puedo irme sin una respuesta, Mi Gran Señor, Dratha el APLASTACRANEOS.- En ese momento, uno de los orcos que habian venido acompañando a Angost dijo al oido algo a Dratha; seguramente le informaba que afuera habian minimanete 2 hombres por la zona, por lo que si Angost no salia, posiblemente en un tiempo predeterminado, podrian dar parte a LA Mano, rapidamente.
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kang
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MensajeTema: Re: Asuntos sucios    Lun Mar 17, 2014 10:22 am

El orco se separó del trono y se fue a la puerta. Mientras el Aplasta cráneos rechinó los dientes y apretó el trono con sus manos hasta que de gris oscuro pasaron a un intimidante blanco. Los nudillos empezaron a crujir y la figura del uruk parecía crecer. Angost en ese momento le hubiese gustado desaparecer de súbito, pero no, estaba allí con ese monstruo a punto de perder los nervios.

- Hermano, piénsalo bien, nos trae cuenta estar a bien con la Mano. – Su voz era apenas audible, pero Angost le tenía el timbre pillado al gemelo de Dratha, Garz parecía sensato.
- ¡Maldita sea, No!- El rugido magnificado por la acústica fue terrorífico.- Ese bastardo hijo de una perra va a sufrir. Esta vez la Mano tiene que hacerse a un lado. O eso o habrá guerra otra vez.
- Hermano, piensa bien…- Otra vez un susurro en la nada que se coló en el oído de Angost.
- Maldita sea, he dicho ¡NO! – el techo pareció derrumbarse. – Me da igual, la última vez fui magnánimo y di mi brazo a torcer, por el bien de todos. Pero esta vez es personal.
- Hermano, estamos en el filo de la navaja. La guerra orca está siendo muy cruenta. El imperio haradaico está a punto de caer de rodillas ante la ofensiva orca. Cuando la antigua Minas Tirih caiga los siguientes serán Rohan y Nueva Gondor, hemos de estar a bien con la Mano si no queremos perder su apoyo contra las potencias extranjeras.- Garz miraba de reojo al mensajero, creía que no podría oírle.
- La mano sabe que tenernos dentro es peligroso, pero si la ofensiva llega a las puertas de Tharbad le seremos más que útiles.- Dratha no sabía o no quería hablar bajo.
- Pero para eso queda mucho, piénsalo, la Mano puede….
- ¡He dicho NO!- Se giró hacia Angost- YA PUEDES LLEVARLE EL MENSAJE A LA MANO. Y LARGATE ANTES DE QUE TE REDUZCA A PULPA INSECTO.

Le hizo una reverencia y se giró. De pronto antes de echar un solo paso, un rayo de sol se coló entre las nubes y pasó a través del gran ojo que había en el centro de la cúpula. Aquella enormidad tenía un agujero en el centro. Sin poder evitarlo el joven miró hacia arriba. Habría una veintena de metros desde el agujero hasta el suelo.
Garz hizo un gesto para que lo acompañaran fuera.
No pudo evitar echar un vistazo a todo el alrededor. Una boca de alcantarilla hecha de barrotes de hierro estaba medio enterrada por la paja del establo. Parecía tener un candado, pero el empujón del orco le obligó a apartar la vista.

Una vez fuera se encaminó con Yauso lejos de allí.
- ¿Qué tal?
- Estoy vivo, para empezar no está mal.
Repasando en su mente, Angost fue desfilando por todo lo que le pareció importante.
Una, Garz odiaba el perfume que se había echado, en cuanto le olfateó sus mucosas se revelaron. Estaba a punto de llorar para limpiarse por dentro de la sustancia que había olido. Otra, era ese enorme agujero en eel techo de la cúpula, tenía juego. Otra la alcantarilla. Estaba entre el templo y el establo. otra el establo no dejaba de piafar. Los caballos estaba todo el tiempo armando jaleo. No había muchos guardias dos en la puerta, uno en cada torre y dos paseando por la empalizada de tres lados. otro dato, La argamasa de las piedras o había desaparecido o dejaba asideros asequibles. Y otro dato era que las noticias sobre la guerra eran peores de lo que pensaba. Pero eso no le interesaba mucho, la guerra estaba lejos y Tharbad era una ciudad estado independiente que no se mojaría en la guerra que sacudía el sur.
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Haral
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MensajeTema: Re: Asuntos sucios    Mar Mar 18, 2014 12:27 am

Lothar se acercaría por detrás sin ser visto. Echaría un vistazo y comprobaría posibles salidas, ventanas, rejas, etc.
Tyrok y yo nos situamos enfrente de la puerta principal. No nos escondíamos. Ese era el plan. De hecho hicimos un gesto bastante visible entre nosotros, cuando Angost y Yauso entraron. Los guardías no lo pasaron por alto. Pero ellos ya sabían que esos dos eran emisarios de la Mano, así que darían por supuesto que nosotros dos también trabajabamos para la Mano.
Tyrok se quedó en la parte principal. Comprobando los muros, ventanas, guardias de la puerta, etc.
Yo me alejé hacia un lado. Esta vez si hice por no ser visto. Tenía que comprobar los laterales de la construcción. Sus muros parecían de fácil trepada. Pero quería ver si existían puertas o ventadas, además de las torres.
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kang
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MensajeTema: Re: Asuntos sucios    Mar Mar 18, 2014 7:47 am

Halaf empezó a rodear el palacio orco. Como si nada se mezcló con los transeúntes que deambulaban por el puerto de los pescadores. La única puerta no daba al rio, sino al enjambre de casa que habían nacido sin orden ni concierto después del incendio. El muro de casi tres metros de alto era de piedra fácil de trepar. Estaba rematado en estacas de madera, no eran problema. Dobló la esquina, el muro terminaba en el primer piso de la torre orca justo a la mitad del conjunto. Desde esa posición comprobó que las únicas ventanas eran las del tercer piso de la torre, a una veintena larga de metros del suelo. Se fue acercando, a primera vista la torre ofrecía un punto ciego en su punto mas prominente. Si se subía en esa vertical, posiblemente los guardias de las dos torres, así como los que patrullaban el muro no podrían ver al escalador. La torre ofrecía múltiples asideros para el escalador que tuviese los arrestos para trepar por allí. Continuó con el trasiego. Esa calle daba al muelle y no separaba el palacio orco del rio unos escasos quince metros. De día esa calle era un hervidero, pescadores, marineros, estibadores y demás personas relacionadas con la compraventa de pescado y vete tú a saber.
Halaf continuó andando y echando miradas al recinto. De pronto encontró a Lothar hablando con un viejo piloto. Su punto de amarre estaba justo delante la torre, con lo que el tahúr tenía una vista inmejorable de palacio. Halaf pasó de largo. De pronto la torre dejó de tapar la gran cúpula del antiguo templo. Los orcos habían aprovechado la antigua estructura para que el muro que envolvía el recinto naciera de los dos extremos de la primera planta del antiguo edificio. Esto dejaba otro punto muerto para colarse en el recinto. Llegó al final de la calle y volvió a doblar la esquina. Se topó de frente con una patrulla orca. Les dejó paso. Estaban cubiertos de hierro de pies a cabeza y armados con lanza y cimitarra. Los orcos doblaron la esquina y desaparecieron de la vista del rohir. Esperó un momento y luego se asomó para ver que hacían. Se internaron en el puerto y Halaf dejó de verlos. Continuó por ese lado del muro. El establo no estaba lejos, los caballos no paraban de piafar, su instinto le dijo que aquellos caballos estaban algo más que nerviosos. Volvió a doblar la esquina y llegó con Tyrok.
- Ahuequemos el ala a un lugar que se nos vea menos.
Se retiraron a un callejón y se limitaron a observar escondidos en la sombra.

La reunión con Turgoll, era esa misma noche en el almacén abandonado cerca del puerto comercial. Solo esperaba que Dratha hubiese sido cabal y no tuviesen que ejecutar esa misteriosa segunda parte, pero en su interior sabía que no sería así, que no tendrían tanta suerte
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kang
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MensajeTema: Re: Asuntos sucios    Mar Mar 18, 2014 9:48 am

El almacén abandonado era un lugar muy bueno para estas citas. Desde la puerta se dominaba toda la calle. Por si acaso tenía una ventana al rio, por si había que escapar rápido y no tenía casas aledañas.
Estaban todos. Todos callados, como ratas en la noche a la espera…
Una figura se recortó en la noche, sus pasos no se oían. El hurón había llegado.
- Quédate en la puerta y sigue vigilando.  
Lothar continúo en su sitio, con un ojo puesto en la calle y el oído en la sala.
- Ya sé que es lo que ha contestado Dratha.
Lo soltó a modo de saludo. Se quedó quieto entre Lothar y el resto del grupo, cerciorándose de que estábamos solos.
- Os he visto crecer, os he ayudado cuando no tenía por qué. Os he ido puliendo, enseñándoos el oficio. Hace un año casi entramos en la Mano. Ahora os mando a la muerte o… al triunfo. – Mascó las palabras.  
Lo que la Mano nos pide está a la altura de lo que puede hacer ella misma puede hacer.
- Suéltalo ya, déjate de rodeos. – Tyrok no era de vueltas.
- - Está bien; Quiere que robéis a Sombra Blanca.
Se hizo el silencio. Ese era el tesoro del Aplasta Cráneos. El Uruk Hai se iba a mosquear de lo lindo.
- Bueno, no exactamente.
- ¿A qué te refieres?
- Quiere que le deis el cambiazo. Cuando deis el golpe le cambiareis a Sombra Blanca por otro halcón que yo os entregaré. Le aplastáis la cabeza y le dejáis el cadáver en lugar del original. ¿Lo pilláis?

Out roll .
Ahora es el momento de preguntar, trazar planes y demás. Turgoll de momento os escuchara y puede que incluso os ayudará.
Podéis hacer post flasbac, por si alguno quiere hacer algo antes de la reunión.
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MensajeTema: Re: Asuntos sucios    Mar Mar 18, 2014 3:01 pm

"No hace falta ser un experto cetrero para saber que no hay dos pájaros iguales. Se dará cuenta del cambiazo. Y lo que es peor. Para que no se dé cuenta del cambiazo, habría que destrozar el ave; lo que desencadenará su ira. Si por un colmillo esta haciendo lo que está haciendo. Imagínate lo que hará al perder su halcón."
Turgoll me miraba como si le estuviera diciendo que estábamos sentados en un viejo almacén. Como si le dijera cosas obvias.
"La cuestión es, ¿seguro que queréis eso? El Uruk no es idiota. Y si lo es, su hermano piensa por él. Sabrá que es cosa de la Mano. Vamos a hacer algo que lo que ocasionará será crear un poderoso enemigo para la Mano. Si no habéis previsto lo que pueda pasar, mejor será que lo hagáis."
Turgoll me miró y soltó "¿eso es una negativa?"
"No. No que va. Puedes contar conmigo. Pero no sé qué hay detrás de todo esto. Y parece una afrenta personal que se os puede ir de la "mano", jeje. Si estáis seguro de todo esto, se un par de sitios por donde franquear el muro"
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